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sábado, enero 22, 2011


El lento silbido de los sables
(Patricio Manns, Editorial Catalonia)



por Alejandro Lavquén


El lento silbido de los sables (Editorial Catalonia). Patricio Manns entrega una novela ambientada en Arauco durante la llamada -de manera eufemística- Pacificación de la Araucanía que, históricamente, fue una guerra de exterminio contra el pueblo mapuche para arrebatarle sus tierras.

Fiel a su estilo y reafirmando su visión social de la literatura, el autor desenfunda sus argumentos con el propósito de esclarecer la distorsión de los hechos históricos. Narra la vida de Orozimbo Baeza, un joven que a instancias de su padre asume la carrera militar, siendo su destino, como teniente novato, la Décimoprimera División de ejército, que se encontraba en territorio mapuche, entre los ríos Bío Bío y Toltén. Poco a poco la crueldad de la guerra va transformando la personalidad del joven. Orozimbo termina involucrándose con una mapuche -Rayén-, con la cual tiene una hija, Luz de Luna, a la que siendo aún adolescente convierte en su amante.

La historia se centra fundamentalmente en torno al quehacer de Orozimbo Baeza durante la guerra, y en su comportamiento decadente, sobre todo en lo que se refiere a su relación con el sexo. Su personalidad es contradictoria, cruel, incestuosa, difusa, pero en particular denota graves trastornos relacionados con su vida sexual. Orozimbo padece una fijación enfermiza con el sexo, la que se manifiesta en acciones desquiciadas y en un lenguaje coprolálico del que hace alarde.

Patricio Manns, con el lenguaje soez y la degradación moral con que singulariza al protagonista de su libro, pretende entregar una metáfora de la guerra de Arauco en su dimensión más degenerada y violenta, corriendo el riesgo -quizá necesario desde un punto de vista- de exagerar en las expresiones y motivaciones libidinosas del personaje central. Por otro lado, la guerra y las necesidades que de ella surgen, dan pie para mostrarnos las relaciones que van naciendo entre invasores e indígenas. También nos muestra los problemas sociales que generó la guerra al interior de muchas familias y dentro del propio ejército.

La construcción del relato es sin mayores rebuscamientos narrativos, como sucede en novelas anteriores del autor. Acá todo sucede vertiginosamente, con diálogos breves y acciones rotundas. El desarrollo del tema se percibe urgente, con un protagonista ansioso por vivir a concho su decadencia, su impunidad. Y cuando nos referimos a impunidad, estamos hablando del ocultamiento tendencioso de una política de Estado que buscaba el exterminio del pueblo mapuche, aplicando acciones como la guerra de recursos y otras estrategias destinadas a minar la resistencia indígena. En ese sentido, libros como este son un aporte para rescatar la memoria histórica, por muy terrible que resulte leer sus páginas.


Fuente: Punto Final


jueves, octubre 21, 2010



Sándwich de Merluza


por Patricio Manns


¿Es posible que el hecho nimio, suscitado al calor de los acontecimientos en la Mina San José y sus arduas tareas de rescate, de cantar “Arriba en la Cordillera”, en la versión del dúo Piñera-Golborne, haya revolucionado de tal manera las cuadernas de este bajel llamado Chile?


Porque el hecho ocurrió: el capitán del bajel, Sebastián Piñera, acompañado en la guitarra por su Le Pera personal, el contramaestre Laurence Golborne, se lanzaron a voz en cuello a robar ganado allende la Cordillera de loa Andes.


Entusiasmadas por la singular situación, las mujeres de los mineros tragados por la tierra y que aún se mantenían ellas en stand by y que, según declaraciones de una de sus portavoces, “estaban que cortaban las huinchas”, aludiendo a su transitorio desamparo sexual, se unieron al consagrado dúo de cantantes-rescatadores porque de hecho se encontraban “arriba en la cordillera”, y al mismo tiempo arriba de la pelota.


No vamos a decir ahora que no fue emotivo, ni menos extemporáneo. La situación daba para todo.


Don Francisco tuvo necesariamente que tener luces del acontecimiento, pero se replegó en su tráiler por miedo a que le estuvieran pasando gato por liebre. Prefirió seguir gustando sofisticados copetes en plena Zona Seca con Ley Seca y todo. Algunos descendientes de arrieros que conocían de memoria la canción, se hacían guiños con los ojos como diciendo: “El original es mejor, es puro filete. Esto no pasa de ser un sándwich de merluza”.


Sin embargo, la peor parte la saqué yo. El teléfono sonaba y sonaba bravamente. Y unos trasnochados rabanitos me contactaron para increparme:


-Mire compañerito: los momios le están robando el tema.


-Bueno- les respondí filosóficamente: _En esta materia ellos están acostumbrados.


-Pero por lo menos ponga una cláusula y que no se vaya a meter el Negro Piñera que ya llegó a demarcar las líneas del campamento.


Cuando en esto me llaman de The Clinic y me piden que comente el encurto.


-Dicen que estás haciendo un giro a la DR –me advirtieron-. O que estás tratando de desplazar al ministro de la Cultura.


Tranquilizo al mundo entero. Ni me he ido a la derecha, ni he desplazado a Cruz Coke de su ministerio. En cuanto a Don Francisco, guarda un silencio de Sábado Gigante, secundado por Vivi, que hace lo propio en su sabadito. Así es que las cosas están tranquilas, no necesito ser rescatado porque están firmes mis pies sobre la tierra y ya hace muchos años que dejé el casco, la pala y el pico, para dedicarme a otros menesteres menos “derrumbantes”.


Fuente: The Clinic