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lunes, septiembre 07, 2009

Alfred Jarry, iniciador de la patafísica, paseando en bicicleta en 1898.


PATAFÍSICA: la ciencia de las soluciones imaginarias


por Marcelo Pisarro


Asociada al absurdo, la patafísica toma en clave paródica el lenguaje de las ciencias, la filosofía, las artes y otras formas de conocimiento.

La palabra "patafísica" no aparece en la mayor parte de diccionarios o enciclopedias de edición reciente. La lista de términos se desliza de "patado" a "patagio" sin escalas. Tampoco se hallan grandes retrospectivas, ni promocionados revivals, ni exhibiciones con costosos seguros deambulando por museos de todo el mundo. Los congresos y seminarios, de existir, pasan desapercibidos excepto para los asistentes. Las publicaciones, de existir también, circulan en tiradas pequeñas y apenas reseñadas. Patafísica es una expresión difusa que remite a un tal Alfred Jarry haciendo el tonto hacia fines del siglo XIX, a una canción de The Beatles grabada hace cuarenta años y muchas veces considerada un llamado al asesinato. Es una broma apenas recubierta por un velo de legitimidad literaria o artística, y como toda broma, cuando se la explica, pierde su gracia.

"Todo aquel que esté mínimamente familiarizado con la historia de las vanguardias sabrá que nada es más fácil que provocar un alboroto mediante una supuesta afirmación artística", escribió el ensayista Greil Marcus en 1989, echando un vistazo hacia el dadaísmo, el situacionismo, el punk. "Todo lo que se necesita hacer es inducir al público a esperar algo y darle otra cosa, o, como Alfred Jarry probó en París en 1896, al iniciar su primera representación de Ubú rey con la única obscenidad formalmente disfrazada de Merdre (Mierdra), violar un tabú que todos reconocen como tal".

Jarry nació en 1873 y falleció en 1907, enfermo de tuberculosis y borracho como una cuba. Escribió poesías, novelas, ensayos y obras de teatro. Durante un siglo fue venerado como Santo Patrono de dadaístas, surrealistas, cubistas, enajenados y chiflados; de cualquiera que enarbolara la maltrecha bandera del absurdo o que señalara que vida y arte pueden confundirse, que basta con iniciar una obra de teatro al grito de merdre y pasearse por las calles parisinas en bicicleta, con un revólver en el cinturón y una botella de absenta en el bolsillo.

Pablo Picasso compró el revólver de Jarry y también él lo llevaba consigo en sus paseos nocturnos por los bulevares de París. Nadie sabe qué pasó con la bicicleta. El año es 1911 y Jarry ya lleva cuatro de muerto. Se publica Hechos y dichos del Doctor Faustroll, patafísico, su novela póstuma sobre el Doctor Faustroll, nacido en 1898, a la edad de 63 años, fallecido el mismo año y a la misma edad. Se convierte en uno de los clásicos secretos del siglo XX, el texto fundacional de la patafísica. O 'Patafísica, con apóstrofo, como le gustaba escribirlo a Jarry.

Las leyes de la excepción

El año es 1969 y The Beatles está grabando una de las más detestadas composiciones de Paul McCartney, Maxwell's silver hammer, tercera canción de la primera cara de Abbey road. McCartney tiene la esperanza de que se convierta en el primer sencillo; George Harrison, John Lennon y Ringo Starr están hartos de la canción aun antes de terminar de registrarla. La primera línea dice: "Joan era rara, estudiaba ciencia patafísica en casa". Pero Joan no pasará de esta estrofa, pues será asesinada por Maxwell Edison de un martillazo en la cabeza. Es la mayor entrada de la Patafísica en la industria del entretenimiento, y viene acompañada de martillazos plateados. A Jarry le habría encantado.

El año es 1896 y William Butler Yeats, Premio Nobel de Literatura en 1923, sale de la primera función de Ubú rey. Suspira: "¿Qué más es posible? Luego de nosotros, el Dios Salvaje".

En tanto gramática cultural que da pie a una historia coherente, de alguna manera narrable, el año debería ser 1948, en el 50º aniversario del nacimiento, y muerte, del Dr. Faustroll. En París, un grupo de escritores y artistas funda el Colegio de Patafísica. Se crean comisiones, subcomisiones, departamentos, publicaciones, estatutos, calendarios y, por sobre todo, un lenguaje que remeda el discurso científico institucionalizado.

Pues la patafísica, como intervención social, se presenta como la Ciencia de lo particular, la Ciencia de las ciencias, la Ciencia de lo inútil, la Ciencia de las soluciones imaginarias. "Es la ciencia de lo que sobreañade a la metafísica", había escrito Jarry en Gestas y opiniones del Doctor Faustroll, patafísico.

"Estudiará las leyes que rigen las excepciones; explicará aquel universo suplementario al nuestro. O, menos ambiciosamente, describirá un universo que se puede ver, y que quizá se deba ver, en lugar del tradicional; dará cuenta de las leyes que se creyó descubrir en ese universo como correlaciones a su vez de excepciones, aunque más frecuentes en todos aquellos casos de hechos accidentales que, al reducirse a excepciones poco excepcionales, no tienen la atracción de la singularidad."

Funcionó. Produjo textos, acertijos, frases ingeniosas, observaciones lúcidas. Luego dejó de funcionar. Quienes se asumían como patafísicos se jubilaron, o se murieron, o se aburrieron. Ya en la década de 1970 llegó el Período de Ocultación, una forma educada de señalar que la patafísica, con o sin apóstrofo, sólo parecía interesarle a tres o cuatro enterados: apenas una pequeña entrada en algún manual sobre vanguardias del siglo XX.

El año es 2009 y se le hace notar al referente patafísico local, Rafael Cippolini, que en cuatro de cada cinco diccionarios no figura la palabra patafísica, aún cuando en 2000 se declaró el Período de Desocultación. "En cuatro de cada cinco diccionarios –responde Cippolini – tampoco aparecen las palabras babeante, manipulable, probabilística, demonización o sobrevaloración, por decir unas pocas. Pareciera ser que, parafraseando mal a Macedonio, son tantas las cosas que ocultan y marginan los diccionarios que si las compiláramos todas no cabrían en ellos. Un diccionario es una máquina de poder".

La patafísica se las ingenió para mantenerse en los márgenes de la conversación pública durante un siglo (o quizás no tuvo más remedio). Aunque se la menciona aquí y allá, aunque asoma con frecuencia en la historia cultural del siglo XX, hay que saber hacia dónde mirar para verla. Y una vez que se lo ha hecho, se debe mantener parte del misterio.

"Se puede considerar a la patafísica como un método, como una disciplina, una actitud, un rito, un punto de vista, una mistificación", escribió el patafísico Roger Shattuck en 1960. "Es a la vez todo eso y nada de eso". De seguro el tal Jarry disfrutaría de saber que hay que dar tantas vueltas para hablar sobre patafísica. O que explicar demasiado la broma significa echarla a perder.

Fuente: Revista de Cultura Ñ

lunes, julio 14, 2008



PATAFÍSICA


Dos nociones fundan la Patafísica: la de las equivalencias y el clinamen o ligera declinación de los átomos en su caída.

En 1893. Alfred Jarry atribuye a Pere Ubu la invención de la Patafísica, “ciencia que hemos inventado y cuya necesidad se hacía sentir generalmente”. Pero el verdadero texto fundador es otro: las Gestes et opinions du docteur Faustroll, pataphysicien. Una obra acabada en 1898, publicada en 1911 –cuatro años después de la muerte de Jarry-. El libro II, titulado Elements de pataphysique, sólo comprende dos páginas pero ocupa un lugar cardinal, pues contiene la primera definición que nunca ha dejado de servir de referencia:

“La patafísica […] es la ciencia que se añade a la metafísica, bien sea en sí misma, bien sea fuera de sí misma, y se extiende más allá de ésta tan lejos como ésta se encuentra de la física […] La patafísica es la ciencia de las soluciones imaginarias que atribuye simbólicamente a los lineamientos las propiedades de los objetos descritos por su virtualidad”.

La doctrina no puede explicarse realmente. Añadamos que esta ciencia se presenta también como la de lo particular y se interesa por las reglas que rigen las excepciones. Naturalmente, la regla es ‘una excepción a la excepción’. En otras palabras, todo es la patafísica. La dialéctica patafísica se enrolla en sí misma como el ombligo úbico (en forma de espiral) que es su emblema.

Extracto de Alfred Jarry- De los Navis a la Patafísica, Catálogo producción IVAM Institut d’Art Modern, Valencia, 2000. Capítulo de la Pintura a la Patafísica, por Emmanuel Gujón.


Fuente: Institute of Pataphysical studies




RAYUELA Y LA PATAFÍSICA:

"Con la Maga hablábamos de patafísica hasta cansarnos, porque a ella también le ocurría (y nuestro encuentro era eso, y tantas cosas oscuras como el fósforo) caer de continuo en las excepciones, verse metida en casillas que no eran las de la gente, y esto sin despreciar a nadie, sin creernos Maldorores en liquidación ni Melmoths privilegiadamente errantes. No me parece que la luciérnaga extraiga mayor suficiencia del hecho incontrovertible de que es una de las maravillas mas fenomenales de este circo, y sin embargo baste suponerle una conciencia pare comprender que cada vez que se le encandila la barriguita el bicho de luz debe sentir como una cosquilla de privilegio. De la misma manera a la Maga le encantaban los líos inverosímiles en que andaba metida siempre por cause del fracaso de las leyes en su vida. Era de las que rompen los puentes con solo cruzarlos, o se acuerdan llorando a gritos de haber visto en una vitrina el décimo de lotería que acaba de ganar cinco millones. Por mi parte ya me había acostumbrado a que me pasaran cosas modestamente excepcionales, y no encontraba demasiado horrible que al entrar en un cuarto a oscuras pare recoger un álbum de discos, sintiera bullir en la palma de la mano el cuerpo vivo de un ciempiés gigante que había elegido dormir en el lomo del álbum. Eso, y encontrar grandes pelusas grises o verdes dentro de un paquete de cigarrillos, u oír el silbato de una locomotora exactamente en el momento y el tono necesarios pare incorporarse ex oficio a un pasaje de una sinfonía de Ludwig van, o entrar a una pissottiere de la rue de Medicis y ver a un hombre que orinaba aplicadamente hasta el momento en que, apartándose de su comportamiento, giraba hacia mí y me mostraba, sosteniéndolo en la palma de la mano como un objeto litúrgico y precioso, un miembro de dimensiones y colores increíbles, y en el mismo instante darme cuenta de que ese hombre era exactamente igual a otro (aunque no era el otro) que veinticuatro horas antes, en la Salle de Geographic, había disertado sobre tótems y tabúes, y había mostrado al publico, sosteniéndolos preciosamente en la palma de la mano, bastoncillos de marfil, plumas de pájaro lira, monedas rituales, fósiles mágicos, estrellas de mar, pescados secos, fotografías de concubinas reales, ofrendas de cazadores, enormes escarabajos embalsamados que hacían temblar de asustada delicia a las infaltables señoras."


Julio Cortázar, Rayuela



lunes, marzo 17, 2008

PATAFÍSICA

Por J. A. Montero

Cuando el gran escritor español Fernando Arrabal habló ante el Colegio de Patafísica hace algunos años para agradecer su nombramiento como Sátrapa, hizo hincapié en algo que la mayoría de los miembros no se había dado cuenta: que muchos de los sátrapas nombrados por el Colegio desde su creación en 1949 habían sido jugadores de ajedrez; y muy buenos jugadores, no simples jugadores de café: Boris Vian, Eugene Ionesco, Marcel Duchamp, Raymond Queneau, Max Ernst, Tristan Tzara… Y ahora él era nombrado, que también jugaba al ajedrez. “¡Ya es casualidad!”, proclamó.

El término “patafísica” fue inventado por el escritor francés Alfred Jarry, una persona muy poco convencional que murió en 1907 a los treinta y cuatro años de edad, en la indigencia y estragado por el alcohol. Hasta mediados del siglo XX, la figura de Jarry no se tomaba demasiado en serio, y más bien iba unida a la excentricidad y a lo pintoresco, como sacado de la farsa con la que logró cierta fama, “Ubú rey”. Jarry empleó por primera vez la palabra “patafísica” en “Ubú cornudo”, pero donde desarrolló el concepto fue en “Gestos y opiniones del dr. Faustroll, patafísico”, novela publicada en 1911, cuatro años después de su muerte.

Esta novela relata el viaje de Faustroll por un París que no es París, como ocurre cuando soñamos con algo que a la vez no es. Acompañan a Faustroll en este viaje un mono Papión y el embargador de su casa, ya que el doctor tuvo que abandonarla por no poder pagar el alquiler –lo mejor que le pudo haber pasado nunca, según el doctor-. Solamente no pudieron embargarle, por imperativo legal, su cama de doce metros, con la que emprende la navegación por el París mágico que dibuja.

Una de las definiciones de patafísica de Faustroll, dice así: “La patafísica es la ciencia de las soluciones imaginarias que atribuye simbólicamente a las delineaciones de los cuerpos las propiedades de los objetos descritas por su virtualidad”. Interpretando los textos de Jarry, la patafísica aparece como el estudio de las soluciones imaginarias y las leyes que regulan las excepciones, todo ello a la luz del humor crítico y del azar. Según Arrabal “es la ciencia que rige las excepciones, la disciplina sin disciplina que nos da soluciones imaginarias”. La idea central es la consideración de las leyes generales de la física como un conjunto de excepciones no excepcionales, y, en consecuencia, desprovistas de cualquier interés: la regla no es más que una excepción a la excepción.

Es a partir de la publicación de las obras completas de Jarry en 1948 y sobre todo tras la creación del Colegio de Patafísica de París en 1949, cuando el escritor francés comienza a ser considerado como un escritor de un talento enorme, y un auténtico precursor de muchos de los movimientos de vanguardia del siglo XX: Movimiento Dadá, Surrealismo, Teatro del Absurdo y Transvanguardia.

El College de Pataphysique se creó por la iniciativa de un grupo de intelectuales admiradores de Jarry con motivo del cincuentenario de la aparición del dr. Faustroll. En consonancia con las definiciones de patafísica, el Colegio de Patafísica se presentó a sí mismo como una “Sociedad de Investigaciones Eruditas e Inútiles”. En el Colegio se discutía muy seriamente por la ciencia de las soluciones imaginarias, siempre con el humor y la extravagancia como lugares comunes. Las jerarquías, por ejemplo –tomadas en su mayoría de la antigua nobleza polaca-, podrían ocupar un tratado completo: Curador Inamovible, Vicecurador Elegido, Rogador, Cuerpo de Proveedores, Cuerpo de Sátrapas (una especie de Santo Oficio).

El Colegio de Patafísca se “ocultó” durante un periodo de tiempo. Para celebrar su “Desocultación” en abril de 2000, se anunció una exposición de “Agujeros, Nadas y Espejismos”. No parece que los que intentaron ver esta exposición pudieran ver nada. Como le dijo una alumna a un conferenciante que disertaba sobre Patafísica después de una hora de charla: “Oiga, ¿realmente esto de que habla es en serio, o nos está usted tomando el pelo?”. La respuesta puede deducirse por la calidad de quienes participaron de una u otra forma en el Colegio.

A los ya mencionados por Arrabal, hay que añadir a Raymond Queneau, Jacques Prevert, Joan Miró, René Clair, Man Ray, Jean Dubuffet, Mac Olan, Italo Calvino, Darío Fo, Umberto Eco, el mismo Julio Cortázar (quien tuvo que abandonar el ajedrez porque le ocupaba mucho tiempo), que se interesó por la patafísica: “Con la Maga hablábamos de patafísica hasta cansarnos, porque a ella también le ocurría (y nuestro encuentro era eso, y tantas cosas oscuras como el fósforo) caer de continuo en las excepciones…”: Fragmento de “Rayuela”, una de las novelas más influyentes de la segunda mitad del siglo XX. Y muchos otros.

Y de entre los que hemos mencionado, los sátrapas que constituían la legión de jugadores de ajedrez: Marcel Duchamp, el de “la partida eterna de ajedrez”, según lo definió Breton. El genial artista, tan influyente como Picasso, el gran innovador y a la vez transgresor de las artes del siglo XX –con varias obras sobre jugadores de ajedrez-, que a partir de los veinticinco años se dedicó casi por completo al ajedrez, luchando incluso por el Campeonato de Francia.

Como dijo una vez: Duchamp, “el ajedrez tiene toda la belleza del arte y mucho más. No puede ser comercializado. El ajedrez es más puro que el arte en su posición social”.

Tristan Tzara, el creador e inspirador del Movimiento Dadá, que tanta influencia ha tenido en las artes y en la cultura: jugaba en los cafés suizos al ajedrez con todo el que se dejaba, incluso llegó a hacerlo con el propio Lenin, gran aficionado, durante su exilio en el país helvético.Boris Vian, el maravilloso y polifacético artista (escritor, músico, actor, cantautor) que encandiló a los jóvenes de los 50 y 60 y que escribió obras maestras de la novela negra, con el sobrenombre entre otros de Vernon Sullivan, como la de “Escupiré sobre vuestras tumbas”, la novela del blanco que era negro y que mató por venganza.

Por supuesto, no hay que olvidar a uno de los últimos Sátrapas y que es un auténtico apóstol del ajedrez a la vez que una de las figuras más importantes de la literatura: Fernando Arrabal, a quien ya nos hemos referido. Desde hace más de treinta años, el melillense realiza la crónica de ajedrez del semanario italiano L’Espresso. Arrabal es un dramaturgo, poeta, novelista, director de cine, fotógrafo, dibujante, ajedrecista, que ha logrado premios y galardones en toda Europa, y que aquí, en su país, en un estilo patafísico muy de pueblo, todavía sigue considerado como una especie de excepción.

“…un mundo donde te movías como un caballo de ajedrez que se moviera como una torre que se moviera como un alfil”. (Julio Cortázar. “Rayuela”)

AJEDREZ

Primer Movimiento

un paso de peón
blanca la jugada
del condenado a muerte
avanza entre los cuadros
del temible ajedrecista
hábil en jaquelados

Segundo Movimiento

cuatro galopes de caballo
negro equidistante
al certero golpe del vasallo
quiebra la sueñometría
en juego del pobre
cercano a su herradura

Tercer Movimiento

arriesga otro paso el peón
blanquecino al piso duro
funerario en tabla
dígitas las miradas
que despiden los restos
del loco solitario

Cuarto Movimiento

cuadrado el opaco
alfil diagonal uña
clava océanos matemáticos
mágico en su delgada apostura
come de olas muertas
al adversario frío de marfil

Quinto Movimiento

al ruedo los cristianos
pálidos de arena
dan la cara en la jugada
vuelan feligreses de jaque pastor
con su otra mejilla sin alas
saludan a la realeza
aquellos que morirán

Sexto Movimiento

exactas en su esquema
mortal como pájaras salvajes
cuadriculadas hembras
sobre el tablero vital
de sombras consumiendo
alpiste redondo de ajedrez

Séptimo Movimiento

con pastoril peonaje
levanta cabeza rodrigo
caballo blanco de vivir
emerge histórico desde el suelo
un pueblo de estrellas
que cabalga en sus dedos

Octavo Movimiento

sube al cuadrilátero
el púgil centroamericano
ve rectilíneo al contendor
en la noche boxeril
el peón de brega
deja k.o. al roque

Noveno Movimiento

bélica la maniobra
jugándose la vida
los albañiles enanos
en la cabeza de playa
torpemente opaca
nido de ametralladora
detrás del enroque corta
inocentes de blanca nieve larga

Décimo Movimiento

olor a cadáver de clase
los vuelve buitres
volando a ciegas el campo
sobre la víctima del aire
real encierro holocausto al fin
vencedor nocturno victimario

Penúltimo Movimiento

destorreado el castillo
el foso lleno de agujeros
blancas y negras muertas
caído el imperio
allí de cabalgaduras
y caballeros

Último Movimiento

en la última pieza oscura
los amantes reales
separados a muerte
por el brebaje de unos pasos
de peón que avanza
decidido al Jaque Mate