Mostrando las entradas con la etiqueta TV. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta TV. Mostrar todas las entradas

sábado, noviembre 15, 2008




Televisión, interacciones sociales y poder

Por Fernando Cembranos Díaz


La televisión como fenómeno social recibe escasas críticas en comparación con el enorme poder del que dispone para autopromocionarse. Aún así las pocas críticas que sobre ella se vierten suelen centrarse en la facilidad con la que puede realizar una manipulación partidista (se menciona menos la manipulación ideológica), en lo indeseable de algunos de sus contenidos, en especial los violentos, y en la frecuente falta de calidad y la trivialidad de muchas de sus propuestas (telebasura). Las propuestas derivadas de estas críticas se centran a su vez en una mayor democratización de sus estructuras, en la autocensura ética de alguno de sus contenidos, en una tibia llamada a la calidad de sus programas y en un repertorio de propuestas educativas para “ver mejor” la televisión con una perspectiva más crítica.

De lo que no se habla casi nunca es de las repercusiones sociales, políticas, psicológicas y ecológicas de la televisión en sí misma, como bombilla de colores, que es mirada por millones de personas durante una media de tres horas y media al día.

La televisión es un aparato especialmente eficaz para suprimir millones de interacciones entre las personas y todo lo que la interacción produce: conocimiento, lenguaje, comunicación, estructuras de relación, afecto, contacto, conflicto, creación, organización social y poder.

Basándose en la dificultad que el cerebro tiene (y en especial el sistema emocional) para distinguir entre la realidad y las imágenes virtuales, la televisión desplaza las interacciones de las personas entre sí y con el territorio, y las sustituye por la contemplación de un espacio virtual en continuo movimiento, cuyas imágenes han sido seleccionadas y manipuladas intencionalmente por unas pocas personas al servicio, en última instancia, de la comercialización a gran escala.

La televisión mientras, desarticula las redes naturales de relación social, desplaza las preocupaciones al espacio virtual y esconde el deterioro del espacio real. A su vez consigue, con una eficacia desmesurada y sin que se note mucho, acelerar la concentración de poder sobre la realidad misma.

Mirar la TV

El sistema nervioso necesita una estimulación mínima para no desorganizarse. Por eso miramos el fuego de la chimenea en una habitación en semipenumbra, la cascada en una pared de la montaña y las luces del árbol de navidad. En un salón de objetos familiares y estáticos, en ausencia de otros estímulos, miramos antes la TV que la pared o el armario. No es necesaria una propuesta televisiva muy interesante. Como una bombilla de colores en movimiento que es, capta nuestra atención con más poder que el verde del sofá o las curvas inmóviles de las cortinas.

Para mantener su atención la pantalla necesita producir numerosos estímulos y alteraciones. El espectador no aguantaría la imagen estática de un locutor más allá de unos pocos minutos. Por eso la TV hace una pequeña trampa que se denomina “acontecimiento técnico”. Un acontecimiento técnico es la alteración intencionada del flujo o movimiento natural de un acontecimiento: un cambio de plano, una aceleración, una ralentización, un objeto que entra en pantalla, un cambio de sonido, una perspectiva extraña, etc. Si se mira una televisión encendida desde detrás de la pantalla en una habitación a oscuras, puede observarse un relampagueo constante que indica la utilización de acontecimientos técnicos visuales con el objetivo de mantener la atención del espectador. Escucha el griterío y los ruidos de la televisión del vecino en una noche de verano: son los acontecimientos técnicos auditivos.

El fenómeno de la habituación al estímulo, bien conocido por la psicología de la percepción, ha provocado que el número y la velocidad de acontecimientos técnicos haya ido subiendo con los años en los programas de la televisión (de uno cada 20 segundos a uno cada 4 segundos). En la publicidad (en general de poco interés para el espectador) el número de acontecimientos técnicos sube a uno cada uno o dos segundos para mantener la atención sobre la pantalla. Las películas por su parte se parecen cada vez más a la publicidad y ésta a los video-clips. El espectador, al aburrirse, provoca con el mando a distancia nuevas alteraciones que le siguen manteniendo pegado a la pantalla. En el mundo real las cosas no se alteran claramente cada dos o cuatro segundos, así que el mundo real puede llegar a ser menos atractivo para el sistema nervioso que la televisión.

Fuente: Revista Intervención Psicosocial

miércoles, junio 25, 2008



LA ÚNICA MEDIDA O EL CEREBROCIDIO NACIONAL

por Francisco Huneeus Cox


Todos estamos conscientes del deterioro intelectual en que estamos. Los políticos y empresarios hablan de la “edad del conocimiento”, de “innovación”, de “desarrollo”, cosas por el estilo, muy rimbombantes, por cierto, pero que tienen significados muy diversos.

Me gustaría referirme a lo que usted y yo entendemos por “conocimiento”, que es posiblemente el más próximo a nuestra experiencia cotidiana y cuya falta es la más notoria. Cada vez que se habla de “conocimiento”, echo de menos un diagnóstico o, al menos, una reflexión más psicológica e histórica de la noción del concepto, sobre todo ahora que estamos supuestamente en la “sociedad del conocimiento”. Hay gente que se llena la boca con esa frase, como si fuese un gran descubrimiento o una gran innovación, cuando en realidad más parece un eslogan para hacernos partícipes de su obsesión con la electrónica y sus derivados.

Soy de la anticuada opinión de que el conocimiento, el verdadero saber, surge de la interacción, desde muy temprano en la vida, del sujeto con el mundo; no es un acto meramente cognitivo intelectual, sino también algo somático que involucra a todo el sujeto, vale decir, su cuerpo y su accionar sobre las cosas. Si hacemos una deconstrucción muy sencilla, vemos que los bebés comienzan su exploración del mundo lengüeteando todo lo que está a su alcance. Luego vienen otras experiencias sensoriales, para finalmente llegar al lenguaje, que abre mundos que no están ni en tiempo presente ni al alcance inmediato de los sentidos. Y el lenguaje es el pensamiento o, por lo menos, su soporte comunicable. Este es el modo que todos los humanos tenemos para expresarnos.

Luego aparece la escritura, que permite la extensión en el espacio y en el tiempo del pensamiento. Un proceso muy complejo y cuya adquisición comienza muy al principio de la vida y el crecimiento. La comprensión de la lectura requiere de una construcción mental: cada palabra y cada frase debe imaginarse o representarse de alguna manera para poder entenderse. Este proceso constructivo de la mente se desarrolla mediante el uso, como casi todas las funciones humanas. Y así fue como nos formamos desde pequeños: explorando, experimentando, leyendo y fantaseando.

¿Pero qué pasó en los últimos 30 a 40 años? Con el terror del golpe militar, la gente dejó de leer, se impuso el IVA a los libros, censura a las editoriales, autocensura a las librerías y el mundo intelectual decayó enormemente. Pero la mente humana no puede dejar de funcionar y se obsesionó con la TV, una pantalla con imágenes y voces que resultó demasiado atractiva, más de lo presupuestado. Las mentes se llenaron de contenidos provenientes de los directores de emisoras, censurados y autocensurados; y el afán de explorar, experimentar, soñar, crear, ese anhelo de la mente, fue reemplazado por canales de TV, que empezaron a pensar por nosotros. Y ese pensamiento que transmiten es por necesidad banal, porque quienes financian los medios masivos son avisadores, sólo interesados en captar la atención a toda costa, para publicitar sus productos.

De más está decir que los libros resultaron demasiado trabajosos para los menores de hoy, y de hace 30 a 40 años también. Las aficiones durante la infancia ‑tenues al comienzo‑, los experimentos caseros con alambres, fierros, motorcitos, radios, bichos, animalitos, plantas, etc., quedaron para otra etapa del desarrollo, si es que no desaparecieron del todo. La posibilidad de profundizar y desarrollar este tipo de aficiones se pierde hoy en la bulla de la educación escolar tradicional (¡basta recordar que el anterior Ministro de Educación propalaba a los cuatro vientos que la educación debe ser inglés y computación!). Los niños pasan gran parte de su tiempo libre en casa mirando TV.

Cuando se lee, la mente trabaja. Las personas que miran TV pierden esa afición y, además, abandonan sus capacidades de crítica y raciocinio, traspasándose éstas a los directores de programación. Y no disimulo mi desazón con ese medio, que creo con dificultad se le puede encontrar un solo beneficio, y sinceramente creo que la única "norma" de la TV que valdría la pena implantar, precisamente por el deterioro mental que ha creado y sigue creando, además del sobreendeudamiento por consumo banal, americanización de nuestros estilos de vida (o mejor aún, “californicación de Chile”, término acuñado por Roberto Matta), sería volver al sistema blanco y negro (para horror de publicistas y “retailers”). Obviamente, me refiero a la TV abierta o “gratuita”, que tampoco es gratuita, porque se financia con publicidad, la que efectivamente funciona haciendo que los televidentes, a final de cuentas, la paguen con su consumo. A esto tendría que agregar una sospecha seria que tengo: en buena medida, los altos índices de déficit atencional e hiperkinesis que se detectan en nuestra juventud también son aprendidos mirando desde muy pequeños esa pantalla que siempre se mueve y siempre se interrumpe en el momento menos pensado. Mirar TV es una actividad totalmente pasiva, no hay posibilidad alguna de una construcción mental, y menos aún de una reflexión. Hay sólo una percepción pasiva de acciones y situaciones, sin intervención alguna del sujeto, excepto, claro está, sentimientos afectivos de agrado o desagrado, deseo o rechazo. A lo más, se "sienten" cosas y la mente se “entretiene” con contenidos hechos a propósito para tener la mente ocupada en “entretenerse”, el mejor amigo de la flojera mental y la adquisición de conocimiento. El leer, en cambio, es una actividad enteramente constructiva. Hay que imaginarse cada palabra, cada frase, para entender lo que se lee. La TV ha trastocado los hábitos de tal forma que creo no exagerar al afirmar que es ese medio precisamente el primer y mayor impedimento al desarrollo integral de los ciudadanos que hacen el país.

No sin razón el Presidente Jorge Alessandri se oponía tenazmente a la introducción de la TV a color. El color en sí es un atributo que aumenta impresionantemente su persuasión, aunque no afecta para nada su contenido.

El presente esfuerzo de cambio a TV digital u otro sistema más moderno con mayor definición y más opciones, en discusión en este momento, será otro paso certero hacia el deterioro de la cultura, la intelectualidad y, por cierto, la comprensión de la lectura, de la edad del conocimiento de la inventiva y de la muy necesaria capacidad de innovación.


Fuente: Crítica.cl

viernes, mayo 09, 2008



TELEVISIÓN: de la información a la desinformación


Una nueva censura

El principio de base de la censura moderna consiste en inundar las informaciones esenciales con un diluvio de noticias insignificantes difundidas por una multitud de medios de comunicación social con contenidos similares. Esto permite a la nueva censura de tener todas las apariencias de la pluralidad y de la democracia.

Esta estrategia del entretenimiento y distracción se aplica en primer lugar a los noticieros televisados, principal fuente de información pública.

De la información a la desinformación...

Desde el inicio de los años 90, los noticieros televisados no contienen casi información. Se siguen llamando "Noticieros televisados" lo que debería en realidad llamarse "magazines o revistas".

Un noticiero contiene de promedio máximo 2 a 3 minutos de información. El resto esta constituido de reportajes anecdóticos, de hechos diversos, de micro-sondeos en la calle y de reality-shows sobre la vida cotidiana.

...y una censura sin censores

Toda la sutilidad de la censura moderna reside en la ausencia de censores. Estos han sido eficazmente reemplazados por la "Ley del Mercado" y la "Ley de la Audiencia (rating)". Por el simple juego de condiciones económicas hábilmente creadas, los canales televisivos ya no disponen de más medios financieros para realizar investigaciones verdaderamente periodísticas, sin embargo al mismo tiempo, el reality-show y los micro-sondeos de calle arrastran más audiencia a un costo mucho más reducido.

Mismo los acontecimientos importantes son tratados bajo el ángulo de "revista", por la esquina del ojo. Así, una cumbre internacional dará lugar a una entrevista del jefe que organizo el "plato", a imágenes de limusinas oficiales y los saludos delante de un edificio, pero ninguna información, ningún análisis a propósito de los temas discutidos por los jefes de Estados. Asimismo, un atentado será tratado por micro-sondeos en la calle sobre los lugares del drama, con las impresiones y testimonios de los pasantes, o la entrevista a un rescatista o un policía.

A estas insignificancias se añade el deporte, los hechos diversos, los reportajes pintorescos sobre los pueblos de la Francia profunda (o de cualquier otro país), sin olvidar las publicidades disfrazadas por productos culturales haciendo el objeto de una campaña (espectáculos, películas, libros, discos...).

Información desestructurada para una memorización mínima

Todos los sicólogos y especialistas de las neurociencias saben que la memorización de la información por parte del cerebro se hace de mejor forma en función a la forma estructurada y jerarquizada en que es presentada la información.

La estructuración y la jerarquización de la información son también principios de base enseñados a todos los estudiantes de periodismo.

Sin embargo desde hace 10 años, los noticieros televisados hacen exactamente todo lo contrario, encadenando en el desorden temas heteróclitos y de importancia desigual (un hecho diverso, un poco de política, deportes, un tema social, un otro hecho diverso, luego de nuevo política, etc.), como si el objetivo buscado fuera obtener la peor memorización posible de las informaciones para el público. Una población amnésica es de hecho más fácil para manipular...


Fuente: SYTI

TV REALIDAD: Una Prensa Diferente