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lunes, abril 05, 2021


 LA VIDA NACIÓ TRES VECES

(CUANDO CAE UN COMPAÑERO)

(Víctor Sanhueza Soto)


La vida nació tres veces

un marzo hacia las finales

venciendo a los criminales

a sus cuchillos y jueces

mi corazón se estremece

en su sangre derramada

se vuelve así llamarada

que alumbra la tierra entera

sembrando la primavera

cayeron tres camaradas


Tres nombres tiene la vida

Santiago Nattino es uno

abrigando el desayuno

con el dolor de su herida

su vida queda encendida

en el recuerdo de tantos

pues jamás podrá el espanto

borrar de nuestra memoria

a un hombre que en esta historia

venció al dolor y al quebranto


La vida tiene tres nombres

se llama Manuel Guerrero

por siempre irá el compañero

en las tareas del hombre

desde hoy será pronombre

con que se diga el mañana

que viene en niño y campana

en verbo nuevo y cuaderno

será un recuerdo este invierno

y una canción la semana


Tres nombre la vida tiene

y en José Manuel Parada

una vez más la llamada

por pueblos y calles viene

es voz que no se detiene

creciendo en la inmensidad

proclamando la verdad

de los pueblos sojuzgados

su paso traza un recado

que se vuelve Humanidad


Finalmente, me despido

con mi canto esperanzado

la historia no ha terminado

es por eso que les pido

que aquí no reine el olvido

y que se sume a este canto

sea la risa o el llanto

en el duro batallar

esta historia hay que contar

aunque amenace el espanto

jueves, marzo 08, 2012



Las Comandantes


por Eduardo Galeano


1979 – Granada

A la espalda, un abismo. Por delante y a los costados, el pueblo armado acometiendo. El cuartel La Pólvora, en la ciudad de Granada, último reducto de la dictadura, está al caer.

Cuando el coronel se entera de la fuga de Somoza, manda callar las ametralladoras. Los sandinistas también dejan de disparar.
Al rato se abre el portón de hierro del cuartel y aparece el coronel agitando un trapo blanco.

–iNo disparen!

El coronel atraviesa la calle.

–Quiero hablar con el comandante.

Cae el pañuelo que cubre la cara:

–La comandante soy yo –dice Mónica Baltodano, una de las mujeres sandinistas con mando de tropa.

¿Que qué?

Por boca del coronel, macho altivo, habla la institución militar, vencida pero digna, hombría del pantalón, honor del uniforme:

¡Yo no me rindo ante una mujer! –ruge el coronel.

Y se rinde.


Fuente: Memoria del Fuego III: El siglo del viento.

martes, enero 03, 2012


A la memoria de Santos Chávez (1934-2001)

2 enero 2012



La nave zarpó una tarde de sol y viento a sembrar el mar que es el cielo de los peces. Los amigos y amigas de la Fundación Cultural Santos y Eva Chávez cumplieron el sagrado rito de recordar al maestro que nos inspira desde su sencillo universo.




El colectivo leyó el siguiente texto de Rudolf Steiner:

"A esferas espirituales quiero enviar
el fiel amor que unía nuestras almas.
Encontrarás con amor mis pensamientos
si de los luminosos reinos espirituales
tornas tu alma, buscando
lo que en mí esperas encontrar.
Ascienda hacia ti, el amor de mi alma
fluya hacia ti, el sentido de mi amor,
que ellos puedan sostenerte
que ellos puedan llevarte
a las alturas de la esperanza
a las esferas del amor.
Dirijo mi alma al mundo espiritual donde tú
estás.
Mi amor mitigue el calor que te abraza,
y suavice el frío que te embarga.
Mi amor llegue a ti y te ayude
a encontrar el camino que
a través de la oscuridad del espíritu
a la luz del espíritu te conduce.
En la luz de los pensamientos cósmicos, teje
el alma
que estuvo unida conmigo en la tierra,
la cálida vida de mi corazón
fluya hacia tu alma
mitigando el frío que te envuelve,
suavizando el calor que te abraza.
Vivan en los mundos espirituales
mis pensamientos en los tuyos
y tus pensamientos en los míos".




La nave atracó una tarde de viento y sol a orillas de la tierra que es el pan de los pescadores. Los peces y las gaviotas se despidieron cumpliendo el sagrado rito de llevar el sencillo universo del maestro en sus pensamientos.


Filmación: Los amigos Andrea Henríquez y Pablo Fernández, realizadores del documental independiente "La Voz Mapuche", nos acompañaron con un registro audiovisual del homenaje a Santos Chávez, en la bahía de Valparaíso, a bordo de la nave "La Pinta".

Fotografías: Gentileza de Adriana Pincheira

domingo, septiembre 11, 2011


El último encuentro con la vida

por José María Memet


A Salvador Allende

Qué puede hacer un hombre que está solo
-solo como el mundo me refiero-
sino vivir este combate por la vida
con tanta soledad que crece, aumenta.

Y en el rumbo que toma su mirada que es la nuestra
Nuestro pueblo-no es la herida que se abre
en el país, la llaga inmensa- es más perfecto,
es dejar la muerte allá tan lejos.

Y es que el su corazón que cae para siempre,
y es aquel que disparando para siempre
amo la patria, y es aquel que en esta muerte

- su sangre en esta hoja un hoyo enorme-
deja latir un corazón que al beso llega
y que otro hombre necesita en esta lucha.

Fuente: Pentagrama Poético

domingo, agosto 21, 2011



Imagen de Silencio


a Raúl Ruiz In Memoriam



El sueño se fue en un final de película

partió sin censura

a buscar el oscar

de los poetas malditos

o

La maldita poesía de lo hermoso

se pasó el último rollo

de cinéfilo enamorado



Tras los créditos

la cámara oscura de la muerte

registró su postrero fotograma:

imagen de silencio


martes, abril 12, 2011


La tierra es azul


Los poetas dan vueltas a la tierra y se emborrachan con tanta maravilla. El vino azul corre por sus venas y cantan como locos de alegría por el cosmos bohemio.



Fuente: NASA

martes, marzo 29, 2011




¡Con Memoria y Alegría, Adelante por la Vida!



por Manuel Guerrero Antequera


Lo que ahora escribo lo hago con mucho dolor.

En este preciso momento, que en Santiago son pasadas las 08:00 de la mañana, llegaba el 29 de marzo de 1985 al colegio, como todos los días, y vi a mi a papá recibiendo a los niños, pues era profesor. Conversaba con José Manuel Parada, sociólogo de la Vicaría de Solidaridad, antiguo camarada de la época de la Jota, y apoderado del colegio. Llegué y nos saludamos de beso. Me llevó un momento a un lado y me contó que el día anterior habían secuestrado a un grupo de profesores de su asociación gremial, la AGECH, de la cual era dirigente, y que los aprehensores habían preguntado por él.

Me quedé atónito mirándolo. Tenía catorce años pero eso ya era edad suficiente como para tener la lógica mínima de que si te buscan, y estábamos en pleno estado de sitio, escóndete, ándate del país, qué haces aquí a las puertas de este colegio, a plena luz del día, te van tomar!!!! Se lo planteé, y él, muy pausado y mirándome con una ternura infinita a los ojos, me tomó de las manos y me dijo que no, que éste era su trabajo, éste era su país, que él ya se había ido una vez y que no lo volvería a hacer, que su lugar era junto al pueblo y su lucha para terminar con la dictadura. Buscando argumentos nuevos, que pudieran hacerlo cambiar de opinión, le pregunté si el Partido le había autorizado para irse del país, que en tal caso les hiciera caso. Paciente, se sonrió, y me dijo que pasara lo que pasara jamás culpara al Partido. Que tranquilo, ya veremos cómo salimos de ésta.

Lo último que me preguntó es acerca de la Gigi, que es mi abuela materna, una mujer muy sencilla que perdió cuando muy pequeñita a sus padres en el terremoto de Chillán en la primera mitad del siglo XX, y que llegó como empleada a Santiago. Ella siempre había acogido a mi padre, a pesar que no tenía formación política alguna, y estuvo con nosotros en todas las búsquedas en 1976 por los campos de concentración cuando secuestraron por primera vez a mi padre. Incluso estuvo detenida con nosotros en el Fuerte Silva Palma, en la segunda desaparición de papá ese mismo año. Ahora, en aquel viernes 29 de marzo de 1985, mi papá me contó que la Gigi, días después del Golpe, cuando papá andaba absolutamente clandestino, sucio y hambriento, escondido tratando de reorganizar a la Jota, lo recibió en su casa, corriendo un riesgo altísimo. Le había preparado un baño y comida. Pocas veces se sintió tan acogido por casi una desconocida, por alguien que se entregaba a él por puro amor, por ser el padre de su nieto y esposo de su hija. Mi padre me contó que la tenía siempre presente, y que lamentaba no haber tenido la oportunidad de agradecérselo.

Le di un beso y me fui a clases.

Mi sala daba las espaldas a la calle. A las 8:50, a minutos de lo que ahora escribo, oímos un helicóptero descender casi al techo del colegio. Nos miramos todos extrañados. Luego un freno de un auto, griterío de voces masculinas que denotaban forcejeo, un balazo y silencio.

Tomé el brazo del compañero de banco y le dije: "mi papá". Él me miró sorprendido, pero preocupado a la vez. Fui muy categórico. Inmediatamente entró Carmen Leiva a la sala, que era miembro del Centro de Alumnos, con los ojos en lágrima y tirándose los dedos de las manos. Le pidió permiso al profesor que impartía la clase para hablar con el estudiante Manuel Guerrero Antequera. Yo me paré en medio de sala de inmediato y le dije: "Se llevaron a mi papá". Asintió con la cabeza y se puso llorar e intentó darme detalles de lo sucedido.

Salí de la sala y me fui directo al baño. Me miré rápido al espejo y me tomé unos remedios que tenía para la taquicardia de la que padecía hacía un año. Me hablé a mi mismo preguntándome qué haría papá en una situación como ésta. Salí corriendo a inspectoría, pedí el teléfono y llamé a Sergio Campos, amigo de mi padre, que era locutor de Radio Cooperativa, muy escuchado en Chile. Me puso al aire y denuncié que sujetos desconocidos, probablemente de la CNI, habían secuestrado a mi padre junto a José Manuel Parada, y que temía por sus vidas. Llamé a que la ciudadanía se movilizara de inmediato para exigir a las autoridades su búsqueda y liberación.

Salí de inspectoría y fui a la calle a ver qué es lo que había sucedido exactamente. Había una confusión enorme en el colegio. Cuando se los llevaron había un curso completo que en ese momento estaba en clases de educación física y se econtraba trotando alrededor de la manzana en la calle El Vergel con Av. Los Leones. Muchos de ellos vieron el plagio. Ahí me enteré que el tránsito había sido interrumpido, minutos antes del rapto, por Carabineros de tránsito, motorizados y a pie, y que se reanudó apenas se habían llevado a mi padre con José Manuel. Que el helicóptero también era de Carabineros de Chile. Que al tío Leo lo habían baleado y que un profe se lo había llevado de urgencia a una clínica. Que Marcela, una compañera de segundo medio del colegio, intentó quitarles a los secuestradores a mi padre, que alcanzó a tomarle la mano, pero los otros era más fuertes. Que el Pelluco, uno de los dueños del colegio fue encañonado y amenazado, por lo que él pálido, probablemente para proteger a los niños o por temor a lo que ocurría, cerró la reja del colegio, dejando a mi padre y Jose Manuel peleando solos con los secuestradores en la calle, y que ahí llegó corriendo el Leo, que casi recupera a mi padre que no paraba de gritar, son de la CNI!, ayuda!, nos quieren secuestrar!

Me paré en la calle y me bajó la sensación que todo esto ya lo había vivido. Me preocupé absurdamente por mi seguridad, así es que compañeros me cambiaron parte de la ropa, me puse lentes oscuros, un jockey de gorra, y le pedí a Cristóbal, un compañero y amigo de la Jota del colegio, que me sacara de ahí, que yo tenía un papel que cumplir, que no me podía pasar nada.

Cuando nos fuimos a casa de Cristóbal había llegado la Policía de Investigaciones de Chile junto a Carabineros para preguntar qué había pasado... Me irritó el cinismo de nuestras instituciones de Orden y Seguridad y traté de pensar a qué lugar se llevaban a papá en ese momento.

En casa de Cristóbal conversamos qué podíamos hacer. Era todo confuso, me faltaban elementos, papá de seguro sabía lo que estaba ocurriendo, en qué debía fijarme y acordarme para entender con qué y quiénes estábamos tratando... Yo mismo no tenía clara cuál era la función de papá en el Partido, conocía su labor de dirigente público, pero debía haber algo más, pues sino porqué había tanto recurso del Estado comprometido para tomarlo en forma abierta, a la vista de niños y profesores en un colegio.

Desde que papá había llegado de regreso a Chile de su exilio, el 22 de noviembre de 1982, de forma inmediata lo retuvieron en el aeropuerto. Al entregar sus documentos en el mesón de Policía Internacional, el funcionario al leer la tarjeta de embarque, dijo en voz alta "es él", y acto seguido se lo llevaron a una sala esperando una llamada del "jefe". Mi padre muy preocupado consultó qué es lo que sucedía y en virtud de qué lo tenían retenido. No hubo respuesta. Después que le revisaron toda la documentación y lo que traía, lo dejaron ir. Un automóvil lo siguió hasta la casa familiar de Maipú, cosa que él de inmediato -¡en su primer día de regreso al país, después de años de distancia!- denunció llamando a las radios. Así de valiente era mi viejo, y así de presente lo tenían los organismos represivos de la dictadura.

En diciembre de 1982 retornamos nosotros, junto a mamá y mi hermana América a Santiago, desde Barcelona. Nos reencontramos con papá quien ya estaba participando en la organización de la primera marcha del hambre que se realizó, convocada por el movimiento sindical. El año 83 fue mágico, pues las protestas nacionales eran masivas, se respiraba mucha esperanza, con actos multitudinarios. Papá se abocó a organizar a los profesores cesantes y a la creación del Movimiento Democrático Popular, MDP, que agrupaba a las fuerzas políticas de izquierda que luchaban por el retorno de la democracia, pero con contenido social. Lo acompañé a muchas manifestaciones y concentraciones. Su energía de trabajo era infinita, y siempre tenía la "película muy clara", me comentaba la gente con quien interactuaba. Su apuesta eran las políticas de alianzas, la unidad de la oposición, el derrotar a la dictadura, pero en el marco de una transformación simultánea de la economía, de modo que ésta favorieciera a las grandes mayorías, fundamentalmente al mundo trabajador y poblacional que en aquellos años sufrían una situación de cesantía y hambruna real.

Llegó el año 1984, y papá trabajaba junto al Pato Madera, muralista destacado de la época de las Brigadas Ramona Parra, en el Taller Amistad que tenían en la calle San Pablo. Todo muy sencillo, pero lleno de jóvenes y viejos que hacían lienzos, pintaban cuadros, experimentaban formatos distintos de cassettes y revistas, todo con mensajes llamando a la organización y lucha contra la dictadura.

Asumió Sergio Onofre Jarpa de Ministro del Interior y de inmediato la CNI fue a casa a buscar a papá para detenerlo. Como él no vivía con nosotros no lo pudieron ubicar, pero dejaron una copia de la orden detención y expulsión del país de papá, junto a Mario Insunza Becker, firmada por el Ministro del Interior, con la leyenda "por orden del Presidente de la República", es decir, Augusto Pinochet. Aún conservo ese documento, que da testimonio del lugar desde donde venían las órdenes para vigilar, detener y matar.

Papá tuvo que volver a la clandestinidad. Allanaron la casa de la familia Guerrero en Maipú; secuestraron al hermano menor de papá, mi tío Francisco; detuvieron a una hermana de papá, mi tía Esperanza; detuvieron y torturaron al profesor Tolosa de la AGECH preguntando por papá, en fin, la represión era muy fuerte e intensa para dar con su paradero. Mi padre comenzó un exasperante peregrinar de casa en casa.

En aquellos días yo había cumplido los 14 años. Vivía el inicio de mi adolescencia. Rebelde me pelié con mamá y la amenacé con irme a vivir con papá. Ubiqué a mi padre y la comuniqué mi decisión. Él estaba radiante de felicidad, siempre había soñado con volver a compartir conmigo los momentos en que me dormía y despertaba. Quedamos de acuerdo, yo tomé mis textos escolares, un poco de ropa, mi guitarra, y me fui a Maipú a encontrarme con él a tomar once e iniciar nuestra vida juntos. Llegué puntual, pero dieron las siete, las ocho y las once de la noche y papá no llegaba. Ya cuando me estaba durmiendo apareció, con los ojos llorosos. Me dió un gran abrazo y me dijo, con el dolor de su alma, que lamentablemente no podía irme con él, que habían sacado una nueva orden de detención de parte del Ministerio del Interior y ahora tendría que salir de Santiago. No lo podía creer. Me había costado mucho tomar la decisión. Ahora tendría que volver con mi orgullo en el suelo a casa, a mi pieza de niño, cuando estaba a punto de cumplir uno de mis sueños. Pero sus ojos no mentían, estaba verdaderamente preocupado.

De ahí no lo volví a ver durante meses. Llegó el año nuevo con el que comenzaría 1985. Con mi hermana América fuimos a la casa de mis abuelos en Maipú y celebramos contentos, pero con la ausencia de mi padre que en algún lugar, en alguna casa estaría comiendo con una familia ajena. De pronto, noté que mi abuelo se puso muy nervioso y me hablaba como enojado. Había algo raro en el ambiente. Súbitamente entró al patio de la casa el auto de mi tío Francisco, pero en reversa. Estacionó frente a la puerta de la casa, lo que no era usual. Se bajó mi tío y abrió expectante la maletera. Corriendo fuimos con mi hermana y primos a ver qué sucedía. En su interior habían frazadas, que de a poco tomaron vida y comenzaron a moverse, y de pronto, de entre ellas, se asomó el rostro de papá con su risa gigante y luminosa, mirándonos victorioso. Había burlado el seguimiento y, arriesgando su vida, se sumó a la familia para compartir unos momentos junto a nosotros.

Pasé toda la tarde pegado a él, como un pequeño animalito incondicional. Comimos, lavamos los platos juntos, guitarreamos un rato -ambos somos desabridos pero gozamos cantando-, y luego llegó el momento de la despedida. Yo me abracé de mi hermana mientras observábamos como se volvía a introducir a la maletera y se perdía bajo las frazadas. ¿Lo volveríamos a ver?

A principios del año 85 el Ministerio del Interior informó a la familia que a papá le habían levantado la orden de detención y expulsión del país. Apenas lo supo, él aprovechó de inmediato la ocasión para volver a encontrarse con los profesores y juntos pasamos los efectos del terremoto de inicios de marzo de aquel año. Papá criticaba el que los propios profesores cesantes tuvieran que juntar limosnas para repartírsela a los colegas que habían quedado sin hogar producto del sismo. "Le estamos quitando a los que no tienen, y le estamos dando miseria a los que se merecen mucho más. Tenemos que exigirle a las autoridades estatales que asuman ayudar a todos los damnificados. Esto no es una cuestión de caridad, es un problema político desde el cual debemos organizarnos para protestar y buscar unidad de propósitos con amplios sectores", decía.

En eso estaba cuando el secuestro del 29 de marzo de 1985. Sin embargo esto no podía constituir motivo suficiente para que una institución del Estado secuestrara a tanta gente consultando por papá y luego se lo llevaran de las puertas de un colegio. Ese era mi intución en aquel minuto a pocas horas de ocurrido el secuestro en mi colegio. En casa de Cristóbal, trataba y trataba de dar en mis recuerdos con alguna pista para saber por dónde había que buscarlo para hallarlo vivo y salvarlo de una muerte segura, pero no supe desenrredar la madeja. Me faltó edad, experiencia, y claro, papá realizaba una actividad con mucho sigilo que solo con el tiempo pude ir reconfigurando. Ahí estaba la verdadera clave de su secuestro y posterior degollamiento. Su caso fue utilizado para atormentar a toda la sociedad, de ello no cabe ninguna duda. Pero no era solo eso, había un odio particular hacia él, desde el mismo año 1976 cuando sobrevivió la detención y desaparición, torturas y prisión política...

A fines de 1984, la peridiodista Mónica González de la revista Cauce, de oposición al régimen, había sido contactada por Andrés Valenzuela, alias "El Papudo", ex agente del Comando Conjunto -organismo que coordinaba distintas ramas de las Fuerzas Armadas con el propósito de reprimir-, quien se encontraba sometido a profundos remordimientos por sus acciones pasadas y valientemente dio el paso a contar su verdad, a riesgo de que se supiera y fuera ultimado por sus propios ex colegas. Mónica González se juntó con él y no podía dar crédito a todo lo que este hombre le relataba: detalles de las detenciones, torturas, ejecuciones y lugares donde habrían dejado los restos de muchos detenidos desaparecidos durante el año 1976, el mismo año en que el Comando Conjunto había tenido detenido desaparecido a mi padre. La periodista dándose cuenta de que se trataba de información extremadamente delicada, antes de su publicación decidió validar la misma, para lo cual contactó a José Manuel Parada, que a la sazón era el encargado de Documentación y Archivos de la Vicaría de la Solidaridad. En Chile habían muy pocas personas que como él manejaban casi toda la información acerca de los aparatos represivos, pues le llegaban a diario los testimonios de los luchadores sociales y sus familiares que habían sido apresados.

José Manuel, al conocer el carácter de la información y antes de entrar en su detalle, le sugirió a la periodista que había una persona, la única persona en realidad, que contaba con toda su confianza y que podía triangular la información con su propia experiencia de detención en manos del Comando Conjunto y lo que indicaba Valenzuela: mi padre. Con la venia de Mónica González, los tres se pusieron a analizar las largas horas de grabación del testimonio y mi padre con José Manuel no podían creer a lo que estaban accediendo: la estructura completa del Comando Conjunto, sus acciones, las fechas de detención de los militantes comunistas detenidos desaparecidos, los sitios en que fueron ultimados, los nombres y alias de los agentes de las distintas ramas de las fuerzas armadas y de civiles que participaban en el Comando. Mi padre, absolutamente impresionado, iba confirmando una a una las informaciones. Estaban frente a una información valiosísima que permitía aclarar muchos casos de violaciones a los derechos humanos y dar con el paradero de los detenidos desaparecidos. Pero al mismo tiempo se dieron cuenta que sus vidas, como la del ex agente, corrían un enorme peligro, pues los agentes seguían activos y harían todo para que tal información no se hiciese pública. Por ello decidieron que la información se publicaría cuando Andrés Valenzuela estuviera a salvo fuera del país y cuando ellos mismos hubieran alcanzado a tomar las medidas de seguridad que evitaran su inminente captura. La decisión era presentar toda la información en un medio de circulación masiva en el extranjero, tipo Washington Post, y una vez fuera conocida, entregarla con detalles a los Tribunales de Justicia chilenos para que investigara los hechos.

Leyendo y releyendo el testimonio del agente Papudo, mi padre se pudo enterar de los detalles de su propia detención en 1976 cuando tenía 27 años de edad, pues Andrés Valenzuela había participado en tal episodio. Ahora comparto con ustedes parte de la información que probablemente llevó mi padre a la muerte, por el terror y cobardía de los agentes a enfrentar la verdad y su responsabilidad en los hechos, que aún siguen impunes:

"El operativo fue en el sector de Departamental. Recuerdo que la 'Pochi", la agente de la FACH Viviana Ugarte Sandoval, estaba en el lugar con un equipo de radio para avisar su salida. Cuando salió, fue tomado por el "Chico" y "Alex", agentes de la Marina, y a consecuencia de un pequeño forcejeo, a "Chico" se le disparó el arma, hiriendo a Guerrero en un costado. Fue conducido de inmediato a "La Firma" estando herido. Allá, el "Lolo", el "Fifo" Palma, "Jano" y "Wally", lo interrogaron y torturaron poniéndole electricidad directamente en la herida.

A consecuencias de los golpes y electricidad, Guerrero perdió el conocimiento por unos instantes por lo que se llamó al doctor Alejandro Forero "hijo", hoy cardiólogo en el Hospital de la FACH. El doctor señaló que la herida era grave y que el detenido debía ser trasladado al hospital.

Alrededor de una hora después que se fue el doctor Forero de "La Firma", se recibió el llamado telefónico de un general, no estoy seguro que fuera de la FACH, y ordenó el traslado de Guerrero al Hospital de Carabineros. Nos causó sorpresa que el general ya estuviera enterado que teníamos a Guerrero. En el hospital estuvo siempre esposado, lo que recuerdo bien ya que varias noches me tocó hacerle guardia."

Con esta información, ahora quedaba claro porqué el Comando Conjunto había resuelto "entregar" a mi padre a la DINA durante su detención y desaparición en 1976: Mi madre en aquellos meses hizo todo lo humanamente posible para dar con el paradero de mi padre, concurriendo personalmente -embarazada de mi hermana América- a las oficinas del presidente de la Corte Supre ma. Él para calmarla hizo un ejercicio retórico: "Señora, en Chile no hay detenidos desaparecidos. Voy a llamar delante de usted al General Contreras, para que se de cuenta que no hay nadie del nombre de su marido detenido en algún recinto de las Fuerzas Armadas y de Orden". Y lo hizo. Y sin saberlo o quererlo, esta llamada al despacho del coronel Manuel Contreras, que dirigía la DINA, le salvó en ese momento la vida a mi padre, pues cuando Contreras se enteró que uno de los principales dirigentes de las Juventudes Comunistas, a quien sus hombres buscaban intensamente, se encontraba en poder del Comando Conjunto, o el "Grupo de los 20" como se hacía llamar, enfureció, porque no estaba informado. Movió todos sus contactos y exigió que el director de la Dirección de Inteligencia de la Fuerza Aérea, general Enrique Ruiz Bunguer, y el director de la Dirección de Inteligencia de Carabineros, general Rubén Romero Gormaz, le entregaran a mi padre.

La presión del coronel Manuel Contreras se hizo insoportable y la Dirección de Inteligencia de Carabineros (DICAR) debió asumir su detención. El 18 de junio de 1976, estando mi padre ilegalmente detenido y baleado -sin que nadie de nosotros supiera su paradero- en el Hospital de Carabineros, el ge neral Romero debió entregarlo a la DINA a pesar de que la bala seguía enterrada en su axila. Un oficio firmado por el general Rubén Romero Gormaz, y dirigido al director de la DINA, acompañó a mi padre en su ingreso al campo de concentración de Cuatro Alamos, que estaba bajo control de la DINA: "Remito antecedente del dirigente de las Juventudes Comunistas Manuel Guerrero Ceballos, quien fue detenido por personal de Inteligencia y que se encuentra a disposición de la DINA, en el Hospital de Carabineros."

Siete días permaneció incomunicado mi padre en Cuatro Alamos. La bala la tenía aún clavada en el costado. En esos siete días se decidió su destino, pues el viernes 25 de junio de 1976, el día de su cumpleaños y a la misma hora en que la Corte de Apelaciones de Santiago rechazó el recurso de amparo en favor de él, mi padre fue obligado a levantarse de su camastro en la celda de incomunicación en que fue arrojado. No sabía adonde lo llevarían. Esa misma mañana fue trasladado al campamento del lado, el del tránsito a la libertad, Tres Alamos. Los organismos represivos, por esta lucha entre ellos, habían decidido que viviera, pero no contaban con que mi padre denunciaría por todo el mundo lo que le habían hecho y que había reconocido a uno de los agentes, el traidor Miguel Estay Reino, el "Fanta".

La información que entregó Valenzuela en su testimonio a Mónica González era una bomba, y en rigor, sigue siendo una bomba. Pues en ella se establece, entre otros aspectos, que Viviana Ugarte Sandoval, alias "La Pochi", había participado como agente del Comando Conjunto en la detención ilegal de mi padre. Presumiblemente ella es la mujer que relata en un escrito que dejó papá con el nombre "La sesión macabra continua", donde describe las torturas que le aplicaron, y que en medio de ellas había una mujer que lo acariciaba mientras le aplicaban electricidad.

Sí. Viviana Lucinda Ugarte Sandoval es la esposa del general de la FACH Patricio Campos, quien es la persona nombrada por las Fuerzas Armadas que participó en la Mesa de Diálogo que tenía por objeto recabar información acerca del paradero de los detenidos desaparecidos en Chile... Curiosamente, precisamente la información que correspondía a las víctimas del Comando Conjunto fua alterada, de acuerdo a las declaraciones de Otto Trujillo, "Colmillo Blanco", otro agente del Comando Conjunto que contó su versión de la verdad al diario La Nación.

Por desgracia, y por razones que aún me cuesta comprender, la entrevista a Andrés Valenzuela fue publicada sin autorización de mi padre y José Manuel en el extranjero, antes que ellos pudieran ponerse a salvo. Los agentes del Comando Conjunto, ahora agrupados en un departamento de la Dirección de Comunicaciones de Carabineros (DICOMCAR), con domicilio en calle Dieciocho, en el mismo local de la "Firma" en que tuvieron torturado a mi padre en 1976, apenas se enteraron del testimonio de Valenzuela se pusieron en alerta y decidieron cortar literalmente el problema por la raíz: eliminar a José Manuel y mi padre, para impedir que la verdad circulara por el mundo. Por ello allanaron y secuestraron la imprenta de la Asociación Gremial de Educadores de Chile (AGECH) el 28 de marzo de 1985. Buscaron frenéticos ese lugar pensando que ahí se encontraban los stenciles de publicación del testimonio de Valenzuela sobre el Comando Conjunto. La imprenta estaba a nombre del artista gráfico Santiago Nattino. Esa misma noche lo secuestraron y lo llevaron a calle Diecicho, al local de la DICOMCAR, ex La Firma del Comando Conjunto. Lo esposaron a un parrón y comenzaron su tortura. Una vez que secuestraron, al día siguiente, el 29 de marzo, como hoy, a mi padre y José Manuel, los torturaron a los tres, quemándoles cigarrillos en el cuerpo, sacándoles las uñas, aplicándoles electricidad y quebrándoles los huesos de la frente a culatazos.

Al día siguiente, el 30 de marzo de 1985, dirigidos por el Fanta, con un cuchillo atacameño que le había regalado Moren Brito, los degollaron bajo Estado de Sitio camino a Quilicura y dejaron que sus cuerpos se desangraran. Hoy tres sillas vacías recuerdan a don Santiago y a los Manueles en el lugar en que les dieron muerte.

No quisieron que se supiera la verdad, como ha sido la tónica del silencio de las Fuerzas Armadas y de Orden para no dar con el paradero de los detenidos desaparecidos. Fundamentalmente por cobardía a no enfrentar sus propios actos, sus propias decisiones. Siguen estando en deuda con nosotros, con los hijos, con la sociedad chilena. La mayoría de aquellos agentes y de quienes les dirigían no han sido juzgados, y los médicos que torturaron, los civiles que actuaron, los oficiales que participaron en tan horrendos crímenes, siguen en sus lugares de trabajo como si nada pasara.

Pero sí pasa y no deja de pasar. Tal como mi padre y José Manuel arriesgaron y dieron sus vidas por la verdad y la justicia, nuevas generaciones surgen y dan con creatividad las luchas del presente, vinculados con aquella memoria del crimen, pero también de los compromisos, las militancias por una vida digna.

Por eso hoy los recordaremos en nuestra velatón cultural. Cada uno/a tomará de la mano a don Santiago y a los Manueles, y con ellos a cada uno/a de los/as luchadores/as sociales de nuestro país, de su mundo trabajador, artístico, profesional, intelectual. Somos muchos/as. Honraremos sus vidas y no dejaremos de denunciar y exigir justicia a sus asesinos y al Terrorismo de Estado. Hacemos el esfuerzo diario de seguir enamorados de la vida, como una conquista que no nos pueden ni queremos que nos quiten. Por eso decimos, ¡Con Memoria y Alegría, Adelante por la Vida!

Hoy pondré mi vela por ese último beso que le di a papá, y a quien he dedicado mi modesta vida, junto a mi compañera e hijas. Ahí estaremos, en la calle, codo a codo. Y entre la gente, quiero verte bailar...

Todos los días, toda la vida.

Manuel Guerrero Antequera Santiago, 29 de marzo 2011 08:35 hrs.

sábado, febrero 26, 2011


LAUTARO

(Epopeya del Pueblo Mapuche)

por Isidora Aguirre (In Memoriam)


Aprendemos en los textos de historia que los araucanos -ellos prefieren llamarse "mapuches", gente de la tierra- eran belicosos y valientes, que mantuvieron en jaque a los españoles en una guerra que duró tres siglos, que de algún modo no fueron vencidos. Por lo que muchos ignoran es que aún siguen luchando. Por la tierra en comunidad, por un modo de vida, por conservar su lengua, sus cantos, su cultura y sus tradiciones como algo vivo y cotidiano. Eloos lo resumen en pocas palabras: "luchamos por conservar nuestra identidad, por integrarnos a la sociedad chilena mayoritaria sin ser absorbidos por ella". Sabemos cómo murió el toqui Caupolicán, cómo Lautaro aprendió tácticas guerreras cuando, hecho prisionero, fue caballerizo de don Pedro de Valdivia. Sabemos, en suma, que no fueron vencidos pero ignoramos el "cómo" y el "por qué".

Hay numerosos estudios antropológicos sobre los mapuches pero se ha hecho de ellos muy poca difusión. Y menos conocemos aun su vida de hoy, la de esa minoría de un medio millón de gentes que viven en sus "reducidas" reducciones del sur. Sabemos que hay machis, que hacen "nguillatunes", que hay festivales folclóricos, y en los mercados y en los museos podemos ver su artesanía.

Después de la mal llamada "Pacificación de la Araucanía" de fines del siglo pasado -por aquelo de que la familia crece y la tierra no- son muchos los hijos que emigran a las ciudades; los niños se ven hoscos y algo confundidos en las escuelas rurales, porque los otros se burlan de su mal castellano; sin embargo son niños de mente ágil que a los seis años hablan dos lenguas, que llevan una doble vida, por miedo a la discriminación, la de la ruca y la de la escuela. Pocos saben que la cultura mapuche sigue vigente en el interior de la ruca, que los viejos siguen relatando historias y hablando del pasado junto al fuego -la tradición oral de un pueblo que no tuvo escritura se mantuvo siempre viva- relatos que traen al presente los mitos, su acervo cultural y una particular concepción de la vida. Muchos siguen raptando a sus esposas, como mero ritual, o ahuyendando a los espíritus (o, como decimos nosotros, la mala suerte). Lo cuentan con picardía, porque no rechazan la vida moderna; pocos indígenas del continente han tenido su capacidad de adaptación. Las machis, doctoras y a la vez personas consagradas, sanan a los enfermos con las mismas técnicas que hoy están en boga, la fe, la hipnosis, las yerbas.

Un creador se llena de alegría cuando descubre la riqueza de su patrimonio. Me acerqué a ellos cuando un amigo mapuche -de la gran familia Painemal- me rogó que escribiera una obra de teatro sobre su pueblo a fin de apoyarlos en su lucha de hoy.

El proceso mismo de elaboración de una obra es bastante complejo, quizá el subconsciente sepa más de él. Allí se van combinando y tomando forma los datos obtenidos de fuentes muy diversas. Valdivia nació de sus bellísimas cartas al Rey de España. Lautaro -de quien hay tan pocos datos- nació más bien de mi contacto directo con los mapuches, del amor con que fui acogida en el seno de la ruca "como una pariente, como una mapuche más", me decían; o cuando me cantaban, improvisando la letra -en su lengua, como es su costumbre-, "vengan pillanes a entretener a nuestra visita, porque es un milagro que esté aquí con nosotros..."; de los afanes de la Chiñura, la dueña de casa, con mi llegada, para corretear tras las gallinas y patos, los que despluman y guisan junto al fuego mientras se conversa, y se ofrece el mate o sus bebidas tradicionales.

La historia y la antropología me sirvieron para estructurar la obra teatral, en torno a los ejes centrales que son Valdivia y Lautaro, seleccionando lo que mejor sirviera al conflicto. Y el resultado final, lo que se ve en escena, es el fruto de un minucioso y prolongado trabajo de equipo; el director pide que se dinamice tal o cual escena, en los ensayos se ve la necesidad de cortes, o de acentuar algún parlamento; reestructurar escenas para dar al actor ocasión de mostrar su cualidad histriónica; coreografía, cantos, música incidental, escenografía, vestuario, sonido, luces, todo es un trabajo que se realiza con gran armonía, en equipo, bajo la vigilancia del director y autor. La música que gentilmente nos dieron Los Jaivas, seleccionada por el director y que, según ellos "parecía escrita para la obra..." fue un aporte valiosísimo gracias al talento de este conjunto y su concepción americanista y moderna del folclore. Queríamos todos que el público, al verla, pudiera recuperar lo que le pertenece: sus raíces. Los valores y la vitalidad de las dos razas que lo formaron. Pero quisimos mostrárselos, a los personajes que simbolizan esas razas, Valdivia y Lautaro, de carne y hueso, riendo o sufriendo, tanto en la guerra como en sus vicisitudes cotidianas, y no como se les ve tan a menudo: rígidos y lejanos en las estatuas, estampillas o billetes. O "floreando los discursos de los huincas" como dicen los mapuches.


Fuente: LAUTARO, Epopeya del pueblo mapuche, Isidora Aguirre, Editorial Nascimento, 1982.

Imagen: Memoria Chilena

sábado, octubre 30, 2010


El 30 de octubre se cumple el primer centenario del nacimiento del poeta Miguel Hernández.


NANAS DE LA CEBOLLA

(Miguel Hernández)


La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena,
resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma al oírte,
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa.
Vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

La carne aleteante,
súbito el párpado,
el vivir como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño.
Nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.



sábado, octubre 09, 2010


IMAGINA


"Dirán que soy un soñador, pero no soy el único"



martes, julio 27, 2010

Detalles: Clic sobre la imagen


Homenaje en la Cámara de Diputados al grabador chileno-mapuche

SANTOS CHÁVEZ ALISTER CARINAO


La ceremonia que se realizará este miércoles 28 de julio a las 10:30 horas, en la Sala Plenaria de la Corporación, busca reconocer la obra de este importante artista nacional premiado en numerosas ocasiones, tanto en nuestro país como en el extranjero.

Luego del homenaje al grabador chileno-mapuche se dará paso a la inauguración de la exposición denominada “Santos Chávez: Maestro de Grabado del alma Latinoamericana”, que cuenta con el patrocinio del diputado Rodrigo González (PPD) y que se enmarca dentro del 199°Aniversario del Congreso Nacional.

El artista Santos Chávez Alister Carinao nació el 7 de Febrero del año 1934 en Canihual, territorio mapuche lafkenche de la comuna de Tirúa (Provincia de Arauco, Chile), en el seno de una humilde familia con 7 hijos.

Tenía 24 años cuando en la Sociedad de Bellas Artes al darse cuenta de su talento le ofrecieron una beca. Como a esa edad ya no tenía familiares que lo apoyaran, el alojamiento, la comida y los materiales debió procurárselos él mismo con mucha dificultad. Pero Santos tenía un deseo íntimo que lo impulsaba a retener los paisajes de su infancia y a plasmar a su pueblo en imágenes.

Cuando se le dio la oportunidad, se fue con unos colegas a Santiago, donde pronto encontró nuevas perspectivas. Tuvo la suerte de ingresar en el famoso Taller 99 bajo la dirección de Nemesio Antúnez. Rápidamente llegaron invitaciones para exponer fuera de Chile y la obra de Santos adquirió fama internacional.

Santos salió de Chile el año 1977, Venezuela, España, Suecia y Alemania fueron estaciones de su exilio, siempre en la búsqueda de un lugar donde crear con tranquilidad y sin preocupaciones materiales. Hoy sus obras se encuentran en muchos famosos museos del mundo.

Conoce a Eva en Berlín en el año 1981 y fue entonces cuando terminó su vida de nómade. En Alemania gozó de una gran admiración, como artista y persona. El público fue cautivado por la belleza de sus grabados, pero él nunca olvidó a su pueblo Mapuche en Chile. Trabajó gratis para revistas, portadas de libros y discos, y ayudó con afiches y obras.

Cuando Santos llegó a Alemania, su salud estaba bastante deteriorada. Con el tiempo aumentaron sus estadías en los hospitales. Soportó los tratamientos y los dolores sin reclamar y trató de retomar su trabajo con gran disciplina, sabiendo que le quedaba poco tiempo. Muchas de las 100 acuarelas que todavía están guardadas en una carpeta fueron hechas desde las ventanas de hospitales en Alemania y Chile.

En 1994 regresó a su patria junto a Eva, dejando a muchos amigos en Alemania. En Chile alcanzó a realizar 141 exposiciones y viajó a su querido Arauco cada vez que pudo. Su última retrospectiva de 130 obras fue en la sala El Farol de Valparaíso. Ya su salud estaba deteriorada y tuvo una caída, descubriéndose un cáncer en su brazo derecho, por lo que siguió trabajando sólo con el brazo izquierdo. Falleció en Viña del Mar el 2 de Enero del año 2001.

El artista ha recibido varios reconocimientos por sus obras, entre los que se cuentan el Premio de Honor Andrés Bello (1966); el Premio Grace en la Tercera Bienal de Gráfica de Santiago de Chile (1968); una Mención de Honor en la Casa de las Américas, Cuba; el Premio de Adquisición del Museo de Brooklyn, Nueva York EE.UU. (1970); la Beca Fundación Pollock-Krasner de Nueva York, EE.UU. (1998);el Premio Altazor a las Artes Nacionales (2000), entre otros.

Fuente: Cámara de Diputados de Chile

sábado, abril 24, 2010




Across the Universe

by John Lennon

Las palabras surgen a raudales como una lluvia infinita en un vaso de papel
Se deslizan al pasar
Desaparecen a través del universo
Charcos de tristeza, olas de alegría flotan en mi mente abierta
Poseyéndome y acariciándome
Jai Guru De Va Om
Nada cambiará mi mundo
Nada cambiará mi mundo
Imágenes de luz encima bañando ante mí como un millón de ojos
Que me llaman y me llaman a través del universo
Pensamientos serpenteando como un viento inquieto en un buzón
Tambaleándose ciegamente en su camino a través del universo
Jai Guru De Va Om
Nada cambiará mi mundo
Nada cambiará mi mundo
Sonidos de risas y sombras de tierra resuman en mi vista abierta
Incitándome e invitándome
Un amor imperecedero y sin límites brilla a mí alrededor como un millón de soles
Llamándome y llamándome a través del universo
Jai Guru De Va Om
Nada cambiará mi mundo
Nada cambiará mi mundo.

Despedida del Chino Araya, en la memoria literaria y musical de su pasión.

lunes, enero 04, 2010



Lo Así llamado Bello en Música

por Gustavo Becerra Schmidt
In Memoriam


Balance y perspectivas de la apreciación de lo bello y del arte.


La apreciación de lo bello en el arte seguirá siendo, en lo que respecta al acto de apreciar, una cuestión personal. Junto a ella, al otro extremo, estará lo que, bajo el signo de las circunstancias sociales se haga al respecto. En un cierto "medio" que no siempre es "justo", estaría la ciencia, en este caso con sus disciplinas, la estética, al filosofía del arte y, finalmente, lo que más nos puede interesar, la musicología (que en su forma sistemática incluye parte de las anteriores). Pero, para nuestra desgracia no somos telépatas, debiéndonos necesariamente comunicar por medios indirectos, los lenguajes (de signos, de gestos, de sonidos, etc.), corriendo el riesgo de no ser entendidos, de no expresar lo que deseamos, de ser malentendidos, de decir, con o sin propósito, una cosa por otra. La sociedad seguirá pensando con sus estructuras sobre lo que se diga de la cultura. Algunas de éstas cambian más rápido y otras lo hacen más lentamente, tanto que nos parecen inmóviles, sobre la pasajera estructura de la música, estableciendo y destruyendo vigencias. De acuerdo a formas siempre nuevas de diferenciarse y de ponerse de acuerdo, tal vez optimizando estas posibilidades, cuya meta podría ser una cultura musical universal, con una máxima diferenciación individual. La otra posibilidad es que la diversidad minimice las posibilidades de ponerse de acuerdo sobre cuestiones estéticas, por ejemplo, sobre la "belleza" en música y que se pierda, como en un mar, la posibilidad de llamar bello a algo definible, reproducible y audible, y que la diversificación se desenfrene hasta hacer imposible la comunicación sobre estas cuestiones. Nos parece, sin embrago, que el "metazoo" que llamamos humanidad, encontrará para estos problemas soluciones prácticas, las que tendrán dimensiones finitas y domeñables para una forma de sociedad que puede abarcar muchos millones de seres humanos. Que algunos seguirán buscando síntesis entre grupos cada vez mayores, aún las que son o parecen imposibles, ¡qué duda cabe!

Fuente: Gustavo Becerra Schmidt

lunes, diciembre 07, 2009



Pájaros de Arcilla


(Texto: Víctor Sanhueza/Música: Congreso)


La vestimenta ósea de la calle

se llenará de pájaros de arcilla,

¿Quién corre y hacia dónde esta mañana?

¿Quién cambiará el brocal del cielo inmenso?


Metálicas palabras

versos muertos

levantan los andamios

limpian causes

¿Quién corre y hacia dónde esta mañana?

¿Quién cambiará el brocal del cielo inmenso?


Y allá en las altas copas

florecidas

vuelvo a escuchar tu canto

hermano mío


Nota: Texto homenaje a Víctor Jara.

sábado, diciembre 05, 2009




Homenaje


Luis Le-Bert


Me levanté temprano
sin conocer la aurora
te acuerdas de ese día
de mentiras

Tu vida era tu vida
la mía, otra historia
y el mundo era testigo
de los días

Sólo quiero cantar en presente
y poderte decir
pero muda quedó la palabra
y no quiero mentir

Me quieres desde lejos
te abrazo cuando vienes
mi canto era distinto
antes de ti

Hubiésemos vivido
la historia de las gentes
y nos habrías visto
sonreír

Sólo quiero saber quiénes miran
hacia donde miro yo
quiénes son los que enredadas las manos
se acuerdan del cantor

No vacilaremos
en tenderle una canción
un millón de voces
le dirán que no fue en vano
que nos diera de su boca
el pan del aire y una flor
Víctor, gran ausente
desde siempre te cantamos

La ciudad no es la misma
no es la que quisimos compartir
no tenemos las manos
no hay a quién mirar
tus ojos se apagaron
a quién voy a cantar

Dónde se han ido
los días de amistad
dónde está lo hermoso
que fuimos a sembrar
y maldigo el presente
sin tu nombre
di tú quién esconde
de tus labios el cantar

Préstame tus manos
sumemos soledades
si viene algún amigo
somos tres

Rompamos las distancias
de aquí hasta el mañana
y así podremos cantarle
al amor

sábado, noviembre 21, 2009



ACTO EN HOMENAJE A GONZALO MUÑOZ
Cementerio Playa Ancha


Las lágrimas que el Coloro dejó el año pasado en este mismo lugar, acusan la pena y la rabia de la ausencia. Cada año en esta fecha y en un acto lo más cercano a lo militante posible, nos convocamos y reencontramos los mismos nostálgicos amigos y compañeros ochenteros para recordar al Chagui, que como ya se ha dicho en otras ocasiones, le tocó morir en el lugar de cualquiera de nosotros.


Nuestra agrupación justamente toma por nombre el día de su muerte, y no directamente el de Gonzalo Muñoz que pareciera ser lo más lógico, ya que esta fecha nos cayó dura como guillotina marcando una diferencia en la práctica política hasta ahí abordada por nosotros, donde la impulsividad de la juventud, planificada o no, esquivaba con suerte o ingenio los zarpazos de la dictadura que siempre nos pisaba los talones. Ese 19 de noviembre de 1985 la muerte golpeó la puerta justo al lado de nosotros y la abrió un joven con 19 años recién cumplidos. Hoy nuestros hijos tienen esa misma edad e incluso más, y no puedo imaginar que alguien a esos cortos años caiga herido de muerte en un frío y asqueroso piso carcelario, cumpliendo una condena redactada por fiscales protegidamente en retiro.

Y como Gonzalo, otros jóvenes porteños lucharon todos los días hasta el último que nunca más vieron amanecer; como Luís Tamayo corriendo hacia la vida, saltando muros, escabulléndose hasta donde más no pudo; Carmen Gloria Larenas en su infinita juventud pobladora, con sus sueños vivos, encontrándose con una bala que nunca debió seguir ese recorrido mortal de mierda; el Zuki, Nelson Garrido, de seguro sonriendo hasta justo antes de que su cuerpo se diseminara por el espacio conspirativo, abarcando longitudes más allá de la libertad inalcanzable que siempre buscó recoger con sus propias manos; Marcelo Barrios que hace tres meses se cumplieron los veinte años de su asesinato. Estaban reservadas las últimas balas de la dictadura esperando a Marcelo ese 31 de agosto de 1989 para masacrarlo indefenso, todos contra uno, en su casa del Cerro Yungay, estableciendo también con todo descaro que habría impunidad, que la Marina no sería inculpada, que la Esmeralda seguiría navegando manchada de sangre, saludada con pañuelos blancos al viento y honores de la democracia. El Buque-Escuela, blanco orgullo milico y de la transición; cárcel flotante que todavía no limpia su pasado ni siquiera por un mínimo de respecto a las víctimas.

Me pregunto si valió la pena. Si fue necesario haber agotado hasta la última gota de sangre, hasta la última gota de vida para conseguir esta democracia cagona que nos sobró de la negociación o se nos impuso producto de nuestros propios errores o imprecisiones. Le preguntaría primero a sus familiares, a sus madres si valió la pena… después le preguntaría a la historia y al Partido. Le preguntaría también a quienes todavía no encuentran al Lolo Sepúlveda y a Jano Pinochet, que ni siquiera se les puede traer una flor a este cementerio.

Es la muerte que camina amarrada indisoluble a la justicia y la libertad o la vida que corre tan acelerada en su búsqueda. Por allí pareciera estar la respuesta porque de otra forma no entendería como es que se nos fue tan hermosa y plena juventud, tan necesario destacamento de jóvenes luchadores. Por eso es que el recuerdo de nuestros muertos es también el reconocimiento de la forma de haber enfrentado la política en un momento histórico concreto, con la necesidad y la urgencia requerida.

Ciertamente la pena y la rabia.

Arde cada poro nuestro cuando el Melqui enciende angustiado su cuerpo todavía encerrado en una cárcel del sur. O cuando el Barba de La Católica que había sorteado con éxito por tantos años a la dictadura, en el abrazo amoroso con su mujer a poco de haber retornado, esta vez, una bala punga, injustificada, no permite crecer esta familia ni que hoy asistiera a este acto. O cuando el Giorgio no soporta más, cuando la luz de su cámara no es suficiente para retenerlo.

Como no seguir con esta pena y esta rabia si el corazón nos sigue latiendo y al mismo lado.

Evidentemente que la rabia se mantiene porque el sistema que la provoca carece de todo sentido, de toda justicia, no tiene la más mínima consideración ni humanidad.

Se mantiene cuando el gobierno tiene cercado militarmente al pueblo Mapuche, cuando se les aplica la ley antiterrorista o cuando en un gesto incomprensible, la Presidenta nombra al Comandante en Jefe del Ejército afectada al parecer por el Síndrome de Estocolmo.

Pero miramos hacia adelante. Los niños como los que iniciaron este acto ciertamente que nos ayudan en este sentido, en retomar la esperanza, con la pureza de sus ideas sanas. Miramos hacia adelante pero reivindicando nuestra historia y pasado, sabiendo que estos dos elementos constituyen nuestra base genética; pasado que se presenta con toda la honestidad y con toda la fuerza de la razón.

Estos y otros niños observarán también en este período una ciudad plagada de retratos sonrientes y momios, cuidadosamente dadivosos, diseñados de acuerdo a lo que determinan las leyes de la publicidad y no precisamente las leyes de la decencia. Bueno, ésta es la otra historia, la que no teníamos programada, la que no se discutía en la mesa clandestina ni mucho menos en la barricada. Habrá que hacer lo que es correcto hacer.

Por lo pronto, institucionalizar esta fecha del 19 de noviembre, dentro del cronograma regional como la conmemoración y homenaje a los jóvenes porteños caídos en dictadura, no como acciones íntimas si no como manifestación popular, como tema reivindicativo en materia de Derechos Humanos y también como sistematización de un conjunto de acciones sobre Memoria Histórica para promover su reconocimiento, estudio, investigación, difusión y puesta en valor del trabajo, que no me cabe duda será de gran importancia para la lectura objetiva de las nuevas generaciones.

Y para quienes integramos el Colectivo 19 de Noviembre; recuperar las ganas y la confianza, a partir de la evaluación que nos permiten hacer estos cuatro años de trabajo colectivo, para que el acto de homenaje del próximo año sea lo más amplio y masivo posible, como en las primeras jornadas realizadas a puro corazón, que significaron instalar tanto la reivindicación histórica y el reconocimiento hacia nuestros compañeros como la legitimidad de nuestro trabajo organizacional. Para reinventarnos en la ampliación de nuevas propuestas. Para revitalizarnos en la acción cultural y política.

Para finalizar, un reconocimiento a los familiares y amigos de Miguel Woodward quienes han abierto este bello y emotivo anfiteatro que permite juntarnos y reivindicar a todos los luchadores sociales; un cariño inmenso para Gladys Aravena, la madre del Chagui y a todas las madres y familiares de nuestros compañeros que hoy recordamos en este homenaje. Un beso inmenso y agradecimientos también para la Yuli por su paciencia maternal que nos entrega a todos y un recuerdo eterno a la humildad ilimitada de la Margarita de La Loma.

Jaime Garnham
Colectivo 19 de Noviembre


Invitado: Chinoy

Imagen: Jaime Garnham

Fuente: Noticias sobre Arte y Cultura




Cuando las manos…



Autor: Víctor Sanhueza



Hubo la mano asombro, la constructora
La que forjó la piedra, la sembradora
La que indicó el camino, la mano fuego
La que se fue vacía, la del regreso


Hubo la empuñadura. Hubo el arado
El utensilio simple y el postergado
Hubo la cuerda tensa y la escritura
El andamio, los sueños, la sepultura.


También hubo el arpegio y las esperanzas
La caricia y el golpe. La puñalada
El castigo. El tirano y su fortaleza
Y esta historia de sangre así comienza


Hubo la mano muerte para Gonzalo
El largo gris de un día para mi canto
La mano fue pañuelo, puño cerrado
Para que no haya olvido ni injusticiados


Una mano fue al polvo y volvió encendida
Toda llena de oficios para la herida
Se hizo retrato y muro se hizo consigna
Reanudando el camino para la vida


Vendrán miles de manos, vendrá el trabajo
Será el sol de mañana lo que hoy sembramos
Miles de manos vienen. Vienen creciendo
Es la patria que viene. Viene venciendo


Miles de manos vienen. Vienen creciendo
Es la patria que viene. Viene venciendo

lunes, septiembre 28, 2009




Homenaje


Luis Le-Bert


Me levanté temprano
sin conocer la aurora
te acuerdas de ese día
de mentiras

Tu vida era tu vida
la mía, otra historia
y el mundo era testigo
de los días

Sólo quiero cantar en presente
y poderte decir
pero muda quedó la palabra
y no quiero mentir

Me quieres desde lejos
te abrazo cuando vienes
mi canto era distinto
antes de ti

Hubiésemos vivido
la historia de las gentes
y nos habrías visto
sonreír

Sólo quiero saber quiénes miran
hacia donde miro yo
quiénes son los que enredadas las manos
se acuerdan del cantor

No vacilaremos
en tenderle una canción
un millón de voces
le dirán que no fue en vano
que nos diera de su boca
el pan del aire y una flor
Víctor, gran ausente
desde siempre te cantamos

La ciudad no es la misma
no es la que quisimos compartir
no tenemos las manos
no hay a quién mirar
tus ojos se apagaron
a quién voy a cantar

Dónde se han ido
los días de amistad
dónde está lo hermoso
que fuimos a sembrar
y maldigo el presente
sin tu nombre
di tú quién esconde
de tus labios el cantar

Préstame tus manos
sumemos soledades
si viene algún amigo
somos tres

Rompamos las distancias
de aquí hasta el mañana
y así podremos cantarle
al amor


Luis Le-Bert en FesteJARA 2007 - Homenaje



miércoles, septiembre 23, 2009



Eran las diez y media de la noche del 23 de septiembre de 1973.



Matilde abrió la maleta que había preparado para el viaje a México. Sacó la chaqueta a cuadros favorita, una camisa escosesa, y le enrolló un pañuelo de seda roja alrededor del cuello. El médico había dicho que si no sobrevenía un imprevisto, podía vivir cinco o seis años más. Teruca Hamel la ayudó a vestirlo completamente. Porque era un hombre que moría con los zapatos puestos. Las dos salieron para comunicar la noticia de la muerte por teléfono. Cuando volvieron, Pablo no estaba. Salieron corriendo. Lo buscaron en la planta baja. Tampoco lo encontraron. Se fueron al sótano. Vieron un rótulo: "Capilla". Estaba oscuro. No había nadie. Momentos después, entre ruidos de ruedas y chillidos metálicos, lo vieron venir por el pasadizo. Entró a la capilla y el enfermero le dijo: "Señora, está prohibido quedarse aquí." Matilde les gritó: "¡Pueden irse! ¡Ustedes no tienen nada que hacer aquí!" Reclinó su cabeza sobre la de Pablo. Alguien entró de puntillas. Era Laurita. No lo velaban en una pieza, sino en un corredor.

Cerca de la medianoche, un locutor había dicho por radio: "El poeta Pablo Neruda se encuentra en estado agónico y se estima que no pasará la noche. Hay prohibición absoluta de visitarlo en la Clínica Santa María, donde se encuentra."

Al día siguiente, cuando se levantó el toque de queda, y comenzaron a llegar los periodistas, los fotógrafos, la Dirección de la Clínica decidió sacar al muerto del pasadizo. Lo colocaron en un hall. Era un VIP.

Un enjambre de fotógrafos apretaba el obturador. "Por favor, no más fotos", dijo Matilde. Llegaron los amigos: Homero Arce, Graciela Alvarez, Juvencio Valle, Francisco Coloane, Aída Figueroa, Enrique Bello, Juan Gómez Millas, unos cuantos más.

Neruda estaba tendido sobre una mesa envuelto por un sudario blanco, con la cara decubierta. Sonreía, expresión difícil de concebir considerando la hora de los chacales que regía en el momento en que expiró. Cuando llegó la urna, le quitaron las sábanas y fue trasladado a ella. Coloane le abotonó la punta de la camisa. Cerraron, soldaron la urna. Salieron en dirección a La Chascona. Cuando llegaron a ella no pudieron entrar. La escalera de acceso a la casa estaba anegada, cubierta de lodo y agua, y obstruida por los escombros. La urna no cabía. La gente de la Junta había cumplido con su misión. Entonces los que componían el cortejo decidieron dar la vuelta a la manzana y penetrar por la entrada posterior, que daba al cerro. Allí había un puñado de jóvenes que se colocaron junto al féretro y luego rompieron el silencio, alzando los puños en alto mientras uno decía a toda voz, como llamándolo:

-¡Compañero Pablo Neruda!
-¡Presente!
-Ahora...
-¡Y siempre!
-Ahora...
-¡Y siempre!

Fuente: NERUDA, Volodia Teitelboim,. Editorial Sudamericana, 1996.

domingo, agosto 30, 2009



Soy parte de esta historia

por R. Márquez y P. Valdivia

Usted me busca
Y no me encuentra
Pero yo estoy aquí
Soy como usted
No he desaparecido
Yo soy reflejo vivo

Escucho trenes de prisa
Y gritos de vendedores
Usted me busca
Y no me encuentra
Pero yo estoy aquí
Jamás me fui
Juan terminó la escuela
Y aunque muy tarde sea
Irá buscando la verdad
Usted y él, me encontrarán

Ves yo estoy aquí
Donde jamás me fui
Estoy aquí
Y a veces canto
Te puedo ver sola bailando.
Para que nadie pierda la memoria
Porque soy parte de esta historia
Están mis hijos, mi mañana
Mi mañana, mi mañana


domingo, agosto 23, 2009




Matilde Ladrón de Guevara: Leona de Invierno


In Memoriam


TESTAMENTO

No perdona el gusano las alturas
y en la flor, en el fruto generoso
va reptando con hambre, y alevoso,
deja su rastro en las corolas puras.

A veces logra con sus mordeduras
dañar el borde del contorso terso
y el gemido del pétalo es el verso
que más se aroma con las amarguras.

No sabe el ponzoñoso en su impudicia
del ascenso y los aires que acaricia
la voluntad, cuando al azul se lanza,

Y en ardimiento de aéreas esperanzas
por amistad y luz transfiguradas
tiende la mano al que clavó espadas.

Poema del Libro “Testamento” 1973.


Con su libro de memorias "Leona de invierno (Desmemorias)", de 1998, y una antología poética de 2005, como últimas publicaciones, recibió este año el "Premio a la Trayectoria" de la Sociedad de Escritores Latinoamericanos y Europeos.

Matilde Ladrón de Guevara es madre de Sybila Arredondo, antropóloga chilena, que estuvo detenida en Perú, por 14 años, en cárceles de alta seguridad por una supuesta relación con Sendero Luminoso.

En diciembre de 2002, cuando su hija salió en libertad en entrevista con La Nación declaró: "Estos catorce años de espera me han destrozado el alma. Yo ahora me quiero morir en cualquier momento".

Matilde Eloísa Ladrón de Guevara Calderón de la Barca, fue amiga de Gabriela Mistral (madrina de Sybila) y Pablo Neruda, y pariente de la madre de Ernesto "Che" Guevara a quien conoció en Argentina.

“Tengo retratos preciosos de él cuando recién lo conocí. Yo era muy amiga de la madre del Che, mi hijo se parece mucho al guerrillero”, cuenta. Por medio de él conoció a Fidel Castro, otro más de sus amigos notables a quien definió como “el hombre más inteligente que he conocido en mi día, y el más delicado”.

Además de poeta y novelista fue cronista, periodista, como corresponsal de la desaparecida revista chilena Ecrán en Hollywood, y política, como una de las fundadoras del Partido Femenino a mediados de los años 40.

Luego de publicar en 1948 el poemario "Amarras de Luz", su primer libro, se cocnentró en la literatura en una carrera en que destacan "Mi patria fue su música" (1953), novela inspirada en un romance que sostuvo con el pianista Walter Gieseking; "Adiós al cañaveral" (1962), crónica donde contrapone las figuras del Che Guevara y del líder cubano Fidel Castro, y "Madre soltera" (1966), donde aborda la maternidad fuera del matrimonio, un tema tabú para la época.

La poeta y novelista chilena, Matilde Ladrón de Guevara, murió a los 99 años en el Hospital Militar, donde permanecía internada a raíz de una fractura a la cadera y donde descubrieron que padecía de un cáncer avanzado. "Ella falleció en el Hospital Militar, estuvo internada tres semanas y el origen de la hospitalización fue una fractura de cadera. En un momento se le hizo un examen y se descubrieron células cancerosas", indicó su hijo Marcelo Arredondo. La escritora murió en las últimas horas de anoche, 22 de agosto de 2009, "con mi hermana y yo al lado, afortunadamente", añadió su hijo.

Fuente: Rocío L'Amar