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jueves, agosto 23, 2012



Manuel García, músico y cantautor:
"La poesía es el brazo armado de la protesta social"

por Isabel Díaz Medina

Cuatro discos como solista, luego de una larga trayectoria junto a "Mecánica Popular", han convertido al cantautor Manuel García, de 42 años, en uno de los músicos chilenos más reconocidos y de mayor proyección. Su paso por el Festival de Viña del Mar no dejó indiferente a nadie. En plena presentación leyó una carta al presidente Sebastián Piñera donde expuso situaciones de pobreza y de injusticia del país. Recientemente fue nombrado embajador de la Cultura Chinchorro, una de las más representativas de su Arica natal, donde estudió música e historia y geografía. En los 90 se trasladó a Santiago donde estudió guitarra clásica en la Universidad Católica.

En entrevista con Punto Final Manuel García  repasa su vida en el norte, en una población marginal del cerro La Cruz; opina sobre el movimiento social, los derechos humanos, la represión contra el pueblo mapuche y su inminente encuentro con el presidente Sebastián Piñera. García repletó tres días el Teatro Caupolicán y se fue de gira al sur, en el marco del lanzamiento de su disco Acuario, donde introduce una nueva sonoridad pasando del estilo trovador a una faceta más electrónica.

En las presentaciones en el Teatro Caupolicán invitaste a un amigo de la adolescencia a cantar. ¿Cómo fue tu niñez en el cerro La Cruz, en Arica?

"Yo soy un 'patipelao', por dos razones: porque en el norte se puede andar a pata pelada todo el tiempo, hace calor, y porque soy parte del mundo de la pobreza. Me crié en la Población Miramar, en el cerro La Cruz de Arica. Es un poblado de casas de cholguán que fueron parte de una toma en el 70. Se fue convirtiendo en una población organizada, pero siempre precaria y marginal. Había muchas limitaciones a nivel de servicios básicos. Todo lo que se necesitaba quedaba en el centro de la ciudad. Ese es mi origen.

¿De esas carencias, qué recuerdos rescatas?

"Primero, la geografía. El cerro La Cruz es un lugar histórico. Tiene mucho que ver con la guerra del Pacífico. Teníamos contacto directo con la historia, a partir de cosas que encontrábamos. Botones del 4º de Línea, cosas alucinantes que nos comunicaban con otros mundos. Unos compañeros encontraron un cementerio indígena en los faldeos del Morro de Arica. Rescato a mi madre, una persona muy importante en la formación de mi cultura artística. Ella es chillaneja, estudió en el Liceo de Niñas de Chillán. Aunque éramos pobres, siempre fue muy fina, buena lectora, ingeniosa dibujante, con quien podíamos compartir y hacer las tareas. También rescato la guitarra de mi papá, la típica guitarra chilena del mundo de la parranda, pero que igual se va enriqueciendo con lo popular. El ritual de cantar es la oportunidad que uno tiene de escuchar desde niño versos populares, canciones de amor, pensar el mundo, entenderlo a partir de una canción. Eso eran los momentos en que se iluminaban los paisajes de la pobreza. También la voz de los profesores que hacían su apostolado haciendo clases en un colegio del cerro".

CULTURA NORTINA

En Chile hay diferentes identidades territoriales, como la chilota, la patagónica, la de La Araucanía...¿Hay identidad de los pueblos del norte?

"Hay una relación identitaria súper potente con los países vecinos. El norte está atravesado por una cultura andina que se relaciona directamente con Perú y Bolivia. Ahora que he viajado a México, he conectado ese mundo indígena tan poderosos con raíces que llegan hasta el norte chileno. Desde la comida hasta los rituales, los colores, las fiestas, hay una relación súper potente entre el norte y las antiguas culturas de América. Esto genera una identidad. Por otro lado, están las ciudades desérticas muy vinculadas al mar. Generan otros espacios: el mundo de los pesacdores, el mundo marino, que es muy potente. En el mundo de lo desértico está el hecho natural de la alucinación garcíamarquiana a la hora de enfrentar los días, atravesados casi todos por la siesta. A partir de esa ensoñación, donde cada uno después del trabajo puede volver a su casa a dormir, a soñar, hay un ambiente onírico en las tardes, cuando hace calor. Es lo que pasa también en países tropicales, porque el norte tiene algo de trópico en su cultura".

¿Le recomiendas a los jóvenes venir a la metrópolis? ¿A los que vendrán, qué les sugerirías?

"Siento que cada vez hay que reforzar más el sentido de la provincia, darle valor a los proyectos que tienen que ver con los lugares territoriales. Hay algunos sueños y proyecciones que están vinculados directamente a esta gra capital, como estudiar cine, danza, música docta o clásica o hacer algún trabajo para difundir la música a nivel propfesional, como es mi caso. Todo el mundo a la larga tiene que relacionarse o terminar vinculado a la gran capital, porque lamentablemente somos un país centralizado, de manera un tanto injusta. No hemos logrado darle el valor que cotrresponde a las instituciones culturales de la provincia. Hay artistas ingeniosos, escritores interesantes, que han hecho su obra desde la provincia, empezando por Hernán Rivera Letelier que nunca se ha relacionado al mundillo -como dice él- de la guerrilla literaria santiaguina y desde su lugar no sólo hace patria, sino también una literatura universal. Hay estrategias, y los jóvenes seguramente podrán crear las suyas para hacer productos de calidad artística o concretar sus sueños en la medida que también puedan expresarse desde la provincia. Viene a cuento el adagio 'cuenta tu aldea y contarás el mundo'".

LA MÚSICA Y SU INSPIRACIÓN

¿Cuáles son tus fuentes y temas de inspiración?

"Me he dado cuenta, a través de la creación, que hay algunas cosas que son como los mundos en los que uno se mueve. Uno es el mundo naturalmente existencial, donde juega un papel importante el amor, las dudas naturales del ser humano, la muerte, la vida, las cosas que a uno le dan vuelta y le inquietan en el corazón, los recuerdos, y la proyección imaginaria hacia el futuro. Otra inspiración profunda es la otredad, el otro, el relato, la conversación, lo que se va enriqueciendo día a día, quienes te influyen con su magia, con su forma de contar un sueño, una anécdota, una historia. Además, todas aquellas cosas que son parte del relato del mundo, donde podemos incluir los libros, poemas, pinturas, las expresiones artísticas, una película. Otra fuente importante es la simple observación de la naturaleza, muy profunda; el hecho que la naturaleza pareciera estar contando algo, un relato silencioso, pero que a la larga uno tiende a traducirlo en palabras. Los seres de la naturaleza, los fenómenos, los sucesos, la aparición y desaparición de la tarde y la noche., los ciclos naturales de las estaciones, el comportamiento de los árboles, los movimientos de la Tierra, de alguna manera van escribiendo en uno una historia cósmica".

¿Y lo social?

"El relato que impone lo social ocurre de una manera espontánea. Eso forma parte de preocupaciones que son existenciales. En el caso de la canción 'El viejo comunista' quería escribir la historia de dos amigos que se encontraban y que han vivido vidas distintas. Al principio se iba a llamar 'Extrañas coincidencias'. Lo mismo con el tema 'Piedra negra', recogiendo la experiencia de los muchachos que tienen una visión crítica de la política y la sociedad.
En el tema 'Alfil', escribí un paisaje de amor, que tiene que ver con la vida cotidiana y aparece como parte del paisaje natural la idea de jóvenes estudiantes marchando por las calles. Esto surge dentro de la contingencia de las grandes marchas. También puede surgir de otra contingencia una crónica o una canción directamente política. Tiene que ver más con el ejercicio natural de escribir, en el aspecto estético, y donde mi propia preocupación aparece puesta ahí como parte de ese paisaje".

Cuando murió Nelson Schwenke, Mauricio Jurgensen, crítico de música de La Tercera, dijo que el Canto Nuevo no tuvo trascendencia. Y tu inicias tus últimos recitales con una canción del dúo valdiviano. ¿Rebates a Jurgensen?

"Creo que hay una música que tiene su propia forma de ser y su propia manera de existir dentro de un contexto social. En el caso del Canto Nuevo no todos los artistas fueron parte de las luces, cámaras, televisión y radio. No nos imaginamos a Nelson Schwenke tocando en cualquier programa de televisión, invitado una tarde a Sábados Gigantes. No lo queríamos ver ahí.

Pero el tiempo va cambiando y las estrategias también y la música alcanza nuevas formas de lectura. La figura de Schwenke y Nilo como dúo estaba en alza. Seguramente hubiesen llegado a realizar recitales más grandes. Si yo hago un concierto en un teatro grande es porque también hay una voluntad ciudadana de que eso ocurra. La ausencia de Nelson Schwenke es un llamado de atención. Uno está muy tranquilo cuando está el capitán haciendo goles, y uno puede jugar de medio campo. Pero cuando ese personaje falta y tienes que tomar la pelota, la responsabilidad se viene encima, como una adultez. A mí me pasó eso con la muerte de Nelson".

Estudiaste pedagogía en historia y geografía en la Universidad de Tarapacá. ¿Cómo vinculas la historia y la música?

"Tengo un mundo vinculado a la historia súper potente. Con mis compañeros de la universidad nos vemos, siempre. Estoy releyendo mis libros, me gusta mucho la historia. Cuando empecé a componer una de las temáticas que me interesaba era el mundo enriquecido por la historia, que también son paisajes nuevos, épocas y temporalidades diferentes. El que lo ha hecho con bastante acuciosidad es Patricio Manns, cuando escribe canciones como 'La preguntona', donde nombra a Higinio Muna, la Rosa Huecho. Busca en los anales de la historia, a los personajes en cierta penumbra, y los pone en relevancia y les da como el aire de la época".

¿Cómo calificarías a la nueva camda de cantautores chilenos -como Chinoy, Evelyn Cornejo-, de la que formas parte?

"Tengo admiración por los muchachos. Chinoy es un genio, recogió toda la canción popular, el lenguaje callejero, y lo levantó al más alto estatus de la poesía chilena. Es impresionantemente magnético, carismático, amoroso en su forma de ser, humilde y sencillo al compartir un espacio. Yo lo sigo. Me gusta mucho también el trabajo de Evelyn Cornejo, es súper honesta y genuina, talentosísima. Me encanta que ande cantando por ahí sin pretensiones. Lo que pasa con ese movimiento, que incluye muchos otros artistas, es que hay una inquietud súper amorosa del pueblo chileno por escucharlos, algo que va más allá de sus propios talentos, de sus capacidades, tiene que ver con algo que los artistas debemos cuidar mucho, que es esa confianza que el público te entrega".

EL ARMA DE LA POESÍA

¿Y la política, qué espacio tiene en tu creación?

"Me surge natural la preocupación moral y ética que tiene que ver con el esquema de la política. Siempre me he relacionado directamente con la política, a pesar que como artista veo el mundo desde un punto de vista muy estético. Pero mi raíz, mi sentimiento, mi sensación de mundo, está vinculada a gente que le cuesta el día a día, al que va en la micro, al pobre. Esa fue la historia de mi vida y todavía, en algunos sentidos. Tengo familiares que son parte de eso, y muchas costumbres y traumas que uno tiene vienen de allá, de una cosa que es directamente el abuso de una casta social sobre otra: la lucha de clase. En el sentido más concreto: el pez más grande se come al más chico. El ahber vivido en carne propia el falgelo de esa injusticia no se me puede olvidar, no se me puede salir de la piel. Históricamente somos países que nacimos en la injusticia social, a la expoliación de unos por otros. Eso se mantiene en el tiempo".

En Temuco dijiste unas palabras sobre los derechos humanos del pueblo mapuche. ¿Cuál es tu diagnóstico de los derechos humanos en Chile?

"Hay voluntades, conversaciones, inquietud, pero estamos lejos de entender el concepto de derechos humanos. Como país tenemos una cultura que sigue siendo xenofóbica. La población chilena no se da cuenta que nos discriminamos unos a otros. No hay conciencia tampoco de los derechos de uno mismo.

No solo un gobierno que reprime de manera brutal en La Araucanía es responsable; también es quel ciudadano que cree que no tiene nada que ver con el asunto, que no tiene vinculación histórica o natural con esas situaciones. Las personas piensan que los detenidos desaparecidos son historias del pasado. Que se realice un homenaje en el Caupolicán a Pinochet es algo que pone en riesgo a toda la población".

¿Cómo ves la protesta social en Chile?

"Me gusta el movimiento social más allá que si en la coyuntura ha logrado o no los objetivos, como la gran demanda que es educación sin lucro. Encuentro hermoso el sentido ciudadano y amoroso con que la gente se ha volcado a las calles. Se ha tomado conciencia que existimos como realidad social. En las marchas hay actos poéticos que tienen que ver con expresarse socialmente. Como cuando las madres se ponen las cmisas de los muchachos con la corbata para atrás, cuando salen con sus banderas, con carros alegóricos, cuando los estudiantes generan nuevas maneras de decir las cosas y de hacer unas performance para reclamar y exigir derechos. El brazo armado de la protesta social es la poesía. En ese sentido, Neruda, De Rokha, Parra, Teillier, nuestros poetas más queridos, de alguna manera se ven representados en un gesto colectivo, en un acto, en una forma de ser. Tengo la sensación que en todo el país la gente se está organizando en torno a temas no sólo políticos, sino también culturales. Ahí hay una gran fuerza".

En la carta que leíste en Viña del Mar anunciaste que querías reunirte con el presidente Sebastián Piñera para contarle diversas situaciones de injusticia que ocurren en el país. ¿Has podido reunirte con él?

"Tuve unos llamados de parte de La Moneda que al final desestimé que fueran ciertos. No los noté formalmente correctos. Pero veo que cada vez se acerca más esa reunión. Creer que voy a lograr algún cambio, es un acto poético y ciudadano de ejercer mis derechos".

¿Qué le dirías al presidente Piñera ahora que estás llenando estadios?

"Le diría lo mismo que hubiese dicho a un presidente hace diez años, o hace un mes o el próximo mes. Mi preocupación por los temas que tienen que ver con los derechos humanos, con los niños mapuches. Le diría lo que sé de las organizaciones y familias que conozco, que no están utilizando a los niños como escudos. Eso es mentira. De las situaciones de pobreza que uno ve en la población. Soy de Peñalolén y veo en la feria cómo la gente está vendiendo sus cosas en la calle para comer y sobrevivir. La gente está vendiendo por una miseria su equipo de música, sus discos. También lo que percibo de los estudiantes y la información que manejo, que es bastante, porque he viajado de unn lado a otro viendo las realidades del país. La gente tiene más fe de la que debería en un artista músico. Entonces, le pasan a uno los proyectos de las organizaciones sociales, las quejas, las preocupaciones, las cartas que tienen que ver con su realidad".


Fuente: Punto Final



domingo, junio 24, 2012



Manuel García, el trovador que le canta al futuro
El ariqueño está a días de lanzar "Acuario", su cuarto disco como solista. En la obra tomó riesgos como componer en piano, fundir sonidos beat y usar imágenes del hombre en el futuro.

por Leonardo Riquelme

"No dejo de pensar, que estoy en el mismo lugar, que el viento hará brillar las llaves de una puerta que ya está abierta de para en par", dice Manuel García en "Carcelero", el primer single de su disco, Acuario, el cuarto como solista y que sale a la venta el 7 de julio.

La selección no es antojadiza. La letra refleja lo que el ariqueño quiere decir con este trabajo: una reflexión sobre el presente y el futuro, pero con notas y sonidos propios del beat sesentero. García corre riesgos, pero dice que le gusta el resultado.

Su trabajo es parte del "cancionero" del movimiento estudiantil. Con voz pausada y timbre agudo -que algunos comparan con el de Silvio Rodríguez- no ha dudado en hablar de temas de contingencia ante el público. El verano pasado lo hizo en la Quinta Vergara, en el Festival de Viña del Mar. Esa noche, leyó una carta en que le "contó" al Presidente Piñera, "con respeto y cariño que la gente lo está pasando mal en Cabildo, en Aysén, en Temuco, y que los estudiantes no lo dejarán dormir, si usted no los deja soñar".

-Tu trabajo siempre se ha vinculado con la actualidad ¿Qué contingencia hay en este álbum?
-La revisión existencialista del siglo XXI respecto a los valores más profundos del ser humano. Es una reflexión que no tiene que ver con lo actual, lo quemante, lo social o político, como en otros trabajos. En este disco hay un planteamiento interno de esta especie de vorágine, de naufragio del ser humano. Tiene que ver con el descrédito de la política, de la oferta y demanda y que se traduce en la relación con el vecino, en las relaciones de parejas, en la relación con las máquinas, en la conectividad y la comunicación masiva, algo de lo que somos parte todos los días, pero que cuestionamos igual. Siento que hay una amargura que el ser humano está masticando lentamente y que ya no tiene que ver si cambiamos o no al Presidente de turno, sino con nuestra ética con el prójimo. En el disco eso está plasmado con imágenes de ciencia ficción, con la proyección del ser humano del futuro.

-¿Fue más difícil este disco que los anteriores, dada las expectativas; o se hizo más sencillo?
-Ha salido todo muy natural, porque soy un artista en permanente ejercicio de creación, de autocrítica y de replanteamiento estético. Me gusta mucho correr riesgos, incorporar cosas nuevas, buscar mundos distintos. Desde que comencé a presentar mi disco Sin Título, hace dos años, he estado planteando en mi casa y en estudios de grabación el nuevo disco que ahora presento. esta es la etapa de maduración de un proceso muy largo.

-¿Cuáles fueron los riesgos que corriste en "Acuario"?
-Por ejemplo, compuse muchas canciones en piano, cuando yo soy mejor guitarrista. El piano lo manejo de manera rudimentaria. Otro riesgo fue confiar en un productor musical y decir:'bueno, vamos a tomar programaciones electrónica'. La persona que intervino en mis canciones, fue Marcelo Aldunate. Otra apuesta fue sumar a más compositores, como los hermanos Durán, de Los Bunkers. Quería ir hacia otro mundo con lo melódico más beat y con el pop. TRaté de aterrizar aquellas influencias que me gustan, con materiales con los que no había trabajado nunca. Y al final de todo, quedé muy satisfecho. Tengo mucha curiosidad por tocarlo en vivo y ver qué emociones provoca este empeño y experimentación en los demás.

-Dos ministros acaban de arrepentirse de apoyar el régimen militar por las violaciones a los derechos humanos ¿Crees en esa redención?
-La redención es una palabra muy bella. En ella cabe todo: el arrepentimiento, mirarse a sí mismo, la reflexión de los errores cometidos y mediante ese reconocimiento la curación de las heridas. Yo prefiero mantenerme alerta. Como ciudadano espero que no sean nuevos trucos. Hay una desconfianza ciudadana generada por muchos años de estrategias políticas que no nos han llevado a buen puerto, y eso es de parte de todos los gobiernos. Por eso hay un descreimiento político y social tan grande. Espero que esas promesas se demuestren con hechos.

 
Fuente: Emol


domingo, febrero 26, 2012





La danza de los Manueles



por Manuel García


Yo era un pasajero triste
comiendo solo en los hoteles
caminando por los pasillos con fiebre
pensando siempre en mujeres.

Tropezando entendí el paso
del baile de los placeres
cayendo fuera del marco
entendí como son los Manueles.

Vuelan mientras van cayendo
después lloran su suerte
Manueles caen de boca
Manueles pasan de frente
durante generaciones
como una torre de peces.

Parece que un mequetrefe
los fuera apilando sin tino
primero se toma el vino
y después acomoda Manueles.

Va haciendo una torre muy alta
como si fueran jureles
bajo un chorro de luna
como el orín de un pelele.

Manueles vuelan de noche
en el día no saben ni quienes.
La misma suerte el abuelo, el padre y el nieto de ése.

domingo, enero 09, 2011




Notas Musicales



por Manuel García


Soy un ciudadano que tiene inquietudes internas muy ligadas a la identidad. En Shangai representaba a un viajero espacial que llega a un planeta y quiere comunicar algunas cosas en relación a preguntar algunas cosas y contar algo. Fui un ser que buscaba a otros seres. Fui como un personaje cotidiano que viene de una vida cotidiana, de un país que también tiene ciertas similitudes y, por supuesto, profundas diferencias con otro lugar. Lo que yo era dentro del pabellón de Chile en la Expo Shangai era una necesidad latente de producir y de entablar una relación amorosa con otros seres.

En el Chile actual, veo por un lado un país que ha naufragado en muchos temas, hay una destrucción profunda, un desencanto del pueblo, una describilidad de lo político, una percepción errónea, equivocada y torcida frente a un espejo que ha sido creado por los medios masivos de comunicación donde la imagen que se deja es a un chileno que está viendo una imagen falsa de sí mismo. Entonces, se ha generado un país con muchos mitos y muchas mentiras con respecto a quiénes somos verdaderamente. Un pueblo que se siente mása solidario de lo que realmente es, que no es xenofóbico siendo que lo es, que se siente amigo y compañero siendo que no lo somos y, en ese sentido, veo que no hay un reconocerse en el otro, no hay un respeto por el otro. En Chile se perdió esa capacidad humana de sentirse parte de un global, en gran parte de la sociedad ha triunfado el individualismo, ha triunfado el gran letrero del exitismo, y eso produce angustia, produce pena, produce una necesidad de aferrarse al Facebook a Internet y encontrar una serie de triquiñuelas que no son exactamente comunicación; se habla de la relación de las comunicaciones pero no hay más incomunicación que esa lucha desesperada por finalmente encontrarse. Sin embargo, por el otro lado de la moneda veo una juventud esperanzadora que crea bandas de rock, de donde nacen pintores, artistas, una juventud que fue capaz de organizar movimientos como los pingüinos, una juventud mucho más ambientalista que hace muchos años atrás, y sobre todo una juventud que está observando con mucha desconfianza pero también con un criterio crítico y activo la política actual de los más viejos. Por ahí se conjugan estas dos cosas en un conflicto social que se hace bastante poco visible desde los medios, pero que existe de forma constante. Esta lucha por ser mejor sociedad de una minoría y una sinrazón, un poco gratuita, de una mayoría.

Con esta columna, más que a colaborar vengo a sumar fuerzas. Lo que yo hago pertenece a este mundo de lo alternativo, de lo autogestionado. Ahora hay una visibilidad más masiva de mi trabajo, pero gran parte de mi trabajo viene desde lo subterráneo, en los espacios universitarios, en parte de una población, en una olla común, en los actos políticos y desde ahí la construcción de mi trabajo no pudiera haberse hecho si no fuera por esta fuerza que existe entre el poeta del barrio, el escritor universitario, la revista liceana, las organizaciones sociales que hacen puesta en escena de teatro, de música, de festivales que no son visibles en forma masiva pero que cumplen con la función de mantener vivo el arte, mantener viva la educación, de mantener vivo el derecho del hombre a crear y de recrearse.

La aparición de la nueva trova chilena, de la cual soy parte, se da porque mucha leña ya venían echando al fuego muchos otros artistas también durante años. Se ha creado una cultura popular en torno a la guitarra desde nuestros grandes ancestros musicales como la Violeta, Víctor y otros tantos, y se ha venido multiplicando ese valor de guitarra en guitarra hasta que de pronto tiene una visibilidad en estos años más masiva porque de alguna manera se ha ido acumulando una historia tal que permite que los nuevos talentos jóvenes tengan un bagaje muy interesante. Lo que hace que este movimiento exista en la escena de la música popular chilena es una voluntad de pueblo, es una voluntad de aquellos que quieren escuchar y que valoran y que son quienes llenan los teatros, quienes compran los discos, quienes se enteran. Una voluntad de aquellos que finalmente han puesto oreja y han depositado su confianza, su tiempo y su silencio para que pueda ser la tierra fértil donde surge esta nueva música chilena actual, que al parecer tiene sus características propias.



A veces podemos estar vinculados a rock Carnaza y a veces estar inaugurando el Gabriela Mistral, y esto se debe a una relación que se produce entre el artista y su propio trabajo. Hay instancias culturales que en un país existen y que uno trata de aprovechar de la mejor manera posible para hacer visible el arte y conectar ciertos temas y legados que a veces ni siquiera son bienvenidos. Chinoy estuvo en el estadio para la celebración del bicentenario, donde el gobierno quería mostrar a un país que celebra 200 años de cosas fantasma, cuando el lema popular era "nada que celebrar", y Chinoy dio su mensaje ahí. Y es que los grandes escenarios siempre han estado vinculados a la empresa privada, y si uno quiere acceder a un gran escenario, con buenas luces, con buen sonido y masivo, finalmente esta mixtura se da igual. Quien tiene que distinguir ahí y tiene que reclamar su derecho como auditor a saber qué está escuchando y qué está viendo, es el público. El público tiene que ser crítico y tiene que quedarse con aquello que más sabiamente el corazón le dicte. Lo importante es que uno como artista quiere acceder a todos los espacios mientras a uno lo reciban con sus temas y con su música, que no haya censura, y lo que uno haga no vaya en contra de sus principios como compositor, como ser humano. Para mí es muy importante cuando estoy en un escenario, ocupar el espacio de una canción para repetir las palabras de Allende, pues él tenía una fuerza, una cualidad de decir cosas muy ciertas y muy importantes a través de un lenguaje que se ve muy poco en la política actual, y que es el lenguaje de la poesía. Para mí sus discursos son más que discursos, son una especie de poema épico que mientras más lo digo más me doy cuenta de lo contingente que es en el día de hoy. Y me conmueve también el hecho de que en cada lugar donde yo canto siempre es vigente. Siempre es necesario, lo que habla de la necesidad de que alguien nos hable con amor, con una forma paternalista cariñosa como de un guía, como un ser espiritual profundo, y que al mismo tiempo nos acaricia con esa poesía, con esa palabra, y me doy cuenta de que eso es lo que más hace falta. Cuando cito sus discursos me parece que estoy repitiendo las palabras de un abuelo. Es necesario para mí hacerlo, es familiar, es una especie de un ritual de sanación o de esperanza cada vez que esas palabras llenan la voz interna.

Yo tengo deseos como ciudadano, como una persona de la sociedad que quiere ejercer su derecho de expresión, su derecho de opinión, su derecho a estar involucrado, su derecho a estar en política. Ser parte de la construcción política de la sociedad. Eso individualmente me preocupa mucho, naturalmente por mi arte. El arte que yo hago lo encuantro en función de la belleza. Si esa belleza es un día una mariposa posada en una flor, entonces esa belleza la expreso en mis necesidades. Yo digo lo que creo, y trato de vivir a través de esa belleza. Si esa belleza hoy día es una preocupación política, social, y si eso puede ser parte de una canción entonces está ahí en una canción. Es decir, la canción siempre va en la búsqueda de la belleza y si para uno la belleza es la construcción de una mejor sociedad, una preocupación que uno encuantra en otro, una reflexión, entonces ahí mi canción se convierte en política y aspira a lo que yo aspiro también como ciudadano, a una sociedad más justa, como dice el discurso de Allende. Uno trata de construir críticamente no sólo hacia fuera, sino que también internamente, también mirándose, también exponiendo lo que uno piensa y opina, sin que ello sea necesariamente la verdad absoluta, pero sí la verdad en la que uno cree en aquel minuto, puesta muy valientemente sobre la mesa, con todos los puntos sobre las íes, y tratando de ser lo más honesto y lo más verdadero.

Fuente: Revista MALA: educación, cultura y sociedad, Nº1, noviembre 2010.

sábado, mayo 30, 2009




Pañuelí


(a Víctor Jara)


Caen diamantes del cielo

y ya sé

que va a llovernos

que va a llovernos

Guarda mejor tu volantín para mañana

Mira que hoy el cielo va a llorar con ganas

Mira que hoy el cielo va a llorar con ganas


No tengas pena no me hagas mirar

la dulce patria

aquí en mi pecho

la dulce patria

Yo tengo aquí un pañuelito pa' bailar

Yo tengo aquí para bailar un pañuelí


Recuerda que todo puede volar

con viento fuerte

un viento fuerte

Te va a llevar cerca de aquel cielo celeste

y vas a ver que estrella en mí: llora septiembre

y vas a ver que estrella en mí: llora septiembre

y vas a ver que estrella en mí: llora septiembre

Y al despedirse de mí: un pañuelí

Y al despedirse de mí: un pañuelí.


Entrevista realizada por David Ponce
El folclor
Las dos tonadas que menciona Manuel García son las canciones "Los colores" y "Pañuelí", que data de antes de Mecánica Popular, cuando hacia 1997 tocaba en el grupo de música latinoamericana Coré.
-"Pañuelí" apareció solita, sin yo ir a buscar una fórmula de tonada ni nada, y siempre tuve la idea de que cantaba una mujer. Cuando la hice de alguna manera pensaba que la cantaba la Isabel Parra. Qué raro, no sé si uno establece una copia insconsciente a un referente interno. Y el estribillo era bien místico, porque tenía relación con un sueño que tuve con Víctor Jara. Él me cantaba "Yo tengo aquí un pañuelito pa' bailar / yo tengo un aquí para bailar un pañuelí", como en una reja de mi casa en el norte. Y eso lo grabé una noche en una grabadorita, medio dormido, medio inconsciente.
-¿Y era Víctor Jara el que te cantaba esa canción en el sueño?
-Claro, ese puro estribillo. Y completé el resto después.
Fuente: David Ponce

domingo, enero 11, 2009

Manuel García en la Fiesta de los Abrazos 2009
(fotografía de Víctor Manuel Evert Carreras)


Pañuelí


por Manuel García


Caen diamantes del cielo

y ya sé

que va a llovernos

que va a llovernos

guarda mejor tu volantín para mañana

mira que hoy el cielo va a lorar con ganas

mira que hoy el cielo va a llorar con ganas


No tengas pena no me hagas

mirar

la dulce patria

aquí en mi pecho

la dulce patria

yo tengo aquí un pañuelito para bailar

yo tengo aquí para bailar un pañuelí


Recuera que todo puede

volar

con viento fuerte

te va a llevar cerca de aquel cielo celeste

y vas a ver que estrella en mí. Llora septiembre

y vas a ver que estrella en mí. Lllora septiembre

y vas a ver que estrella en mí. Llora septiembre

y al despedirse de mí; un pañuelí

y al despedirse de mí; un pañuelí

jueves, agosto 21, 2008



MANUEL GARCÍA, cantautor chileno

“Facebook es el gran ídolo falso de hoy”


Conocido por ser la introspectiva voz y guitarra del noventero grupo Mecánica Popular, el ariqueño Manuel García impresionó a todos en 2005 con la simpleza de su primer trabajo en solitario, “Pánico”. Por estos días ha sacado su último disco, “Témpera”, y a poco del lanzamiento habló con The Clinic sobre él, sobre la endeble corriente trovística chilena y sobre sus dudas de quedarse en Chile o irse a España, donde lo han recibido con los brazos abiertos. Además, se explaya sobre su teoría de lo que es folclórico y lo que es folclore, y explica por qué la tele le parece una “vergüenza”.

Por Juan Pablo Abalo


A propósito, ¿qué te parece la televisión chilena?

-Me parece que si en algún lugar se puede percibir lo oscuro que puede llegar a ser el poder, es en la televisión. Estamos viendo una cosa que llega a dar vergüenza.

¿Qué?

-Los modelos de belleza, el nivel de discriminación con la población, los reportajes dirigidos a desprestigiar la vida de la gente más pobre. Ponen a esta gente como unos miserables criminales. He llegado a pensar que todo esto de las noticias es una especie de película de ciencia ficción y justo aparecen con todo eso a la hora que la gente llega más cansada, con la necesidad de hacer catarsis. La TV de hoy es como un conjunto de grandes controles de masas. Es como Orwell. Hay un reloj ajustado que funciona como un gran monstruo debajo de todo esto de la televisión.

¿Y no crees que también en la industria musical hay mucho de plástico, que pasan mucho gato por liebre?

-Sí, me parece que hay muchísimo de eso y que va a ir decantando con el tiempo. Por eso te hablaba de estos cuadros pésimos y que seguramente con el tiempo quedarán para ser visitados por la arqueología. El talento es muy fácil disfrazarlo de muchas cosas… Debe ser que si vivimos en medio de un bombardeo de las comunicaciones, rápidamente alguien que no ha trabajado en su arte se puede colgar de fenómenos comunicacionales. Como que me dijerai que ahora está de moda el Víctor y la Viola y cualquiera que no lo ha tocado nunca se agarra un bombo y lo mete a una hueá que venía haciendo y sacamos discos de homenaje. Pero cada uno lo sabe, el folclor no es de nadie y si alguien quiere tocar el bombo que lo toque, ahí ha estado siempre.

¿Y para ti la música tiene que cumplir un rol o basta con que satisfaga la audición?

-Yo creo que esas significaciones al arte se las da el público y los momentos históricos que vive un determinado país. Ahora, yo creo que el deber del artista es la estética, y si en esa estética encuentra sus propias problemáticas, estarán puestas en su arte. Pero la primera preocupación es que estéticamente esté bien desarrollado el trabajo. Por ejemplo “Luchín”, de Víctor Jara, es un maravilloso tema, muy metafísico, pues va más allá de la temática social que encierra y tiene sub lecturas muy ricas a nivel de estética pura.

¿Y cuál rol estaría cumpliendo ahora el arte?

-En una imagen bien surrealista, siento que es una especie de hospital habitado por ángeles sanadores de cierta sensación de soledad que está empezando a vivir la población. Porque el gran ídolo falso que apareció en estos tiempos es el de las comunicaciones, y sobre todo el del falso reencuentro a través del Facebook con la prima lejana o el tío que no viste nunca.

Fuente: The Clinic