miércoles, enero 06, 2010




Libros para niños: un puente de afecto y comunicación

por M. Teresa Vial



“A mí lo que me interesa fundamentalmente es la comunicación. Para cada obra busco, el camino más adecuado para que esta obra sea comunicada, sea comunicativa. La literatura es un gesto, una mano que se extiende. Y esa mano extendida es una mano que queda en el aire si no toca el hombro de alguien”.

Esta es la manera en que Antonio Skármeta –el inconfundible gestor, productor y presentador del que fuera uno de los programas culturales de la televisión chilena, El Show de los Libros, y un talentoso escritor, galardonado con los más importantes premios internacionales de literatura y traducido a veintisiete idiomas- interpreta la literatura.

HUV: ¿Cómo nació su interés por la literatura?



AS: Muy tempranamente me di cuenta de que el mundo real era tan excitante como el mundo que no existía, y que el mundo que no existía podía ser posible a través de dos vías: Una, la radio, donde gracias a mi abuela –que oía radioteatro y los seguía día a día tuve- una versión dramatizada del efecto de la fantasía. Y la otra, a través de las letras de las canciones populares de la época, que sentía que interpretaban mis sentimientos.

HUV: ¿Qué está pasando con la literatura hoy en día en Chile?



AS: Tanto en la literatura infantil como en la literatura general, el problema más agudo es la manera cómo se enseña la literatura. Y especialmente, cómo se enseña a niños y jóvenes hasta la escuela secundaria. Las profesoras se “infantilizan” para trabajar con los niños. Adoptan un vocabulario blando, una visión de la literatura melodramáticamente tierna, la endulzan demasiado, hasta hacerla relajante. No trabajan con los niños en un reportaje de la realidad y la fantasía, sino que siguen hablando del gatito y del pajarito y del ratoncito.

En la secundaria, muchos profesores están impartiendo la literatura de una manera “tecnificada”. Explotan el texto literario en sus formalidades estructurales. Están enseñando literatura con apuntes revenidos y añejos que han tomado en las universidades, y los presentan a alumnos que quieren leer, tecnificando a tal grado la historia y haciendo tan obtusa la interpretación y la comprensión de un texto, que los alumnos finalmente terminan confundiendo un Sancho Panza con un oxímoron. No puede ser. Hay una pedantería implícita, un desgano, un colonialismo cultural fuera de todo límite.

HUV: ¿Y ese infantilismo de los mediadores, no será producto de una necesidad imperiosa por atraer a los niños a la lectura, frente a este mundo lleno de estímulos?

AS: La presencia, el reintegrar la tribu íntima, que está dispersa en las comunicaciones, muestra una ansia de la gente por la intimidad. Y eso lo da la lectura, la sensación de que estamos leyendo frente al fogón, y el fogón es la imagen de la intimidad, una intimidad perdida, asediada frente a un hombre masivo.

Los árabes tienen una palabra para distinguir la magia engañosa de la magia verdadera, y a la magia verdadera le llaman POESÍA. Es esa que te deja turulato, mareado y encantado.

HUV: ¿Qué te llevó a escribir para niños?



AS: El tema, así como está planteado tradicionalmente, de hacer esta diferencia entre literatura infantil y la “otra”, es una diferencia que lleva a lugares comunes atroces. Por lo tanto, lo que yo podría decir respecto al escritor que yo soy, es que a mí lo que me interesa en literatura, fundamentalmente, es la comunicación. Para cada obra busco el camino más adecuado para que esta obra sea comunicada, sea comunicativa. Siempre creo que la literatura es un gesto, una mano que se extiende. Y esa mano extendida es una mano que queda en el aire si no toca el hombro de alguien. Entonces, cada historia que yo cuento tiene que encontrar el lenguaje adecuado para contarse. Hay algunas que tienen una enorme complejidad y hay otras que necesitan tener levedad, gracia, ser prístinas. A veces, esta comunicación puede ser muy compleja, y evidentemente un niño no alcanza a entrar en esa comunicación, no le llega por la complejidad como la dificultad del alma del escritor es expresada. Y otras veces puede ser que a un niño le toque una historia porque tiene una levedad, una transparencia, un vocabulario que es el que la historia necesita.


Fuente: Había Una Vez, Revista de Literatura Infantil-Juvenil, noviembre 2009.

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