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jueves, septiembre 23, 2010



Mapu Lawen




Ebrio de Azul voy
entre el follaje
de la taberna sagrada.

Vino de Verde soy
entre las hojas
de la poesía sagrada.



Fuente: Caminata en el bosque, Elicura Chihuailaf

lunes, julio 12, 2010


JINETE EN LA LLUVIA



Fundamentales aguas, paredes de agua, trébol
y avena combatida,
cordelajes ya unidos a la red de una noche
húmeda, goteante, salvajemente hilada,
gota desgarradora repetida en lamento,
cólera diagonal cortando cielo.
Galopan los caballos de perfume empapado,
bajo el agua, golpeando el agua, interviniéndola
con sus ramajes rojos de pelo, piedra y agua:
y el vapor acompaña como una leche loca
el agua endurecida con fugaces palomas.
No hay día sino los cisternales
del clima duro, del verde movimiento
y las patas anudan veloz tierra y transcurso
entre bestial aroma de caballo con lluvia.
Mantas, monturas, pellones agrupados
en sombrías granadas sobre los
ardientes lomos de azufre que golpean
la selva diciéndola.
Más allá, más allá, más allá, más allá,
más allá, más allá, más allá, más alláaaaaa,
los jinetes derriban la lluvia, los jinetes
pasan bajo los avellanos amargos, la lluvia
tuerce en trémulos rayos su trigo sempiterno.
Hay luz del agua, relámpago confuso
derramado en la hoja, y del mismo sonido del galope
sale un agua sin vuelo, herida por la tierra.
Húmeda rienda, bóveda enramada,
pasos de pasos, vegetal nocturno
de estrellas rotas como hielo o luna, ciclónico caballo
cubierto por las flechas como un helado espectro,
lleno de nuevas manos nacidas en la furia,
golpeante manzana rodeada por el miedo
y su gran monarquía de temible estandarte.


Fuente: Canto General, XV, Pablo Neruda.
Imagen: Xilografía, Arauco no domado, Santos Chávez.

domingo, julio 12, 2009



Poeta de los Pueblos



La América del Sur fue siempre tierra de alfareros. Un continente de cántaros. Estos cántaros que cantan los hizo siempre el pueblo. Los hizo con barro y con sus manos. Los hizo con arcilla y con sus manos. Los hizo de plata y con sus manos.


Siempre he querido que en la poesía se vean las manos del hombre. Siempre he deseado una poesía con huellas digitales. Una poesía de greda para que cante en ella el agua. Una poesía de pan, para que se la coma todo el mundo.


Sólo la poesía de los pueblos sustenta esta memoria manual.


Mientras los poetas se encerraron en los laboratorios, el pueblo siguió cantando con su barro, con su tierra, con sus ríos, con sus minerales. Produjo flores prodigiosas, sorprendentes epopeyas, amasó folletines, relató catástrofes. Celebró a los héroes, defendió sus derechos, coronó a los santos, lloró a sus muertos.


Y todo esto lo hizo a pura mano. Estas manos fueron siempre torpes y sabias. Fueron ciegas, pero rompieron las piedras. Fueron pequeñas, pero sacaron los peces del mar. Fueron oscuras, pero buscaban la luz.


Por eso esta poesía tiene ese sortilegio de lo que ha sido creado entre las cosas naturales. Esta poesía del pueblo tiene ese sello de lo que debe vivir a la intemperie, soportando la lluvia, el sol, la nieve, el viento. Es poesía que debe pasar de mano en mano. Es poesía que debe moverse en el aire como una bandera. Poesía que ha sido golpeada, que no tiene la simetría griega de los rostros perfectos. Tiene cicatrices en su rostro alegre y amargo.


Yo no doy un laurel a estos poetas del pueblo. Son ellos los que a mí me regalan la fuerza y la inocencia que debe informar toda poesía. Son ellos los que me hacen tocar su nobleza material, su superficie de cuero, de hojas verdes, de alegría.


Son ellos, los poetas populares, los oscuros poetas, los que me enseñan la luz.


(Prólogo para el libro La Lira Popular, editado en Santiago de Chile el 6 de marzo de 1966.)


Fuente: Para nacer he nacido, Pablo Neruda, Editorial Seix Barral, 1978.

sábado, julio 12, 2008


NERUDIANA


El mar entra en tus ojos

y los peces vuelven a ser estrellas

La luna florece de sal

y los poemas navegan en tus hojas

La tinta verde se abre surco en la arena

y las caracolas te soplan al oído

El sol está dormido en los libros

y los duendes te cantan al mediodía

Las gotas de vino caen sobre la tierra

y los pobres se llevan tu pan a la boca

La fiesta es una mariposa ebria

y los poetas se ahogan en tu mirada.