
Mapu Lawen
Ebrio de Azul voy
entre el follaje
de la taberna sagrada.
Vino de Verde soy
entre las hojas
de la poesía sagrada.

Siempre he querido que en la poesía se vean las manos del hombre. Siempre he deseado una poesía con huellas digitales. Una poesía de greda para que cante en ella el agua. Una poesía de pan, para que se la coma todo el mundo.
Sólo la poesía de los pueblos sustenta esta memoria manual.
Mientras los poetas se encerraron en los laboratorios, el pueblo siguió cantando con su barro, con su tierra, con sus ríos, con sus minerales. Produjo flores prodigiosas, sorprendentes epopeyas, amasó folletines, relató catástrofes. Celebró a los héroes, defendió sus derechos, coronó a los santos, lloró a sus muertos.
Y todo esto lo hizo a pura mano. Estas manos fueron siempre torpes y sabias. Fueron ciegas, pero rompieron las piedras. Fueron pequeñas, pero sacaron los peces del mar. Fueron oscuras, pero buscaban la luz.
Por eso esta poesía tiene ese sortilegio de lo que ha sido creado entre las cosas naturales. Esta poesía del pueblo tiene ese sello de lo que debe vivir a la intemperie, soportando la lluvia, el sol, la nieve, el viento. Es poesía que debe pasar de mano en mano. Es poesía que debe moverse en el aire como una bandera. Poesía que ha sido golpeada, que no tiene la simetría griega de los rostros perfectos. Tiene cicatrices en su rostro alegre y amargo.
Yo no doy un laurel a estos poetas del pueblo. Son ellos los que a mí me regalan la fuerza y la inocencia que debe informar toda poesía. Son ellos los que me hacen tocar su nobleza material, su superficie de cuero, de hojas verdes, de alegría.
Son ellos, los poetas populares, los oscuros poetas, los que me enseñan la luz.
(Prólogo para el libro
Fuente: Para nacer he nacido, Pablo Neruda, Editorial Seix Barral, 1978.
NERUDIANA
El mar entra en tus ojos
y los peces vuelven a ser estrellas
La luna florece de sal
y los poemas navegan en tus hojas
La tinta verde se abre surco en la arena
y las caracolas te soplan al oído
El sol está dormido en los libros
y los duendes te cantan al mediodía
Las gotas de vino caen sobre la tierra
y los pobres se llevan tu pan a la boca
La fiesta es una mariposa ebria
y los poetas se ahogan en tu mirada.