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martes, septiembre 01, 2009

MAFALDA Y QUINO


LA ESTATUA DE MAFALDA

por Gloria Arbonés

Cuando visiten Buenos Aires, no sólo se van a poder sacar una foto en el Obelisco o en el Cabildo, ahora se van a poder sacar una foto con Mafalda.

Nuestra queridísima Mafalda ya tiene estatua propia. Está sentadita en el barrio de San Telmo, en un banco de plaza en Chile y Defensa, a pocos metros de su casa.



Parece que el proyecto original era emplazar la escultura en la puerta de la casa en la que vivió Quino (y que también fue "la casa" de Mafalda), pero no pudo ser.

Quino afirma, en una entrañable entrevista, "lástima que no va a poder estar sentada en el escaloncito del edificio como estaba en la historieta. Para eso hacía falta la aprobación de toda la gente del consorcio y no estaban todos. Entonces, estará sentada como en un banquito de plaza -cuenta-. Me apena la historia del banquito. Yo hubiera preferido el escaloncito..." dice.

Y tiene razón, hubiera sido más lindo sentarla en el escaloncito, pero algo es algo.

Fuente: blog de Gloria Arbonés

domingo, mayo 25, 2008


Querida Mafalda:

¡Cómo pasa el tiempo!


Nacimos en el corazón de un país que soñaba.


¡Cuántas utopías! ¡Cuántos deseos de crecer, de mejorar las cosas!


Nos tocó convivir con un tiempo de hombres creativos: Luther King, Che Guevara, Juan XXIII, John Kennedy; nos trasmitieron el sentido de la justicia, el valor de los sentimientos, la maravillosa aventura de pensar con la propia cabeza.


Ayer me preguntaba por nuestra amiga Libertad, aquella pequeñita que un día encontraste en una playa, no me acuerdo si era Santa Teresita o Mar del Tuyú, me acuerdo todavía cuando la presentaste a tus padres. Era vivaracha y quemadita por el sol de febrero.


¿Dónde vive Libertad? ¿Es verdad que la mataron durante la dictadura? Dicen que la torturaron y su cuerpo desapareció en el Río de la Plata.
Me cuesta pensar que se murieron sus sueños. ¿Y si vive? ¿Estará filosofando sobre la fragilidad de las cosas y el sentido de la vida?


¿Qué fue de Susanita? ¿Se casó? ¿Pudo realizar su vocación de ser madre?
La imagino viviendo en alguna ciudad de provincia, paseando del brazo del marido (un hombre bajo y calvo) en una tarde de verano, contenta con sus hijos y cuidando el primer nieto, realizada como tantas comunes mujeres.


Supe de Manolito, que perdió sus ahorros durante el corralito y no soportó tanta crisis. Los últimos días lo vieron cabizbajo, murmurando palabras incoherentes, abandonado como un mendigo en una estación de trenes, triste y abatido como tantos.


Sé que Felipe vive en La Habana, que probó con el cine, que tiene un taxi y que habla a los turistas de Fidel y de la revolución con el mismo entusiasmo de cuando vivía en Buenos Aires.


A Guille, tu hermano, lo escuché tocar, hace poco, en la Scala de Milano. Vive en Ginebra, nunca se arrepiente de haber emigrado en los últimos años de Alfonsín, me contó que es feliz con su nueva pareja. Y vos, querida amiga, ¿como estás?


Hace tanto tiempo que no tengo noticias tuyas.
Sé, por otros, que seguís escuchando la radio, que leés los diarios del mundo, que te duele el Irak como te dolía Vietnam, sé que trabajas para la FAO por los pueblos del hambre, que estás indignada por la prepotencia de Bush. Me llegó tu pedido para juntar medicinas para los Médicos sin Fronteras, sé que siguen las reuniones en tu casa de París, que estás confundida, inquieta y preocupada por el futuro del mundo...


En fin, Mafalda, sé lo suficiente como para saber que seguís viva, viva en el alma, niña como siempre.


De parte mía sigo escribiendo siempre, renegando porque me falta tiempo; creyendo, como siempre, en el valor de la sinceridad, perdiendo oportunidades por manifestar mis ideas. Algunos días estoy triste y deprimido, pero puede siempre más la alegría que la tristeza. El mundo no mejoró mucho desde la época en que vivíamos juntos en nuestra patria.


A veces, cuando miro el globo terráqueo, encuentro tu mirada, pienso en todos aquellos que lo miran como vos, en los ojos de los que protestan, de los que no se conforman, y de los que viven en la atmósfera del optimismo y de la justicia.


Esos ojos, junto a los míos, te desean un buen día, querida amiga, por otros cuarenta años tan intensos y jóvenes como los que has vivido.


Un beso grande de tu amigo que te quiere como siempre.

Miguelito.


Leer: Quino, aquí y ahora