lunes, abril 20, 2009




Lingua Comoediae Chilensis


Del uso de la lengua

para esconder la pelota


por Luis Casado


En Lingua Comoediae Chilensis el autor reacciona al envilecimiento por los políticos, los hombres de negocios y los medios de comunicación de la lengua castellana con el fin de transformarla en instrumento de dominación económica y sedativo político.


Luis Casado examina con ferocidad el nacimiento y el desarrollo de la jerga que se impuso en Chile bajo la dictadura militar y cómo ha servido al perfeccionamiento del orden económico innoble y depredador que prevalece hasta hoy en el país sudamericano.


Lingua Comoediae Chilensis es un manual de lectura de la realidad chilena actual.


Presentación de Alejandro Kirk


Un libro indispensable circula de mano en mano por Santiago de Chile: Lingua Comoediae Chilensis, primera obra de la editorial "el afilador" (así, con minúsculas) e impreso en Francia en marzo de 2009. En este texto de 132 páginas, el ingeniero socialista chileno Luis Casado (*) sistematiza con ironía el enjambre de términos y eufemismos -una tragicomedia- que desde la dictadura de Augusto Pinochet y su continuación hasta hoy en calidad de "democracia protegida", se ha tejido meticulosamente para camuflar la realidad y domesticar a la población.


En Chile, reporta Casado, han desaparecido absolutamente del léxico palabras y conceptos como pueblo, clase social, lucha de clases, igualdad, proletariado o salario. Liberar la palabra, concluye el autor, resulta indispensable para el relanzamiento de un proyecto popular de cambio político, social y económico.


"El 'cambio del valor de las palabras y su frecuencia' en el uso coloquial que se practica en Chile no se limita por cierto a la evocación de las miserias vividas en la dictadura criminal, represiva y ladrona, sino que se prolonga y profundiza en el Chile de la interminable 'transición' ", dice.


Según Casado, el trasfondo de este genuino lavado de cerebro verbal es la relación de complicidad establecida entre la desfalleciente dictadura de 1989 y la naciente coalición de "centroizquierda" conocida como Concertación Democrática, con el propósito de perpetuar el capitalismo neoliberal y garantizar la impunidad a los violadores de los derechos humanos a cambio de cuotas de poder.


Particular atención brinda Casado a la sustitución de la palabra "pueblo" por "gente". Explicada inicialmente como una técnica publicitaria para superar la carga ideológica que se le atribuye al término "pueblo" -vinculado a la izquierda- en realidad el término "gente" refleja la reducción de los derechos colectivos e individuales.


Mientras "gente" proviene "del latín genus, familia o tribu", la palabra "pueblo", del latín populus es un conjunto de ciudadanos que posee deberes y derechos civiles y políticos como miembros de una comunidad organizada", dice Casado.


"Si se logra expulsar del vocabulario cotidiano la palabra 'pueblo', útilmente reemplazada por 'gente', se expulsa en forma indolora hasta la posibilidad de debate sobre los derechos asociados a la noción de pueblo", agrega.


Mientras algunos especialistas ven la maraña de palabras mal utilizadas en Chile como expresión de la decadencia del sistema educativo -que ha reducido el léxico coloquial a no más de 600 términos-, Casado agrega una intencionalidad calculada: cuando un empresario construye una clínica, se trata de una "inversión", pero cuando el Estado construye un hospital, incurre en un "gasto social".


La diferencia no es nimia: mientras las inversiones son siempre indispensables, el "gasto" puede ser superfluo, sobre todo en épocas de crisis. Lo importante -esto sí sin equívocos ni ambigüedades- es mantener la tasa de utilidad de los empresarios, pues ella y sólo ella garantiza la inversión y la creación de empleos.


Y cuando de empleos se trata, subraya, los asalariados ya no existen, han sido reemplazados en Chile por miniempresarios que emiten "boletas" por su trabajo, cuyos beneficios sociales dependen de ellos mismos. Son, por tanto, estadísticamente "empresarios" millones de aseadores, vigilantes, recolectores de fruta o recogedores de basura.


Cuando estos "empresarios" son despedidos por sus patrones (otra palabra eliminada), ese acto se describe como "desvinculación". Asi van desapareciendo no sólo la cesantía (otra palabra proscrita), siono también las clases sociales, reemplazadas por "grupos socioeconómicos" categorizados por su nivel de ingreso según el sistema desarrollado por los publicistas (A, B, C, D, E y sus variantes).


Paso a paso, Casado va describiendo el panorama que se oculta detrás de un lenguaje a veces ridículo (en Chile los huecos de las carreteras se llaman "eventos" y los enfermos no son hospitalizados, sino "derivados") y abre el apetito de la lectura con comentarios incisivos e ingeniosos.


El resultado es a la vez aterrador e indignante: estamos en manos de una mafia gigantesca que ha logrado domar -esperamos que temporalmente- mediante la idiotización cultural y lingüistica a las mayorías, para convencerlas de que no son pobres y de que si lo son, es su propia y exclusiva culpa.


"Habrá que devolverle sus letras de nobleza a la izquierda política, esa que rechaza el derecho a veto del monarca, de los poderes fácticos, del poder del dinero, para consagrar la soberanía del pueblo como única fuente de poder legítimo en democracia", concluye Luis Casado.


Luis Casado


Originario de San Fernando, Colchagua (Chile), Luis Casado efectuó sus estudios en el Liceo público, laico y gratuito de la ciudad, formación que le abrió las puertas de la Universidad Técnica del Estado en Santiago y le permitió luego estudiar Ingeniería Civil en La Habana, Contabilidad y Gestión Financiera en la Universidad de París XII y obtener un diploma de Ingeniero de Estado en el Centre d'Études Supérieures Industrielles de Francia.


En 2006 fue premiado por la Cámara de Comercio e Industria de París por su aporte a las innovaciones tecnológicas en el sector del Transporte Público. Su actividad profesional le ha llevado a trabajar en más de cincuenta países de los cinco continentes.


Sus incursiones en la economía le han llevado desde hace algunos años a dar clases como profesor invitado en el INT (Institut National de Télécommunications) de Francia, a escribir numerosos artículos en la prensa nacional y extranjera, a publicar dos libros y a tranformarse en un crítico temido del modelo neoliberal.


Fuente: Clarín

Imagen: Portada de Lingua Comoediae Chilensis, Editorial el afilador, 2009.

No hay comentarios.: