martes, marzo 29, 2011




¡Con Memoria y Alegría, Adelante por la Vida!



por Manuel Guerrero Antequera


Lo que ahora escribo lo hago con mucho dolor.

En este preciso momento, que en Santiago son pasadas las 08:00 de la mañana, llegaba el 29 de marzo de 1985 al colegio, como todos los días, y vi a mi a papá recibiendo a los niños, pues era profesor. Conversaba con José Manuel Parada, sociólogo de la Vicaría de Solidaridad, antiguo camarada de la época de la Jota, y apoderado del colegio. Llegué y nos saludamos de beso. Me llevó un momento a un lado y me contó que el día anterior habían secuestrado a un grupo de profesores de su asociación gremial, la AGECH, de la cual era dirigente, y que los aprehensores habían preguntado por él.

Me quedé atónito mirándolo. Tenía catorce años pero eso ya era edad suficiente como para tener la lógica mínima de que si te buscan, y estábamos en pleno estado de sitio, escóndete, ándate del país, qué haces aquí a las puertas de este colegio, a plena luz del día, te van tomar!!!! Se lo planteé, y él, muy pausado y mirándome con una ternura infinita a los ojos, me tomó de las manos y me dijo que no, que éste era su trabajo, éste era su país, que él ya se había ido una vez y que no lo volvería a hacer, que su lugar era junto al pueblo y su lucha para terminar con la dictadura. Buscando argumentos nuevos, que pudieran hacerlo cambiar de opinión, le pregunté si el Partido le había autorizado para irse del país, que en tal caso les hiciera caso. Paciente, se sonrió, y me dijo que pasara lo que pasara jamás culpara al Partido. Que tranquilo, ya veremos cómo salimos de ésta.

Lo último que me preguntó es acerca de la Gigi, que es mi abuela materna, una mujer muy sencilla que perdió cuando muy pequeñita a sus padres en el terremoto de Chillán en la primera mitad del siglo XX, y que llegó como empleada a Santiago. Ella siempre había acogido a mi padre, a pesar que no tenía formación política alguna, y estuvo con nosotros en todas las búsquedas en 1976 por los campos de concentración cuando secuestraron por primera vez a mi padre. Incluso estuvo detenida con nosotros en el Fuerte Silva Palma, en la segunda desaparición de papá ese mismo año. Ahora, en aquel viernes 29 de marzo de 1985, mi papá me contó que la Gigi, días después del Golpe, cuando papá andaba absolutamente clandestino, sucio y hambriento, escondido tratando de reorganizar a la Jota, lo recibió en su casa, corriendo un riesgo altísimo. Le había preparado un baño y comida. Pocas veces se sintió tan acogido por casi una desconocida, por alguien que se entregaba a él por puro amor, por ser el padre de su nieto y esposo de su hija. Mi padre me contó que la tenía siempre presente, y que lamentaba no haber tenido la oportunidad de agradecérselo.

Le di un beso y me fui a clases.

Mi sala daba las espaldas a la calle. A las 8:50, a minutos de lo que ahora escribo, oímos un helicóptero descender casi al techo del colegio. Nos miramos todos extrañados. Luego un freno de un auto, griterío de voces masculinas que denotaban forcejeo, un balazo y silencio.

Tomé el brazo del compañero de banco y le dije: "mi papá". Él me miró sorprendido, pero preocupado a la vez. Fui muy categórico. Inmediatamente entró Carmen Leiva a la sala, que era miembro del Centro de Alumnos, con los ojos en lágrima y tirándose los dedos de las manos. Le pidió permiso al profesor que impartía la clase para hablar con el estudiante Manuel Guerrero Antequera. Yo me paré en medio de sala de inmediato y le dije: "Se llevaron a mi papá". Asintió con la cabeza y se puso llorar e intentó darme detalles de lo sucedido.

Salí de la sala y me fui directo al baño. Me miré rápido al espejo y me tomé unos remedios que tenía para la taquicardia de la que padecía hacía un año. Me hablé a mi mismo preguntándome qué haría papá en una situación como ésta. Salí corriendo a inspectoría, pedí el teléfono y llamé a Sergio Campos, amigo de mi padre, que era locutor de Radio Cooperativa, muy escuchado en Chile. Me puso al aire y denuncié que sujetos desconocidos, probablemente de la CNI, habían secuestrado a mi padre junto a José Manuel Parada, y que temía por sus vidas. Llamé a que la ciudadanía se movilizara de inmediato para exigir a las autoridades su búsqueda y liberación.

Salí de inspectoría y fui a la calle a ver qué es lo que había sucedido exactamente. Había una confusión enorme en el colegio. Cuando se los llevaron había un curso completo que en ese momento estaba en clases de educación física y se econtraba trotando alrededor de la manzana en la calle El Vergel con Av. Los Leones. Muchos de ellos vieron el plagio. Ahí me enteré que el tránsito había sido interrumpido, minutos antes del rapto, por Carabineros de tránsito, motorizados y a pie, y que se reanudó apenas se habían llevado a mi padre con José Manuel. Que el helicóptero también era de Carabineros de Chile. Que al tío Leo lo habían baleado y que un profe se lo había llevado de urgencia a una clínica. Que Marcela, una compañera de segundo medio del colegio, intentó quitarles a los secuestradores a mi padre, que alcanzó a tomarle la mano, pero los otros era más fuertes. Que el Pelluco, uno de los dueños del colegio fue encañonado y amenazado, por lo que él pálido, probablemente para proteger a los niños o por temor a lo que ocurría, cerró la reja del colegio, dejando a mi padre y Jose Manuel peleando solos con los secuestradores en la calle, y que ahí llegó corriendo el Leo, que casi recupera a mi padre que no paraba de gritar, son de la CNI!, ayuda!, nos quieren secuestrar!

Me paré en la calle y me bajó la sensación que todo esto ya lo había vivido. Me preocupé absurdamente por mi seguridad, así es que compañeros me cambiaron parte de la ropa, me puse lentes oscuros, un jockey de gorra, y le pedí a Cristóbal, un compañero y amigo de la Jota del colegio, que me sacara de ahí, que yo tenía un papel que cumplir, que no me podía pasar nada.

Cuando nos fuimos a casa de Cristóbal había llegado la Policía de Investigaciones de Chile junto a Carabineros para preguntar qué había pasado... Me irritó el cinismo de nuestras instituciones de Orden y Seguridad y traté de pensar a qué lugar se llevaban a papá en ese momento.

En casa de Cristóbal conversamos qué podíamos hacer. Era todo confuso, me faltaban elementos, papá de seguro sabía lo que estaba ocurriendo, en qué debía fijarme y acordarme para entender con qué y quiénes estábamos tratando... Yo mismo no tenía clara cuál era la función de papá en el Partido, conocía su labor de dirigente público, pero debía haber algo más, pues sino porqué había tanto recurso del Estado comprometido para tomarlo en forma abierta, a la vista de niños y profesores en un colegio.

Desde que papá había llegado de regreso a Chile de su exilio, el 22 de noviembre de 1982, de forma inmediata lo retuvieron en el aeropuerto. Al entregar sus documentos en el mesón de Policía Internacional, el funcionario al leer la tarjeta de embarque, dijo en voz alta "es él", y acto seguido se lo llevaron a una sala esperando una llamada del "jefe". Mi padre muy preocupado consultó qué es lo que sucedía y en virtud de qué lo tenían retenido. No hubo respuesta. Después que le revisaron toda la documentación y lo que traía, lo dejaron ir. Un automóvil lo siguió hasta la casa familiar de Maipú, cosa que él de inmediato -¡en su primer día de regreso al país, después de años de distancia!- denunció llamando a las radios. Así de valiente era mi viejo, y así de presente lo tenían los organismos represivos de la dictadura.

En diciembre de 1982 retornamos nosotros, junto a mamá y mi hermana América a Santiago, desde Barcelona. Nos reencontramos con papá quien ya estaba participando en la organización de la primera marcha del hambre que se realizó, convocada por el movimiento sindical. El año 83 fue mágico, pues las protestas nacionales eran masivas, se respiraba mucha esperanza, con actos multitudinarios. Papá se abocó a organizar a los profesores cesantes y a la creación del Movimiento Democrático Popular, MDP, que agrupaba a las fuerzas políticas de izquierda que luchaban por el retorno de la democracia, pero con contenido social. Lo acompañé a muchas manifestaciones y concentraciones. Su energía de trabajo era infinita, y siempre tenía la "película muy clara", me comentaba la gente con quien interactuaba. Su apuesta eran las políticas de alianzas, la unidad de la oposición, el derrotar a la dictadura, pero en el marco de una transformación simultánea de la economía, de modo que ésta favorieciera a las grandes mayorías, fundamentalmente al mundo trabajador y poblacional que en aquellos años sufrían una situación de cesantía y hambruna real.

Llegó el año 1984, y papá trabajaba junto al Pato Madera, muralista destacado de la época de las Brigadas Ramona Parra, en el Taller Amistad que tenían en la calle San Pablo. Todo muy sencillo, pero lleno de jóvenes y viejos que hacían lienzos, pintaban cuadros, experimentaban formatos distintos de cassettes y revistas, todo con mensajes llamando a la organización y lucha contra la dictadura.

Asumió Sergio Onofre Jarpa de Ministro del Interior y de inmediato la CNI fue a casa a buscar a papá para detenerlo. Como él no vivía con nosotros no lo pudieron ubicar, pero dejaron una copia de la orden detención y expulsión del país de papá, junto a Mario Insunza Becker, firmada por el Ministro del Interior, con la leyenda "por orden del Presidente de la República", es decir, Augusto Pinochet. Aún conservo ese documento, que da testimonio del lugar desde donde venían las órdenes para vigilar, detener y matar.

Papá tuvo que volver a la clandestinidad. Allanaron la casa de la familia Guerrero en Maipú; secuestraron al hermano menor de papá, mi tío Francisco; detuvieron a una hermana de papá, mi tía Esperanza; detuvieron y torturaron al profesor Tolosa de la AGECH preguntando por papá, en fin, la represión era muy fuerte e intensa para dar con su paradero. Mi padre comenzó un exasperante peregrinar de casa en casa.

En aquellos días yo había cumplido los 14 años. Vivía el inicio de mi adolescencia. Rebelde me pelié con mamá y la amenacé con irme a vivir con papá. Ubiqué a mi padre y la comuniqué mi decisión. Él estaba radiante de felicidad, siempre había soñado con volver a compartir conmigo los momentos en que me dormía y despertaba. Quedamos de acuerdo, yo tomé mis textos escolares, un poco de ropa, mi guitarra, y me fui a Maipú a encontrarme con él a tomar once e iniciar nuestra vida juntos. Llegué puntual, pero dieron las siete, las ocho y las once de la noche y papá no llegaba. Ya cuando me estaba durmiendo apareció, con los ojos llorosos. Me dió un gran abrazo y me dijo, con el dolor de su alma, que lamentablemente no podía irme con él, que habían sacado una nueva orden de detención de parte del Ministerio del Interior y ahora tendría que salir de Santiago. No lo podía creer. Me había costado mucho tomar la decisión. Ahora tendría que volver con mi orgullo en el suelo a casa, a mi pieza de niño, cuando estaba a punto de cumplir uno de mis sueños. Pero sus ojos no mentían, estaba verdaderamente preocupado.

De ahí no lo volví a ver durante meses. Llegó el año nuevo con el que comenzaría 1985. Con mi hermana América fuimos a la casa de mis abuelos en Maipú y celebramos contentos, pero con la ausencia de mi padre que en algún lugar, en alguna casa estaría comiendo con una familia ajena. De pronto, noté que mi abuelo se puso muy nervioso y me hablaba como enojado. Había algo raro en el ambiente. Súbitamente entró al patio de la casa el auto de mi tío Francisco, pero en reversa. Estacionó frente a la puerta de la casa, lo que no era usual. Se bajó mi tío y abrió expectante la maletera. Corriendo fuimos con mi hermana y primos a ver qué sucedía. En su interior habían frazadas, que de a poco tomaron vida y comenzaron a moverse, y de pronto, de entre ellas, se asomó el rostro de papá con su risa gigante y luminosa, mirándonos victorioso. Había burlado el seguimiento y, arriesgando su vida, se sumó a la familia para compartir unos momentos junto a nosotros.

Pasé toda la tarde pegado a él, como un pequeño animalito incondicional. Comimos, lavamos los platos juntos, guitarreamos un rato -ambos somos desabridos pero gozamos cantando-, y luego llegó el momento de la despedida. Yo me abracé de mi hermana mientras observábamos como se volvía a introducir a la maletera y se perdía bajo las frazadas. ¿Lo volveríamos a ver?

A principios del año 85 el Ministerio del Interior informó a la familia que a papá le habían levantado la orden de detención y expulsión del país. Apenas lo supo, él aprovechó de inmediato la ocasión para volver a encontrarse con los profesores y juntos pasamos los efectos del terremoto de inicios de marzo de aquel año. Papá criticaba el que los propios profesores cesantes tuvieran que juntar limosnas para repartírsela a los colegas que habían quedado sin hogar producto del sismo. "Le estamos quitando a los que no tienen, y le estamos dando miseria a los que se merecen mucho más. Tenemos que exigirle a las autoridades estatales que asuman ayudar a todos los damnificados. Esto no es una cuestión de caridad, es un problema político desde el cual debemos organizarnos para protestar y buscar unidad de propósitos con amplios sectores", decía.

En eso estaba cuando el secuestro del 29 de marzo de 1985. Sin embargo esto no podía constituir motivo suficiente para que una institución del Estado secuestrara a tanta gente consultando por papá y luego se lo llevaran de las puertas de un colegio. Ese era mi intución en aquel minuto a pocas horas de ocurrido el secuestro en mi colegio. En casa de Cristóbal, trataba y trataba de dar en mis recuerdos con alguna pista para saber por dónde había que buscarlo para hallarlo vivo y salvarlo de una muerte segura, pero no supe desenrredar la madeja. Me faltó edad, experiencia, y claro, papá realizaba una actividad con mucho sigilo que solo con el tiempo pude ir reconfigurando. Ahí estaba la verdadera clave de su secuestro y posterior degollamiento. Su caso fue utilizado para atormentar a toda la sociedad, de ello no cabe ninguna duda. Pero no era solo eso, había un odio particular hacia él, desde el mismo año 1976 cuando sobrevivió la detención y desaparición, torturas y prisión política...

A fines de 1984, la peridiodista Mónica González de la revista Cauce, de oposición al régimen, había sido contactada por Andrés Valenzuela, alias "El Papudo", ex agente del Comando Conjunto -organismo que coordinaba distintas ramas de las Fuerzas Armadas con el propósito de reprimir-, quien se encontraba sometido a profundos remordimientos por sus acciones pasadas y valientemente dio el paso a contar su verdad, a riesgo de que se supiera y fuera ultimado por sus propios ex colegas. Mónica González se juntó con él y no podía dar crédito a todo lo que este hombre le relataba: detalles de las detenciones, torturas, ejecuciones y lugares donde habrían dejado los restos de muchos detenidos desaparecidos durante el año 1976, el mismo año en que el Comando Conjunto había tenido detenido desaparecido a mi padre. La periodista dándose cuenta de que se trataba de información extremadamente delicada, antes de su publicación decidió validar la misma, para lo cual contactó a José Manuel Parada, que a la sazón era el encargado de Documentación y Archivos de la Vicaría de la Solidaridad. En Chile habían muy pocas personas que como él manejaban casi toda la información acerca de los aparatos represivos, pues le llegaban a diario los testimonios de los luchadores sociales y sus familiares que habían sido apresados.

José Manuel, al conocer el carácter de la información y antes de entrar en su detalle, le sugirió a la periodista que había una persona, la única persona en realidad, que contaba con toda su confianza y que podía triangular la información con su propia experiencia de detención en manos del Comando Conjunto y lo que indicaba Valenzuela: mi padre. Con la venia de Mónica González, los tres se pusieron a analizar las largas horas de grabación del testimonio y mi padre con José Manuel no podían creer a lo que estaban accediendo: la estructura completa del Comando Conjunto, sus acciones, las fechas de detención de los militantes comunistas detenidos desaparecidos, los sitios en que fueron ultimados, los nombres y alias de los agentes de las distintas ramas de las fuerzas armadas y de civiles que participaban en el Comando. Mi padre, absolutamente impresionado, iba confirmando una a una las informaciones. Estaban frente a una información valiosísima que permitía aclarar muchos casos de violaciones a los derechos humanos y dar con el paradero de los detenidos desaparecidos. Pero al mismo tiempo se dieron cuenta que sus vidas, como la del ex agente, corrían un enorme peligro, pues los agentes seguían activos y harían todo para que tal información no se hiciese pública. Por ello decidieron que la información se publicaría cuando Andrés Valenzuela estuviera a salvo fuera del país y cuando ellos mismos hubieran alcanzado a tomar las medidas de seguridad que evitaran su inminente captura. La decisión era presentar toda la información en un medio de circulación masiva en el extranjero, tipo Washington Post, y una vez fuera conocida, entregarla con detalles a los Tribunales de Justicia chilenos para que investigara los hechos.

Leyendo y releyendo el testimonio del agente Papudo, mi padre se pudo enterar de los detalles de su propia detención en 1976 cuando tenía 27 años de edad, pues Andrés Valenzuela había participado en tal episodio. Ahora comparto con ustedes parte de la información que probablemente llevó mi padre a la muerte, por el terror y cobardía de los agentes a enfrentar la verdad y su responsabilidad en los hechos, que aún siguen impunes:

"El operativo fue en el sector de Departamental. Recuerdo que la 'Pochi", la agente de la FACH Viviana Ugarte Sandoval, estaba en el lugar con un equipo de radio para avisar su salida. Cuando salió, fue tomado por el "Chico" y "Alex", agentes de la Marina, y a consecuencia de un pequeño forcejeo, a "Chico" se le disparó el arma, hiriendo a Guerrero en un costado. Fue conducido de inmediato a "La Firma" estando herido. Allá, el "Lolo", el "Fifo" Palma, "Jano" y "Wally", lo interrogaron y torturaron poniéndole electricidad directamente en la herida.

A consecuencias de los golpes y electricidad, Guerrero perdió el conocimiento por unos instantes por lo que se llamó al doctor Alejandro Forero "hijo", hoy cardiólogo en el Hospital de la FACH. El doctor señaló que la herida era grave y que el detenido debía ser trasladado al hospital.

Alrededor de una hora después que se fue el doctor Forero de "La Firma", se recibió el llamado telefónico de un general, no estoy seguro que fuera de la FACH, y ordenó el traslado de Guerrero al Hospital de Carabineros. Nos causó sorpresa que el general ya estuviera enterado que teníamos a Guerrero. En el hospital estuvo siempre esposado, lo que recuerdo bien ya que varias noches me tocó hacerle guardia."

Con esta información, ahora quedaba claro porqué el Comando Conjunto había resuelto "entregar" a mi padre a la DINA durante su detención y desaparición en 1976: Mi madre en aquellos meses hizo todo lo humanamente posible para dar con el paradero de mi padre, concurriendo personalmente -embarazada de mi hermana América- a las oficinas del presidente de la Corte Supre ma. Él para calmarla hizo un ejercicio retórico: "Señora, en Chile no hay detenidos desaparecidos. Voy a llamar delante de usted al General Contreras, para que se de cuenta que no hay nadie del nombre de su marido detenido en algún recinto de las Fuerzas Armadas y de Orden". Y lo hizo. Y sin saberlo o quererlo, esta llamada al despacho del coronel Manuel Contreras, que dirigía la DINA, le salvó en ese momento la vida a mi padre, pues cuando Contreras se enteró que uno de los principales dirigentes de las Juventudes Comunistas, a quien sus hombres buscaban intensamente, se encontraba en poder del Comando Conjunto, o el "Grupo de los 20" como se hacía llamar, enfureció, porque no estaba informado. Movió todos sus contactos y exigió que el director de la Dirección de Inteligencia de la Fuerza Aérea, general Enrique Ruiz Bunguer, y el director de la Dirección de Inteligencia de Carabineros, general Rubén Romero Gormaz, le entregaran a mi padre.

La presión del coronel Manuel Contreras se hizo insoportable y la Dirección de Inteligencia de Carabineros (DICAR) debió asumir su detención. El 18 de junio de 1976, estando mi padre ilegalmente detenido y baleado -sin que nadie de nosotros supiera su paradero- en el Hospital de Carabineros, el ge neral Romero debió entregarlo a la DINA a pesar de que la bala seguía enterrada en su axila. Un oficio firmado por el general Rubén Romero Gormaz, y dirigido al director de la DINA, acompañó a mi padre en su ingreso al campo de concentración de Cuatro Alamos, que estaba bajo control de la DINA: "Remito antecedente del dirigente de las Juventudes Comunistas Manuel Guerrero Ceballos, quien fue detenido por personal de Inteligencia y que se encuentra a disposición de la DINA, en el Hospital de Carabineros."

Siete días permaneció incomunicado mi padre en Cuatro Alamos. La bala la tenía aún clavada en el costado. En esos siete días se decidió su destino, pues el viernes 25 de junio de 1976, el día de su cumpleaños y a la misma hora en que la Corte de Apelaciones de Santiago rechazó el recurso de amparo en favor de él, mi padre fue obligado a levantarse de su camastro en la celda de incomunicación en que fue arrojado. No sabía adonde lo llevarían. Esa misma mañana fue trasladado al campamento del lado, el del tránsito a la libertad, Tres Alamos. Los organismos represivos, por esta lucha entre ellos, habían decidido que viviera, pero no contaban con que mi padre denunciaría por todo el mundo lo que le habían hecho y que había reconocido a uno de los agentes, el traidor Miguel Estay Reino, el "Fanta".

La información que entregó Valenzuela en su testimonio a Mónica González era una bomba, y en rigor, sigue siendo una bomba. Pues en ella se establece, entre otros aspectos, que Viviana Ugarte Sandoval, alias "La Pochi", había participado como agente del Comando Conjunto en la detención ilegal de mi padre. Presumiblemente ella es la mujer que relata en un escrito que dejó papá con el nombre "La sesión macabra continua", donde describe las torturas que le aplicaron, y que en medio de ellas había una mujer que lo acariciaba mientras le aplicaban electricidad.

Sí. Viviana Lucinda Ugarte Sandoval es la esposa del general de la FACH Patricio Campos, quien es la persona nombrada por las Fuerzas Armadas que participó en la Mesa de Diálogo que tenía por objeto recabar información acerca del paradero de los detenidos desaparecidos en Chile... Curiosamente, precisamente la información que correspondía a las víctimas del Comando Conjunto fua alterada, de acuerdo a las declaraciones de Otto Trujillo, "Colmillo Blanco", otro agente del Comando Conjunto que contó su versión de la verdad al diario La Nación.

Por desgracia, y por razones que aún me cuesta comprender, la entrevista a Andrés Valenzuela fue publicada sin autorización de mi padre y José Manuel en el extranjero, antes que ellos pudieran ponerse a salvo. Los agentes del Comando Conjunto, ahora agrupados en un departamento de la Dirección de Comunicaciones de Carabineros (DICOMCAR), con domicilio en calle Dieciocho, en el mismo local de la "Firma" en que tuvieron torturado a mi padre en 1976, apenas se enteraron del testimonio de Valenzuela se pusieron en alerta y decidieron cortar literalmente el problema por la raíz: eliminar a José Manuel y mi padre, para impedir que la verdad circulara por el mundo. Por ello allanaron y secuestraron la imprenta de la Asociación Gremial de Educadores de Chile (AGECH) el 28 de marzo de 1985. Buscaron frenéticos ese lugar pensando que ahí se encontraban los stenciles de publicación del testimonio de Valenzuela sobre el Comando Conjunto. La imprenta estaba a nombre del artista gráfico Santiago Nattino. Esa misma noche lo secuestraron y lo llevaron a calle Diecicho, al local de la DICOMCAR, ex La Firma del Comando Conjunto. Lo esposaron a un parrón y comenzaron su tortura. Una vez que secuestraron, al día siguiente, el 29 de marzo, como hoy, a mi padre y José Manuel, los torturaron a los tres, quemándoles cigarrillos en el cuerpo, sacándoles las uñas, aplicándoles electricidad y quebrándoles los huesos de la frente a culatazos.

Al día siguiente, el 30 de marzo de 1985, dirigidos por el Fanta, con un cuchillo atacameño que le había regalado Moren Brito, los degollaron bajo Estado de Sitio camino a Quilicura y dejaron que sus cuerpos se desangraran. Hoy tres sillas vacías recuerdan a don Santiago y a los Manueles en el lugar en que les dieron muerte.

No quisieron que se supiera la verdad, como ha sido la tónica del silencio de las Fuerzas Armadas y de Orden para no dar con el paradero de los detenidos desaparecidos. Fundamentalmente por cobardía a no enfrentar sus propios actos, sus propias decisiones. Siguen estando en deuda con nosotros, con los hijos, con la sociedad chilena. La mayoría de aquellos agentes y de quienes les dirigían no han sido juzgados, y los médicos que torturaron, los civiles que actuaron, los oficiales que participaron en tan horrendos crímenes, siguen en sus lugares de trabajo como si nada pasara.

Pero sí pasa y no deja de pasar. Tal como mi padre y José Manuel arriesgaron y dieron sus vidas por la verdad y la justicia, nuevas generaciones surgen y dan con creatividad las luchas del presente, vinculados con aquella memoria del crimen, pero también de los compromisos, las militancias por una vida digna.

Por eso hoy los recordaremos en nuestra velatón cultural. Cada uno/a tomará de la mano a don Santiago y a los Manueles, y con ellos a cada uno/a de los/as luchadores/as sociales de nuestro país, de su mundo trabajador, artístico, profesional, intelectual. Somos muchos/as. Honraremos sus vidas y no dejaremos de denunciar y exigir justicia a sus asesinos y al Terrorismo de Estado. Hacemos el esfuerzo diario de seguir enamorados de la vida, como una conquista que no nos pueden ni queremos que nos quiten. Por eso decimos, ¡Con Memoria y Alegría, Adelante por la Vida!

Hoy pondré mi vela por ese último beso que le di a papá, y a quien he dedicado mi modesta vida, junto a mi compañera e hijas. Ahí estaremos, en la calle, codo a codo. Y entre la gente, quiero verte bailar...

Todos los días, toda la vida.

Manuel Guerrero Antequera Santiago, 29 de marzo 2011 08:35 hrs.

domingo, marzo 27, 2011




Gonzalo Rojas y la fundación de Valparaíso



por Abel Gallardo



"Otros nacen aquí en la ventolera de la hermosura; yo vine tarde", contó alguna vez el poeta Gonzalo Rojas recordando su primera recalada en Valparaíso. Pese a los años transcurridos, su memoria funcionaba como un reloj cuando precisaba los detalles: abril del año 1935, a bordo del barco "Fresia" de la Compañía Sudamericana de Vapores, zarpe desde Talcahuano rumbo al norte, inicio de su vida de vagamundo. Tenía apenas 18 años y el Puerto se le dio como un alumbramiento. Porque la ciudad no sólo lo cautivó para siempre, sino que vagando en una suerte de ocio urgente por el plan y los cerros, encontró en la Librería "La Joya Literaria" de la calle Condell, un libro -El Artista Adolescente, de James Joyce-que resultó esencial en la visión poética que estaba empezando a construir.

En el año 1945 se ligó laboralmente al puerto al instalarse como profesor, durante el día en el Liceo Alemán y durante la noche com maestro de esforzados trabajadores y empleados que buscaban continuar sus estudios. A partir de ese trabajo y del vínculo intelectual y académico con otros porteños creadores nace la idea de constituir un instituto pedagógico de rango universitario, dando origen a lo que hoy es la Universidad de PLaya Ancha.

De esa época datan la mayoría de los poemas que presentó a un concurso literario de la SECH -que capitaneaba otro Rojas, Manuel, que también había vivido en el Puerto- y ganó rotundamente el primer premio consistente en la publicación del libro. Sin embargo, como nunca se concretó, el poeta se vio obligado a financiar de sus escuálidos bolsillos los 500 ejemplares de que constaba la primera edición de "La Miseria del Hombre", a cargo de la imprenta Roma y con ilustraciones de Carlos Pedraza.

Fue una época creativa fulminante, como de un volcán en erupción, en medio de una constante mudanza en busca de una mejor vista del mar. Ha recordado el poeta: "Aún me veo torrencial escribiendo en esas casas destartaladas del Cerro Alegre que nunca fueron mías y que tanto amé: Urriola, Galos, Montealegre, San Enrique, Paseo Dimalow, Avenida Alemania".

Era el año 1948, y su resultado fue un libro renovador de la poesía chilena y latinoamericana, piedra angular de una poética reconocida más tarde en todo el mundo. Se trata de un gran poema fragmentado, dividido en partes, y que concluye con la Fundación de Valparaíso, "a cuatrocientos años de haber sido pisada su playa por el godo". Sin embargo, recibió críticas lapidarias. "Al paso que llevan, las letras nacionales no prometen nada bueno", sentenció Alone. Más visionaria fue Gabriela Mistral a quien el libro le "deja algo parecido al deslumbramiento de lo muy original, de lo realmente inédito".

El año 1992 recibe el premio Reina Sofía de España, decidido por un jurado que encabezaba un mexicano universal, Octavio Paz. Ese mismo año, pero más tarde, recibe el Premio Nacional de Literatura. Valparaíso también lo homenajeó, a su modesto modo, otorgándole el título de Ciudadano Ilustre el año 1994. No fue mucho para un poeta abisal que se sintió siempre atrapado a nuestra ciudad y seguramente por ello regresó tantas veces.

Aunque su poesía ya la ha vencido, a los noventa y tres años de su edad, el poeta Gonzalo Rojas sigue luchando Contra la Muerte.


Fuente: EMOL

lunes, marzo 21, 2011



¿Qué se ama cuando se ama?


por Gonzalo Rojas


¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios: la luz terrible de la vida
o la luz de la muerte? ¿Qué se busca, qué se halla, qué
es eso: amor? ¿Quién es? ¿La mujer con su hondura, sus rosas, sus volcanes,
o este sol colorado que es mi sangre furiosa
cuando entro en ella hasta las últimas raíces?

¿O todo es un gran juego, Dios mío, y no hay mujer
ni hay hombre sino un solo cuerpo: el tuyo,
repartido en estrellas de hermosura, en partículas fugaces
de eternidad visible?

Me muero en esto, oh Dios, en esta guerra
de ir y venir entre ellas por las calles, de no poder amar
trescientas a la vez, porque estoy condenado siempre a una,
a esa una, a esa única que me diste en el viejo paraíso.

jueves, marzo 10, 2011



Palabra Previa


por Gonzalo Rojas


De repente estamos aquí, de repente no estamos. Nos dan esto, nos arrancan esto. Y aullamos. Aullamos elegías para qué. No estoy por las elegías. Pienso en Baudelaire: "todos los elegíacos son unos canallas". No decirle a mi oyente y a mi lector: -Vendrá la Muerte, tendrá tus ojos: ¡Bbnita letra para música de jazz! O de "jizz", que en ritmo negro enloquecedor quiere decir semen, ¿sabía usted? Preferiblemente cambiar de giro. No transar entonces con la partitura desollada de ningún réquiem larvario, ni siquiera de éste, antes bien ¡alegrarse! Favor no ver liturgia mortuoria en estas páginas ni responso ataúdico. Lo que se juega aquí es la mariposa del instante, y estoy de acuerdo con la idea según la cual la mariposa es un animal instantáneo inventado por los chinos; o, todavía más quimérico, el dragón: que es mi signo. Allá por los setenta del otro siglo viví en Pekín y dormí como un dragón en esa cama con espejos cuya esbeltez me fascina todavía. Para qué decir que aún duermo en ella. 5.000 años fue lo que dormí: perdí mi tiempo. Pues el único número del Tao es el diez mil, o nada. Es que uno no alcanza, nunca alcanza.

Anda en todo la Muerte - los alemanes dicen Der Tod, como si fuera hombre -, anda en todo la Muerte, de la figura a la escritura, del encantamiento al tormento, y hace finísimo el estrago. Arde uno cada día en el fulgor de su respectivo estrago, de la nuca al pie, y no repara en que la fiesta de nacer es una sola y lo ser es lo sido. Lo encandila a uno la Eternidad, como si la Eternidad no fuera esto mismo.

No sé griego dijo una vez Alfonso Reyes, sé Grecia. Por mi parte -y al revés- no sé cosa de hermosura pero mujer hermosa sé, ni sé Muerte pero sí mariposa y ahí va aleteando en esas líneas; ni sé fama ni estruendo pero silencio sé.


Fuente: Réquiem de la mariposa, Gonzalo Rojas, DIBAM, 2001.

sábado, febrero 26, 2011


LAUTARO

(Epopeya del Pueblo Mapuche)

por Isidora Aguirre (In Memoriam)


Aprendemos en los textos de historia que los araucanos -ellos prefieren llamarse "mapuches", gente de la tierra- eran belicosos y valientes, que mantuvieron en jaque a los españoles en una guerra que duró tres siglos, que de algún modo no fueron vencidos. Por lo que muchos ignoran es que aún siguen luchando. Por la tierra en comunidad, por un modo de vida, por conservar su lengua, sus cantos, su cultura y sus tradiciones como algo vivo y cotidiano. Eloos lo resumen en pocas palabras: "luchamos por conservar nuestra identidad, por integrarnos a la sociedad chilena mayoritaria sin ser absorbidos por ella". Sabemos cómo murió el toqui Caupolicán, cómo Lautaro aprendió tácticas guerreras cuando, hecho prisionero, fue caballerizo de don Pedro de Valdivia. Sabemos, en suma, que no fueron vencidos pero ignoramos el "cómo" y el "por qué".

Hay numerosos estudios antropológicos sobre los mapuches pero se ha hecho de ellos muy poca difusión. Y menos conocemos aun su vida de hoy, la de esa minoría de un medio millón de gentes que viven en sus "reducidas" reducciones del sur. Sabemos que hay machis, que hacen "nguillatunes", que hay festivales folclóricos, y en los mercados y en los museos podemos ver su artesanía.

Después de la mal llamada "Pacificación de la Araucanía" de fines del siglo pasado -por aquelo de que la familia crece y la tierra no- son muchos los hijos que emigran a las ciudades; los niños se ven hoscos y algo confundidos en las escuelas rurales, porque los otros se burlan de su mal castellano; sin embargo son niños de mente ágil que a los seis años hablan dos lenguas, que llevan una doble vida, por miedo a la discriminación, la de la ruca y la de la escuela. Pocos saben que la cultura mapuche sigue vigente en el interior de la ruca, que los viejos siguen relatando historias y hablando del pasado junto al fuego -la tradición oral de un pueblo que no tuvo escritura se mantuvo siempre viva- relatos que traen al presente los mitos, su acervo cultural y una particular concepción de la vida. Muchos siguen raptando a sus esposas, como mero ritual, o ahuyendando a los espíritus (o, como decimos nosotros, la mala suerte). Lo cuentan con picardía, porque no rechazan la vida moderna; pocos indígenas del continente han tenido su capacidad de adaptación. Las machis, doctoras y a la vez personas consagradas, sanan a los enfermos con las mismas técnicas que hoy están en boga, la fe, la hipnosis, las yerbas.

Un creador se llena de alegría cuando descubre la riqueza de su patrimonio. Me acerqué a ellos cuando un amigo mapuche -de la gran familia Painemal- me rogó que escribiera una obra de teatro sobre su pueblo a fin de apoyarlos en su lucha de hoy.

El proceso mismo de elaboración de una obra es bastante complejo, quizá el subconsciente sepa más de él. Allí se van combinando y tomando forma los datos obtenidos de fuentes muy diversas. Valdivia nació de sus bellísimas cartas al Rey de España. Lautaro -de quien hay tan pocos datos- nació más bien de mi contacto directo con los mapuches, del amor con que fui acogida en el seno de la ruca "como una pariente, como una mapuche más", me decían; o cuando me cantaban, improvisando la letra -en su lengua, como es su costumbre-, "vengan pillanes a entretener a nuestra visita, porque es un milagro que esté aquí con nosotros..."; de los afanes de la Chiñura, la dueña de casa, con mi llegada, para corretear tras las gallinas y patos, los que despluman y guisan junto al fuego mientras se conversa, y se ofrece el mate o sus bebidas tradicionales.

La historia y la antropología me sirvieron para estructurar la obra teatral, en torno a los ejes centrales que son Valdivia y Lautaro, seleccionando lo que mejor sirviera al conflicto. Y el resultado final, lo que se ve en escena, es el fruto de un minucioso y prolongado trabajo de equipo; el director pide que se dinamice tal o cual escena, en los ensayos se ve la necesidad de cortes, o de acentuar algún parlamento; reestructurar escenas para dar al actor ocasión de mostrar su cualidad histriónica; coreografía, cantos, música incidental, escenografía, vestuario, sonido, luces, todo es un trabajo que se realiza con gran armonía, en equipo, bajo la vigilancia del director y autor. La música que gentilmente nos dieron Los Jaivas, seleccionada por el director y que, según ellos "parecía escrita para la obra..." fue un aporte valiosísimo gracias al talento de este conjunto y su concepción americanista y moderna del folclore. Queríamos todos que el público, al verla, pudiera recuperar lo que le pertenece: sus raíces. Los valores y la vitalidad de las dos razas que lo formaron. Pero quisimos mostrárselos, a los personajes que simbolizan esas razas, Valdivia y Lautaro, de carne y hueso, riendo o sufriendo, tanto en la guerra como en sus vicisitudes cotidianas, y no como se les ve tan a menudo: rígidos y lejanos en las estatuas, estampillas o billetes. O "floreando los discursos de los huincas" como dicen los mapuches.


Fuente: LAUTARO, Epopeya del pueblo mapuche, Isidora Aguirre, Editorial Nascimento, 1982.

Imagen: Memoria Chilena

miércoles, febrero 23, 2011



La independencia es otro nombre de la dignidad


por Eduardo Galeano


Quiero dedicar este homenaje a la memoria viva de dos Carlos: Carlos Lenkersdorf y Carlos Monsiváis, amigos muy queridos que ya no están, pero siguen estando.

***

Y empiezo por decir gracias: Gracias, Marcelo, por este regalo, esta alegría. Te digo gracias en nombre propio y también en nombre de los muchos sureños que jamás olvidarán su gratitud a México, el país de su exilio, refugio de perseguidos en los años de mugre y miedo de nuestras dictaduras militares.

Y quiero subrayar que México merece, por eso y por muchos otros motivos, toda nuestra solidaridad, ahora que esta tierra entrañable está siendo víctima de la hipocresía del narcosistema universal, donde unos ponen la nariz y otros ponen los muertos, y unos declaran la guerra y otros reciben los tiros.

***

Este acto generoso me honra por venir de quien viene. La ciudad de México está a la vanguardia en la lucha por los derechos humanos, en un amplio abanico que va desde la diversidad sexual hasta el derecho a respirar, que ya parecía perdido.

Y mucho me honra recibir esta ofrenda, porque mucho tiene de desafío: en nuestros países la independencia plena es todavía, en gran medida, una tarea por hacer, que nos convoca cada día.

***

En la ciudad de Quito, al día siguiente de la independencia, una mano anónima escribió en una pared: Último día del despotismo y primero de lo mismo.

Y en Bogotá, poco después, Antonio Nariño advertía que el alzamiento patriótico se estaba convirtiendo en baile de máscaras, y que la independencia estaba en manos de caballeros de mucho almidón y mucho botón, y escribía: Hemos mudado de amos.

Y el chileno Santiago Arcos comprobaba, desde la cárcel:

–Los pobres han gozado de la gloriosa independencia tanto como los caballos que en Chacabuco y Maipú cargaron contra las tropas del rey.

***

Todas nuestras naciones nacieron mentidas. La independencia renegó de quienes, peleando por ella, se habían jugado la vida; y las mujeres, los analfabetos, los pobres, los indios y los negros no fueron invitados a la fiesta. Aconsejo echar un vistazo a nuestras primeras Constituciones, que dieron prestigio legal a esa mutilación. Las Cartas Magnas otorgaron el derecho de ciudadanía a los pocos que podían comprarlo. Los demás, y las demás, siguieron siendo invisibles.

***

Simón Rodríguez tenía fama de loco, y así lo llamaban: El loco. Decía locuras, como éstas:

–Somos independientes, pero no somos libres. La sabiduría de Europa y la prosperidad de los Estados Unidos son, en nuestra América, dos enemigos de la libertad de pensar. Nuestra América no debe imitar servilmente, sino ser original.

Y también:

–Enseñemos a los niños a ser preguntones, para que se acostumbren a obedecer a la razón: no a la autoridad como los limitados, ni a la costumbre como los estúpidos. Al que no sabe, cualquiera lo engaña. Al que no tiene, cualquiera lo compra.

Don Simón decía locuras, y hacía locuras. Allá por mil ochocientos veinte y pico, sus escuelas mezclaban a los niños y a las niñas, a los pobres y a los ricos, a los indios y a los blancos, y también unían la cabeza y las manos, porque enseñaban a leer y a sumar, y también a trabajar la madera y la tierra. En sus aulas no se escuchaban los latines de sacristía y se desafiaba la tradición del desprecio por el trabajo manual. Poco duró la experiencia. Un clamor de indignadas voces exigía la expulsión de este sátiro que ha venido a corromper a la juventud, y el mariscal Sucre, presidente del país que ahora llamamos Bolivia, le exigió la renuncia.

A partir de entonces, anduvo a lomo de mula, peregrinando por las costas del Pacífico y las montañas de los Andes, fundando escuelas y formulando preguntas insoportables a los nuevos dueños del poder:

–Ustedes, que imitan todo lo que viene de Europa y de los Estados Unidos, ¿por qué no les imitan la originalidad, que es lo más importante?

Este viejo vagabundo, calvo, feo y barrigón, el más audaz y el más querible de los pensadores de América, estaba cada día más solo, y solo murió.

A los ochenta años, escribió:

–Yo quise hacer de la tierra un paraíso para todos. La hice un infierno para mí.

***

Simón Rodríguez fue un perdedor. Según la escala de valores de este mundo, que sacraliza el éxito y no perdona el fracaso, los hombres como él no merecen memoria.

Pero, ¿acaso no está vivo don Simón en la energía de dignidad que hoy recorre nuestra América de norte a sur? ¿Cuántos hablan por su boca, aunque no lo sepan, como hablaba en prosa aquel personaje de Molière que no sabía que hablaba en prosa?

¿Acaso don Simón no nos sigue enseñando, un siglo y medio después de su muerte, que la independencia es otro nombre de la dignidad? Es verdad que todavía pesa, y mucho, la herencia colonial, que aplaude la copia y maldice la creación y admira, como denunciaba don Simón, las virtudes del mono y del papagayo. Pero también es verdad que son cada vez más los jóvenes que sienten que el miedo es una cárcel humillante y aburrida, y libremente se atreven a pensar con sus propias cabezas, sentir con sus propios corazones y caminar con sus propias piernas.

***

Yo no creo en Dios, pero sí creo en el humano milagro de la resurrección. Porque quizás se equivocaban aquellos dolientes que se negaban a creer en la muerte de Emiliano Zapata, y creían que se había marchado a Arabia en un caballo blanco, pero sólo se equivocaban en el mapa. Porque a la vista está que Zapata sigue vivo, aunque no tan lejos, no en las arenas de Oriente: él anda cabalgando por aquí, aquí cerquita nomás, queriendo justicia y haciéndola.

Y fíjense ustedes lo que ha ocurrido con otro perdedor, José Artigas, el hombre que hizo la primera reforma agraria de América, antes que Lincoln y antes que Zapata.

Hace casi dos siglos, él fue vencido y condenado a la soledad y al exilio. En años recientes, la dictadura militar del Uruguay le erigió un ampuloso mausoleo, queriendo encerrarlo en cárcel de mármol. Pero cuando la dictadura intentó decorar el monumento con algunas de sus frases, no encontró ninguna que no fuera subversiva. Ahora el mausoleo tiene fechas y nombres de batallas, y ninguna frase. Involuntario homenaje, involuntaria confesión: Artigas no es mudo, Artigas sigue siendo peligroso.

Cosa curiosa: con tantos vivos que hablan sin decir, en nuestras tierras hay muertos que dicen callando.

***

Bienaventurados sean los perdedores, porque ellos cometieron la insolencia de amar a su tierra, y por ella se jugaron la vida. Pero está visto que el patriotismo es el honorable privilegio de los países dominantes: sólo los que mandan tienen el derecho de ser patriotas. En cambio, los países dominados, condenados a obediencia perpetua, no pueden ejercer el patriotismo, so pena de ser llamados populistas, demagogos, delirantes: nuestro patriotismo se considera una peste, peste peligrosa, y los amos del mundo, que nos toman examen de Democracia, tienen la mala costumbre de conjurar esta amenaza a sangre y fuego.

Bienaventurados sean los perdedores, porque ellos se negaron a repetir la historia y quisieron cambiarla.

Bienaventurados sean los perdedores, y malditos sean quienes confunden el mundo con una pista de carreras y lanzados a las cumbres del éxito trepan lamiendo hacia arriba y escupiendo hacia abajo.

Bienaventurados sean los indignados, y malditos sean los indignos.

Maldita sea la exitosa dictadura del miedo, que nos obliga a creer que la realidad es intocable y que la solidaridad es una enfermedad mortal, porque el prójimo es siempre una amenaza y nunca una promesa.

Bienaventurado sea el abrazo, y maldito sea el codazo.

***

Sí, pero… Cuántos perdedores, ¿no?

Cuando algún periodista me pregunta si soy optimista, yo contesto, sinceramente:

–A veces. Depende de la hora.

Siempre me parecieron más bien inhumanos los optimistas full time.

Creo que el desaliento es un derecho humano, y de algún modo es también la prueba de que somos humanos, porque no sufriríamos el desaliento si no tuviéramos aliento.

Hay que reconocer que no es muy alentadora la realidad, que tiene la jodida costumbre de recompensar a los exprimidores del prójimo y a los exterminadores de la tierra, el agua y el aire. Y en cambio, las más apasionantes aventuras de transformación de la realidad suelen quedarse a mitad de camino, o se extravían y se pierden, y muchas veces terminan mal.

Hay que reconocerlo, digo, pero también cabe preguntar: Cuando esas lindas experiencias colectivas terminan mal, ¿de veras terminan? ¿No hay nada que hacer, sólo nos queda resignarnos y aceptar el mundo tal cual es, como si fuera destino? Hace pocos años, se puso de moda la teoría del fin de la historia. Más de uno se tragó ese sapo, a pesar de que el sentido común nos demuestra, con poderosa sencillez, que la historia nace de nuevo cada mañana.

Lo mejor de este asunto de vivir está en la capacidad de sorpresa que la vida tiene. ¿Quién podía presentir que los países árabes iban a vivir este huracán de libertad que están ahora viviendo? ¿Quién iba a creer que la plaza de Tahrir iba a dar al mundo esta lección de democracia? ¿Quién iba a creer lo que ahora puede creer ese muchachito plantado en la plaza durante días y noches, cuando dice: Nadie nos va a mentir nunca más?

Al fin y al cabo, cuando la historia dice adiós, o eso parece decir, ella nos está diciendo, o al menos murmurando: hasta luego, hasta lueguito, nos estamos viendo.

Y yo me despido de ustedes, ahora, que ya es hora, como la historia me enseñó, diciéndoles gracias, diciéndoles: hasta luego, hasta lueguito, nos estamos viendo.


* Palabras pronunciadas el 22 de febrero de 2011, en la ceremonia de entrega de la Medalla 1808, que el jefe de Gobierno de la ciudad de México, Marcelo Ebrard, otorgó al escritor Eduardo Galeano

Fuente: La Jornada
Foto: Elena Poniatowska y Eduardo Galeano, foto de Francisco Olvera.

martes, febrero 22, 2011



Sangre verde de mariposas




Las palabras entran y salen de la boca
a veces como un pan recién horneado
a veces como miel de pequeños soles
y caen a la tierra
como espigas
y vuelven a la mesa
como libros

Las palabras entran y salen de las cosas
a veces como un río de piedras azules
a veces como peces de encendidos mares
y reptan a la orilla
como volcanes
y vuelven a su estrella
como fuegos

Las palabras entran y salen del corazón
a veces como un puñal en contra de las hojas
a veces como sangre verde de mariposas
y laten en tus manos
como poemas
y cantan a la tierra
como los poetas


GREEN BLOOD OF BUTTERFLIES

Rolando Riveros Vidal, Chile


Words enter and emerge from our mouths
sometimes like freshly baked bread
sometimes like a honey of small suns
they fall down to the earth
like ears of grain
and return to the table
as do books

Words enter and emerge from things
sometimes like a river of blue pebbles
sometimes like fish in brilliant seas
they crawl to the shore
like volcanoes
and return to their star
as do fires

Words enter and emerge from our hearts
sometimes like a dagger turned against the leaves
sometimes like the green blood of butterflies
they pulsate in your hands
like poems
and they sing the earth
as do poets


Translation: Ute Margaret Saine
Imagen: Miguel Ángel Sunu Cortez

lunes, febrero 14, 2011



Incipit Vita Nova
(Comienza la Vida Nueva, Dante Alighieri)


Como ocurre siempre en las épocas
en que socialmente la vida no vale nada,
es preciso saber ver por medio
de los ojos de Eros.
En el tiempo que está por llegar,
a Eros incumbe restablecer
el equilibrio roto en provecho
de la muerte.
(André Breton)


Hay un mar que está lejos de nosotros
es invisible, pero no está oculto.
Está prohibido hablar de él,
pero al mismo tiempo es un pecado
y un indicio de ingratitud
no hacerlo.
(Rumi)


Porque todas las debilidades del hombre se deben a formas defectuosas de amar, hicimos NO MIRES PARA ABAJO, una película para aprender a hacer el amor como Dios manda, que cuenta la historia de una chica que le enseña a un chico a respirarse juntos, a untarse con acietes deliciosos para luego comerse poco a poco mientras tienen sexo en 16 posiciones distintas, mientras él aprende a pasarse horas cogiendo sin eyacular para volverla loca de placer a ella que llegará a decirle: "He muerto a mí y vivo por ti...Si te amo me amo, si me amo te amo..."
(Eliseo Subiela)


Más allá de mirarnos a los ojos
y del suspiro que sale de la inteligencia,
la poesía está en la música de Pedro Aznar
y en el manejo del Eros de Eliseo Subiela.
Así de simple: ni yo me voy ni vos te quedás.
Este amor desconoce toda separación.
En la vida siempre estamos diciendo adiós;
que eso no te impida amar.
(R)



Fuente: No mires para abajo, Eliseo Subiela, 2008. Música de Pedro Aznar.

domingo, febrero 13, 2011



el amor es un haiku



lenguas del amor
besan y arden juntas
son luna y sol


lingue dell’amor
baciando bruciando insieme
son luna e sol


the tongues of our love
they kiss and burn together
they are sun and moon



Rolando Riveros Vidal, Chile
Traducción: Ute Margaret Saine


Fuente: Sisters & Brothers in Poetry
Imagen: The Kiss, Gustav Klimt

domingo, enero 23, 2011


Obsolescencia Programada: el deseo del consumidor de poseer algo más nuevo, un poco antes de lo necesario



Baterías que se 'mueren' a los 18 meses de ser estrenadas, impresoras que se bloquean al llegar a un número determinado de impresiones, bombillas que se funden a las mil horas... ¿Por qué, pese a los avances tecnológicos, los productos de consumo duran cada vez menos?

La 2 de Televisión Española y RTVE.es emiten "Comprar, tirar, comprar" un documental que nos revela el secreto: obsolescencia programada, el motor de la economía moderna.

Rodado en España, Francia, Alemania, Estados Unidos y Ghana, Comprar, tirar, comprar, hace un recorrido por la historia de una práctica empresarial que consiste en la reducción deliberada de la vida de un producto para incrementar su consumo porque, como ya publicaba en 1928 una influyente revista de publicidad norteamericana, "un artículo que no se desgasta es una tragedia para los negocios".

El documental, dirigido por Cosima Dannoritzer y coproducido por Televisión Española, es el resultado de tres años de investigación, hace uso de imágenes de archivo poco conocidas; aporta pruebas documentales y muestra las desastrosas consecuencias medioambientales que se derivan de esta práctica. También presenta diversos ejemplos del espíritu de resistencia que está creciendo entre los consumidores y recoge el análisis y la opinión de economistas, diseñadores e intelectuales que proponen vías alternativas para salvar economía y medio ambiente.

Una bombilla en el origen de la obsolescencia programada

Edison puso a la venta su primera bombilla en 1881. Duraba 1500 horas. En 1911 un anuncio en prensa española destacaba las bondades de una marca de bombillas con una duración certificada de 2500 horas. Pero, tal y como se revela en el documental, en 1924 un cártel que agrupaba a los principales fabricantes de Europa y Estados Unidos pactó limitar la vida útil de las bombillas eléctricas a 1000 horas. Este cártel se llamó Phoebus y oficialmente nunca existió pero en Comprar, tirar, comprar se nos muestra el documento que supone el punto de partida de la obsolescencia programada, que se aplica hoy a productos electrónicos de última generación como impresoras o iPods y que se aplicó también en la industria textil con la consiguiente desaparición de las medias a prueba de carreras.

Consumidores rebeldes en la era de Internet
A través de la historia de la caducidad programada, el documental pinta también un fresco de la historia de la Economía de los últimos cien años y aporta un dato interesante: el cambio de actitud en los consumidores gracias al uso de las redes sociales e Internet. El caso de los hermanos Neistat, el del programador informático Vitaly Kiselev o el catalán Marcos López, dan buena cuenta de ello.

África, vertedero electrónico del primer mundo

Este usar y tirar constante tiene graves consecuencias ambientales. Tal y como vemos en este trabajo de investigación, países como Ghana se están convirtiendo en el basurero electrónico del primer mundo. Hasta allí llegan periódicamente cientos de contenedores cargados de residuos bajo la etiqueta de 'material de segunda mano' y el paraguas de una aportación para reducir la brecha digital y acaban ocupando el espacio de los ríos o los campos de juego de los niños.

Más allá de la denuncia, el documental trata de dar visibilidad a emprendedores que ponen en práctica nuevos modelos de negocio y escucha las alternativas propuestas por intelectuales como Serge Latouche, que habla emprender la revolución del 'decrecimiento', la de la reducción del consumo y la producción para liberar tiempo y desarrollar otras forma de riqueza, como la amistad o el conocimiento, que no se agotan al usarlas.


YLE (Finlandia)
SUSANA RODRÍGUEZ 04.01.2011 rtve


sábado, enero 22, 2011


El lento silbido de los sables
(Patricio Manns, Editorial Catalonia)



por Alejandro Lavquén


El lento silbido de los sables (Editorial Catalonia). Patricio Manns entrega una novela ambientada en Arauco durante la llamada -de manera eufemística- Pacificación de la Araucanía que, históricamente, fue una guerra de exterminio contra el pueblo mapuche para arrebatarle sus tierras.

Fiel a su estilo y reafirmando su visión social de la literatura, el autor desenfunda sus argumentos con el propósito de esclarecer la distorsión de los hechos históricos. Narra la vida de Orozimbo Baeza, un joven que a instancias de su padre asume la carrera militar, siendo su destino, como teniente novato, la Décimoprimera División de ejército, que se encontraba en territorio mapuche, entre los ríos Bío Bío y Toltén. Poco a poco la crueldad de la guerra va transformando la personalidad del joven. Orozimbo termina involucrándose con una mapuche -Rayén-, con la cual tiene una hija, Luz de Luna, a la que siendo aún adolescente convierte en su amante.

La historia se centra fundamentalmente en torno al quehacer de Orozimbo Baeza durante la guerra, y en su comportamiento decadente, sobre todo en lo que se refiere a su relación con el sexo. Su personalidad es contradictoria, cruel, incestuosa, difusa, pero en particular denota graves trastornos relacionados con su vida sexual. Orozimbo padece una fijación enfermiza con el sexo, la que se manifiesta en acciones desquiciadas y en un lenguaje coprolálico del que hace alarde.

Patricio Manns, con el lenguaje soez y la degradación moral con que singulariza al protagonista de su libro, pretende entregar una metáfora de la guerra de Arauco en su dimensión más degenerada y violenta, corriendo el riesgo -quizá necesario desde un punto de vista- de exagerar en las expresiones y motivaciones libidinosas del personaje central. Por otro lado, la guerra y las necesidades que de ella surgen, dan pie para mostrarnos las relaciones que van naciendo entre invasores e indígenas. También nos muestra los problemas sociales que generó la guerra al interior de muchas familias y dentro del propio ejército.

La construcción del relato es sin mayores rebuscamientos narrativos, como sucede en novelas anteriores del autor. Acá todo sucede vertiginosamente, con diálogos breves y acciones rotundas. El desarrollo del tema se percibe urgente, con un protagonista ansioso por vivir a concho su decadencia, su impunidad. Y cuando nos referimos a impunidad, estamos hablando del ocultamiento tendencioso de una política de Estado que buscaba el exterminio del pueblo mapuche, aplicando acciones como la guerra de recursos y otras estrategias destinadas a minar la resistencia indígena. En ese sentido, libros como este son un aporte para rescatar la memoria histórica, por muy terrible que resulte leer sus páginas.


Fuente: Punto Final


jueves, enero 13, 2011


Silvio, aprendiz de brujo


Prólogo



Alguién dijo alguna vez que los más grandes poetas vivos en Latinoamérica son Silvio Rodríguez y Chico Buarque. Estoy totalmente de acuerdo con esa afirmación. Y lo más impresionante es ambos son excelentes compositores que han dejado huella en la cultura de sus respectivos países.

No hay persona en Brasil que no se sepa alguna canción de Chico Buarque. No hay cubano que no conozca a Silvio Rodríguez. Chico y Silvio también son filósofos, sus canciones tocan fondo y tienen tremenda carga política.

Silvio Rodríguez Domínguez, así como los demás miembros de la llamada Nueva Trova Cubana (siempre se rebelaron ante el nombre), han sido embajadores culturales de su país, de su islita preciosa.

Silvio es quien más ha trascendido y seguramente eso se debe a las nuevas estructuras de armonía y contrapunto que agregó a la trova tradicional. Es impresionante verlo tocar la guitarra, pues utiliza acordes para los que hay que tener "dedos de hule". Con su guitarra consigue complicadísimas armonías, toca la melodía, el bajo y el acompañamiento de una manera extraordinaria.

Los mensajes de Silvio son duros, directos, sacuden a su auditorio, lo conmueven.

Hay un Silvio que viaja y compone canciones a bordo del pesquero Playa Girón; hay otro después del golpe militar al presidente chileno Salvador Allende, que quiere cambiar cada cuerda de guitarra por unsaco de balas; y después de la salida masiva de balseros desde el puerto de Mariel; otro en el Periodo Especial; en la guerra de Irak.




A pesar de todas las facetas del poeta que llegó por San Antonio de los Baños, hay algo que no ha cambiado, que permanece: su deseo de llevar a la Revolución Cubana más allá de los planes quinquenales, de la economía o de la nueva organización política. Para Silvio y los troveros de su generación, la Revolución debía llegar hasta el último rincón de la vida cotidiana. En una canción dice: "Es importante hasta el largo de un vestido".

Así empezó una larga lucha contra la burocracia, contra el machismo, contra los prejuicios, contra la ignorancia, contra tres siglos de colonialismo español.

La Revolución Cubana despertó grandes esperanzas para Latinoamérica y tremendos miedos y preocupaciones para los Estados Unidos, a tal grado que la potencia del norte cambió su política del garrote por la Alianza para el Progreso, con la cual la ayuda para el desarrollo supuestamente podría conjurar el mal ejemplo de Cuba.

Silvio se convirtió en el embajador cultural de esa revolución. Durante décadas no ha habido movimiento estudiantil o de protesta en Latinoamérica que no cante sus canciones. A pesar de no tener acceso a la radio y la televisión comercial, cualquier lugar donde se presenta Silvio se llena con decenas de miles de personas.

Si los Beatles le dieron al mundo clases de inglés, los trovos cubanos lo hicieron con temas latinoamericanos y antiimperialistas.

Cuba ha enfrentado problemas enormes con el bloqueo norteamericano que ha tratado de asfixiarla, pero también hay muchos problemas y limitaciones en la patria de José Martí. Silvio, desde su trinchera, hace lo que puede.

Este libro no es la biografía de un cantante famoso; no es un texto que esculca en los cajones de la farándula. Es un libro de conversaciones, de pláticas y encuentros con Silvio y su mundo; con la gente que lo rodea, que lo inspira, que lo conoce. Eduardo Valtierra, más que retratar a un hombre prominente, rescata el espíritu de una época. Va tras la estela que deja la canción política, la canción inteligente, que dice algo, que motiva, que mueve a la acción, o por lo menos a rascarse la cabeza.

En mi libreta de direcciones tengo el teléfono de Eduardo Valtierra en la letra "S", con el antenombre "Silviólogo", porque si hay alguien que conozca la obra monumental del trovador, es él.

Eduardo coleccionó a lo largo de años canciones que Silvio cantó y nunca grabó en discos; inéditas, por llamarlas de alguna manera. El poeta tiene tantas composiciones que hasta se le olvidan. En una ocasión, Eduardo le dio a Silvio un casete con esos tesoros perdidos. Ya me imagino la cara del poeta.

Eduardo siempre me sorprende. Con este libro me fui de espaldas por la cantidad de gente que contactó y entrevistó; desde Velia, una amiga de Silvio de los años sesenta, una chica mexicana que apenas estuvo un par de días con él para después regresar a México, hasta Andrés Manuel López Obrador. Eso se llama investigación. Tal vez el autor de este libro debería ser detective.

La Nueva Trova Cubana nos ha fascinado a muchos, nos ha marcado, y este libro, con algunas gotas de ron, unas de limón y otras de melancolía, es un deleite para los neófitos y para los miembros de la masonería del son.


Marta Durán de Huerta
septiembre de 2007

Fuente: Eduardo Valtierra, Ediciones La Memoria, Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, 2010.
Fotografía: Dos niñas de Trinidad, Cuba, de Franco Torres.

domingo, enero 09, 2011




Notas Musicales



por Manuel García


Soy un ciudadano que tiene inquietudes internas muy ligadas a la identidad. En Shangai representaba a un viajero espacial que llega a un planeta y quiere comunicar algunas cosas en relación a preguntar algunas cosas y contar algo. Fui un ser que buscaba a otros seres. Fui como un personaje cotidiano que viene de una vida cotidiana, de un país que también tiene ciertas similitudes y, por supuesto, profundas diferencias con otro lugar. Lo que yo era dentro del pabellón de Chile en la Expo Shangai era una necesidad latente de producir y de entablar una relación amorosa con otros seres.

En el Chile actual, veo por un lado un país que ha naufragado en muchos temas, hay una destrucción profunda, un desencanto del pueblo, una describilidad de lo político, una percepción errónea, equivocada y torcida frente a un espejo que ha sido creado por los medios masivos de comunicación donde la imagen que se deja es a un chileno que está viendo una imagen falsa de sí mismo. Entonces, se ha generado un país con muchos mitos y muchas mentiras con respecto a quiénes somos verdaderamente. Un pueblo que se siente mása solidario de lo que realmente es, que no es xenofóbico siendo que lo es, que se siente amigo y compañero siendo que no lo somos y, en ese sentido, veo que no hay un reconocerse en el otro, no hay un respeto por el otro. En Chile se perdió esa capacidad humana de sentirse parte de un global, en gran parte de la sociedad ha triunfado el individualismo, ha triunfado el gran letrero del exitismo, y eso produce angustia, produce pena, produce una necesidad de aferrarse al Facebook a Internet y encontrar una serie de triquiñuelas que no son exactamente comunicación; se habla de la relación de las comunicaciones pero no hay más incomunicación que esa lucha desesperada por finalmente encontrarse. Sin embargo, por el otro lado de la moneda veo una juventud esperanzadora que crea bandas de rock, de donde nacen pintores, artistas, una juventud que fue capaz de organizar movimientos como los pingüinos, una juventud mucho más ambientalista que hace muchos años atrás, y sobre todo una juventud que está observando con mucha desconfianza pero también con un criterio crítico y activo la política actual de los más viejos. Por ahí se conjugan estas dos cosas en un conflicto social que se hace bastante poco visible desde los medios, pero que existe de forma constante. Esta lucha por ser mejor sociedad de una minoría y una sinrazón, un poco gratuita, de una mayoría.

Con esta columna, más que a colaborar vengo a sumar fuerzas. Lo que yo hago pertenece a este mundo de lo alternativo, de lo autogestionado. Ahora hay una visibilidad más masiva de mi trabajo, pero gran parte de mi trabajo viene desde lo subterráneo, en los espacios universitarios, en parte de una población, en una olla común, en los actos políticos y desde ahí la construcción de mi trabajo no pudiera haberse hecho si no fuera por esta fuerza que existe entre el poeta del barrio, el escritor universitario, la revista liceana, las organizaciones sociales que hacen puesta en escena de teatro, de música, de festivales que no son visibles en forma masiva pero que cumplen con la función de mantener vivo el arte, mantener viva la educación, de mantener vivo el derecho del hombre a crear y de recrearse.

La aparición de la nueva trova chilena, de la cual soy parte, se da porque mucha leña ya venían echando al fuego muchos otros artistas también durante años. Se ha creado una cultura popular en torno a la guitarra desde nuestros grandes ancestros musicales como la Violeta, Víctor y otros tantos, y se ha venido multiplicando ese valor de guitarra en guitarra hasta que de pronto tiene una visibilidad en estos años más masiva porque de alguna manera se ha ido acumulando una historia tal que permite que los nuevos talentos jóvenes tengan un bagaje muy interesante. Lo que hace que este movimiento exista en la escena de la música popular chilena es una voluntad de pueblo, es una voluntad de aquellos que quieren escuchar y que valoran y que son quienes llenan los teatros, quienes compran los discos, quienes se enteran. Una voluntad de aquellos que finalmente han puesto oreja y han depositado su confianza, su tiempo y su silencio para que pueda ser la tierra fértil donde surge esta nueva música chilena actual, que al parecer tiene sus características propias.



A veces podemos estar vinculados a rock Carnaza y a veces estar inaugurando el Gabriela Mistral, y esto se debe a una relación que se produce entre el artista y su propio trabajo. Hay instancias culturales que en un país existen y que uno trata de aprovechar de la mejor manera posible para hacer visible el arte y conectar ciertos temas y legados que a veces ni siquiera son bienvenidos. Chinoy estuvo en el estadio para la celebración del bicentenario, donde el gobierno quería mostrar a un país que celebra 200 años de cosas fantasma, cuando el lema popular era "nada que celebrar", y Chinoy dio su mensaje ahí. Y es que los grandes escenarios siempre han estado vinculados a la empresa privada, y si uno quiere acceder a un gran escenario, con buenas luces, con buen sonido y masivo, finalmente esta mixtura se da igual. Quien tiene que distinguir ahí y tiene que reclamar su derecho como auditor a saber qué está escuchando y qué está viendo, es el público. El público tiene que ser crítico y tiene que quedarse con aquello que más sabiamente el corazón le dicte. Lo importante es que uno como artista quiere acceder a todos los espacios mientras a uno lo reciban con sus temas y con su música, que no haya censura, y lo que uno haga no vaya en contra de sus principios como compositor, como ser humano. Para mí es muy importante cuando estoy en un escenario, ocupar el espacio de una canción para repetir las palabras de Allende, pues él tenía una fuerza, una cualidad de decir cosas muy ciertas y muy importantes a través de un lenguaje que se ve muy poco en la política actual, y que es el lenguaje de la poesía. Para mí sus discursos son más que discursos, son una especie de poema épico que mientras más lo digo más me doy cuenta de lo contingente que es en el día de hoy. Y me conmueve también el hecho de que en cada lugar donde yo canto siempre es vigente. Siempre es necesario, lo que habla de la necesidad de que alguien nos hable con amor, con una forma paternalista cariñosa como de un guía, como un ser espiritual profundo, y que al mismo tiempo nos acaricia con esa poesía, con esa palabra, y me doy cuenta de que eso es lo que más hace falta. Cuando cito sus discursos me parece que estoy repitiendo las palabras de un abuelo. Es necesario para mí hacerlo, es familiar, es una especie de un ritual de sanación o de esperanza cada vez que esas palabras llenan la voz interna.

Yo tengo deseos como ciudadano, como una persona de la sociedad que quiere ejercer su derecho de expresión, su derecho de opinión, su derecho a estar involucrado, su derecho a estar en política. Ser parte de la construcción política de la sociedad. Eso individualmente me preocupa mucho, naturalmente por mi arte. El arte que yo hago lo encuantro en función de la belleza. Si esa belleza es un día una mariposa posada en una flor, entonces esa belleza la expreso en mis necesidades. Yo digo lo que creo, y trato de vivir a través de esa belleza. Si esa belleza hoy día es una preocupación política, social, y si eso puede ser parte de una canción entonces está ahí en una canción. Es decir, la canción siempre va en la búsqueda de la belleza y si para uno la belleza es la construcción de una mejor sociedad, una preocupación que uno encuantra en otro, una reflexión, entonces ahí mi canción se convierte en política y aspira a lo que yo aspiro también como ciudadano, a una sociedad más justa, como dice el discurso de Allende. Uno trata de construir críticamente no sólo hacia fuera, sino que también internamente, también mirándose, también exponiendo lo que uno piensa y opina, sin que ello sea necesariamente la verdad absoluta, pero sí la verdad en la que uno cree en aquel minuto, puesta muy valientemente sobre la mesa, con todos los puntos sobre las íes, y tratando de ser lo más honesto y lo más verdadero.

Fuente: Revista MALA: educación, cultura y sociedad, Nº1, noviembre 2010.

martes, enero 04, 2011





"Creo que la comunicación al igual que puede suceder con la sanidad o la educación requiere de una participación pública. Todos tenemos muy claro que un hospital privado no le va a hacer un transplante de corazón a un indigente. Por la misma regla de tres, creo que un medio de comun icación privado a merced de bancos, financieras, aseguradoras, telefónicas y empresas de hidrocarburos no va a tener ningún interés en una información equilibrada, plural, participativa y democrática."
(Pascual Serrano- Entrevista en Periodista Digital)


NegritaTraficantes de información. La historia oculta de los grupos de comunicación españoles.

Si hay algo de lo que los medios de comunicación informan poco es precisamente de ellos: de quiénes son sus dueños, en qué otras industrias participan, qué bancos les prestan el dinero, cuánto cobran sus directivos, cómo explotan a sus trabajadores, a qué se dedicaron hace años....

Traficantes de información (Editorial Foca) es una historia de finanzas, manejos de Bolsa, fraudes fiscales, especulaciones urbanísticas, violaciones de las medidas contra la concentración, atropellos laborales mientras altos directivos disfrutan de sueldos millonarios y contratos blindados, ejecutivos con sentencias judiciales que les implican con la mafia, fortunas nacidas a la sombra del nazismo, empresas que comercializan armas para dictaduras...

No cabe duda de que, tras este repaso a los grupos de comunicación, el término «traficantes» es el que mejor los identifica. A lo largo de estos capítulos el autor levanta la alfombra de los lujosos despachos de las empresas de comunicación y encuentra lo que ellas nunca incluirán en sus medios: los secretos y las miserias de quienes se han apropiado de la información para convertirla en materia de traficantes y mercaderes, que la utilizan, bien para conseguir dinero, bien para conseguir poder.

Fuente: Pascual Serrano

jueves, diciembre 30, 2010


PAKAPAKA

El poder de la imaginación


La televisión para la infancia no es cuestión sólo de niños y niñas. Los adultos —con nuestras preguntas, comentarios, chistes, conocimientos, ignorancias, calificaciones, consejos u ocurrencias— aportamos a la experiencia infantil de mirar TV y al modo en que chicos o chicas se relacionan con el mundo a través de ella.

Por eso les damos la bienvenida al espacio web para padres, madres y docentes de la señal PAKAPAKA, el canal del Ministerio de Educación de la Nación para todos los chicos y las chicas. Un sitio en el que nos proponemos dar a conocer el canal y su programación; explicitar sus fundamentos y objetivos; reflexionar sobre sus contenidos, ampliarlos y enriquecerlos; aproximarse a los entornos digitales infantiles asociados a cada franja de edades y sus juegos; pensar sobre el lenguaje audiovisual, las tecnologías digitales, los consumos culturales, el hogar, la escuela y la niñez.

Este minisitio es un lugar de encuentro y de colaboración entre los grandes. El objetivo de este espacio es poder acompañar a los chicos en sus prácticas cotidianas con y a partir de las pantallas. Por eso lo presentamos como una caja de herramientas, de ideas, propuestas o reflexiones. Un entorno de consulta, de exploración, de orientación, de lectura o de intercambio para padres y docentes ocupados en la tarea de formar a las nuevas generaciones acerca de la televisión y en torno a ella. Una tarea que, aunque parece espontánea, cabe asumir de manera crítica, creativa y responsable.

Aquí encontrarán actividades, guías de orientación, materiales de lectura, información, recursos educativos, espacios de comunicación y de descarga de las producciones del canal.

Concebimos esta sección web de la señal PAKAPAKA como un puente que une la televisión pública destinada a la infancia, las aulas y los hogares. Una pasarela entre los distintos espacios de la vida infantil. También entre soportes tradicionales y multimediales. Un aporte al diálogo tanto entre las distintas generaciones como entre la diversidad de infancias que se demarcan a partir de las desigualdades económicas, sociales y culturales.

Un proyecto de televisión para la infancia público y federal como el que proponemos desde PAKAPAKA necesita de padres, madres, maestros, directores, abuelos, tías o hermanos mayores de todo el país. Porque si desde el canal invitamos a los chicos y a las chicas a preguntar, descubrir, fantasear, jugar, investigar, crear, expresarse y participar, eso cobra fuerza verdadera cuando la tele se apaga.


Fuente: PAKAPAKA

viernes, diciembre 24, 2010




NOCHEBUENA

por Eduardo Galeano


Fernando Silva dirige el hospital de niños, en Managua.
En vísperas de Navidad, se quedó trabajando hasta muy tarde. Ya estaban sonando los cohetes, y empezaban los fuegos artificiales a iluminar el cielo, cuando Fernando decidió marcharse. En su casa lo esperaban para festejar. Hizo una última recorrida por las salas, viendo si todo quedaba en orden, y en eso estaba cuando sintió que unos pasos lo seguían. Unos pasos de algodón: se volvió y descubrió que uno de los enfermitos le andaba detrás. En la penumbra, lo reconoció. Era un niño que estaba solo. Fernando reconoció su cara ya marcada por la muerte y esos ojos que pedían disculpas o quizá pedía permiso.
Fernando se acercó y el niño lo rozó con la mano:
–Decile a... –susurró el niño–. Decile a alguien, que yo estoy aquí.

Fuente: Eduardo Galeano, El libro de los abrazos, Editoral Siglo XXI.